MORIR…DORMIR…VIVIR… ¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?
Las actitudes de la muerte en el pentecostalismo criollo chileno
(1909- 1936)1
TO DIE … TO SLEEP … TO LIVE … WHICH IS THE DIFFERENCE?
The attitudes of the death in the Creole Chilean pentecostalismo (1909-1936)
Miguel Ángel Mansilla Agüero2
Resumen
Las actitudes de la muerte en el pentecostalismo chileno, como sistema religioso, constituyen un fenómeno ubicuo, que se aborda tanto de manera directa como de manera indirecta. Esta última forma generalmente se establece, a través de metáforas como el sueño, el viaje o las metas, donde al final del trayecto lo que recompensa todo es la consecución de la corona. Sin embargo, no todas las muertes que se presentan son iguales, existen variados tipos, que van desde la muerte trágica hasta la inesperada.
Palabras claves: muerte, sepultura, metáfora, matanzas, pentecostalismo
Abstract
The attitudes of the death in the Chilean pentecostalismo like religious system it is an ubiquitous phenomenon that is present in everything the statements and testimonies pentecostales, sometimes it is approached directly and others, across metaphors as the dream, trip or goal; where one expects to be a tonsured priest. Nevertheless not all the deaths are equal, there are tragic deaths as the death of a leader or the unexpected ones.
Key word: Death, sepulcher, metaphor, slaughters, pentecostalism
En Chile la muerte ha sido un fenómeno notorio. En el siglo XIX, Chile se describe como “una tierra de guerra” (Góngora 2003; Vitales 2000) y masacre mapuche (Bengoa 2000); tierra de matanzas obreras. La muerte tiene sus ritos fúnebres propios, siendo influenciada geográficamente (León 1999); histórico (Barros Arana1991); cultural (Van Kessel 1999); y social. Los ritos funerarios y las prácticas de duelo, que siguen a aquellos, se concentran alrededor de este deseo paradójico de mantener los lazos afectivos frente a la muerte y de romper todo lazo de manera inmediata y definitiva, para asegurar el dominio de la voluntad de vivir sobre la tendencia a la desesperación (Malinowski 1974).
Aunque las ritualidades, símbolos y representaciones de la muerte son variables y distintas pero los sentimientos y las actitudes son similares: en casi todas las culturas los espacios porsmorten son similares, generalmente dos: espacio de premio y de castigo. Tanto en los sentimientos como en los espacios postmortuorios, siendo similares lo que cambia son los nombres y los símbolos por los cuales se le representan. Así la muerte como conciencia es un fenómeno universal, por ello se pueden encontrar expresiones similares entre los filósofos griegos y los testimonios pentecostales; sin embargo siendo la muerte simbolizada culturalmente, cambian las actitudes, los símbolos y mitos.
Las investigaciones que han estudiado la muerte en Chile, se han centrado en la ritualidad mortuoria y del cadáver. Se interesan, principalmente, en las ritualidades, prácticas y vivencias sobre el duelo, pero no abordan las imágenes y símbolos con la cual se representa social y culturalmente la muerte, tampoco se abordan los espacios simbólicos, en donde, estos grupos señalan que se dirigen los muertos. Como dice Hertz (1999), no todo acaba con la muerte.
El pentecostalismo chileno, como sistema religioso, no ha sido indiferente a la muerte. Ha construido actitudes particulares con relación al catolicismo, como religión mayoritaria, sobre la muerte. Este trabajo se concentra en la Revista Fuego de Pentecostés (RFP) hasta 1936, hasta esa fecha el pentecostalismo presentó una doble diferenciación con respecto a la muerte: una diferenciación externa con respecto del catolicismo; indiferenciación interna, es decir, todos los muertos pentecostales son iguales.
Esta diferenciación e indiferenciación, forman parte del objetivo de este trabajo, el cual básicamente consiste en describir las actitudes de la muerte del pentecostalismo criollo chileno, entre los años 1909 al 1936. El año 1909 es el nacimiento del pentecostalismo chileno y 1936 es el tiempo en el que se extiende la indiferenciación interna de la muerte, es decir, todavía no aparecen los muertos ilustres. Por lo cual proponemos la siguiente hipótesis:
El naciente pentecostalismo, ante los altos índices de mortalidad infantil, el bajo promedio de vida masculina y la presencia de enfermedades y pestes, propias de los sectores populares, se preocupó por difundir una actitud oficial de la muerte, representada en distintas metáforas de vidas, entre las que destacan las referidas a las muertes inesperadas, las cuales se presentaban como posible causa de mayor premio en la eternidad.
1. Muertes Piaculiares
Durkheim (1992: 363) señala que la muerte existen fiestas tristes que tienen por objeto o encarar una calamidad o, simplemente, recordarla y deplorarla. En ese sentido lo piacular tiene que ver con aquellos ritos que se celebran con aquellos sentimientos profundos de tristeza y dolor. Si bien la muerte es un fenómeno natural y para el pentecostalismo un acontecimiento esperado, por lo que se ejercitaban para la muerte como los filósofos socráticos (Platón 2006: 25), no dejan de existir muertes infaustas y ominosas para el grupo. Estas pueden ser la muerte, una tras otra, de una familia producto de una enfermedad o la muerte precoz de un líder:
El día 23 de diciembre de 1927, falleció la hija de veinte años, de nuestro hermano y pastor de Curicó, y doce días después, muere su esposa, la hermana Victoria Apablaza, a la edad de cincuenta años; las dos mueren de tuberculosis. Desde que partió la hija, la madre hizo cama y no volvió a levantarse. Compartimos con nuestro hermano Riquelme en su gran dolor que sólo el Señor le puede mitigar (RFP N°4. Abril 1928: 6)3.
En la primera mitad del siglo XX, en Chile, la mortalidad por TBC osciló entre 220 y 250 por 100.000 habitantes, representando alrededor de un 10% de las muertes. En la década del 50 se produjo una caída espectacular, debido a la introducción de la quimioterapia, mientras que en los últimos años, la mortalidad cayó hasta cifras inferiores a 5 por 100.000. Como las enfermedades también son fenómenos socioculturales, esta enfermedad atacaba más a los pobres, especialmente a aquellos, cuyos mecanismos defensivos celulares estaban deprimidos a causa de la desnutrición o el alcoholismo, fenómenos muy frecuentes en Chile, en esa época4.
En Santiago, a las 7 de la mañana del 20 de marzo de 1931, descansó en el Señor la hermana Perpetua Ortiz de Pavez, esposa del Pastor Víctor Pavéz …con una larga y penosa enfermedad, hasta que el Señor le dijo: Basta hija: entra al gozo de tu Señor. Al esposo y los cinco hijos que lamentan su partida les acompañamos en el dolor de tal separación consolándolos al mismo tiempo con la dulce verdad de que es solamente por “un poquito de tiempo” esta separación, y entonces vendrá la gloriosa reunión, “y así estaremos siempre con el Señor”…Los funerales se efectuaron el domingo 22. Se suprimió la escuela dominical y desfilaron desde la iglesia de Sargento Aldea hasta el cementerio, formando un cortejo de varias cuadras de extensión. Los niños fueron adelante, seguidos por las hermanas, y después los hombres, y al final el coche con la familia y otros más un grupo de San Bernardo vino a acompañarlos. La iglesia de Jotabeche, en acto de simpatía se unió al cortejo…por todo el camino se iba cantando y dando mensajes de las Escrituras a los espectadores que se aglomeraban a lo largo del camino, así se hacía entender al publico el espíritu que anima a los hijos de Dios ( RFP. N° 39. Marzo de1931: 3).
Los ritos de duelo van a depender del valor social del individuo, en este caso es la esposa del pastor -Patriarca-, por ello se expresan alegres danzas, cantos y representaciones dramáticas. De esta forma, una desgracia común tiene los mismos efectos que la cercanía de un acontecimiento feliz; aviva los sentimientos colectivos que, a su vez, llevan a que los individuos se busquen y se aproximen. Una familia que tolere, que uno de los suyos pueda morir sin que se le llore, testimonia una falta de unidad moral y de cohesión: abdica, renuncia a su ser (Durkheim 1992: 372). El dolor une más al grupo que la felicidad.
Así, mientras la muerte de un jefe o de un hombre investido de alta dignidad, a quienes se ama o de quienes se depende material o moralmente, instaura un verdadero pánico y una angustia general en el grupo (Lepp 1967:66); la muerte de un niño pasa casi desapercibida, sin provocar mayor emoción y humildes ritos (Hertz 1999: 88). Por ello la muerte de un dignatario, sorpresiva o trágica en el pentecostalismo no esta distinta de otros grupos. Es muy dolorosa para el grupo, lo que cambia son los recursos de lo que disponen los pentecostales para el consuelo. Entre las funciones específicas para la religión encontramos el control del caos y el dominio de la contingencia (Berger 2006); y la entrega de sentido como el consuelo (Habermas ).
2. La muerte como sueño
El pentecostalismo toma la idea primigenia del cristianismo, considerando el cementerio como un dormitorio. Esta concepción nace de la consideración de que los muertos van a dormir al cementerio hasta el momento de la resurrección. De ahí nace la expresión “que en paz descanse” (Q.E.P.D). Esta idea queda impresa en la Biblia y es tomada desde la cultura griega, en donde encontramos ideas como: “Y cuando el alma y la vida le abandonen, ordena a la Muerte (Thanatos) y al dulce Sueño (Hypnos) que lo lleven a la vasta Licia, para que sus hermanos y amigos le hagan exequias y le erijan un túmulo y un cipo, que tales son los honores debidos a los muertos” (Diez de Velasco 2004: 15).
María Cariman, murió el 24 de mayo de 1928. Era muy fiel, constante en asistencia…en una ocasión ésta fue atropellada por un tren y perdió una parte de un pie. Estuvo en el hospital, donde conversaba de su Señor, dejando buen testimonio…hizo pocos días de cama, y durmió con el Señor ( RFP. N° 8. Agosto de1928:11).
La concepción de la muerte como sueño, no obedece a la idea de letargo, sino de descanso. Quien muere, va a otra vida, un asueto; por ello también se entiende esto como La Vida. Sin embargo, aunque se vaya a este lugar de “eternas vacaciones”, de igual manera se genera lamento y dolor por la separación.
En Santiago, el 20 de marzo de 1931, descansó con el Señor la hermana Perpetua Ortiz…en su larga y penosa enfermedad, hasta que el Señor le dijo: Basta, hija: entra en el gozo de tu Señor. Al esposo y los cinco hijos que lamentan su partida les acompañamos en el dolor de tal separación, consolándolos al mismo tiempo con la dulce verdad de que es solamente por un “poco, un poquito de tiempo” esta separación, y entonces vendrá la gloriosa reunión, “y así estaremos para siempre con el Señor (RFP. N° 39. Marzo de1931: 2).
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El viaje al lugar de descanso, también se puede entender como un retorno a la tierra madre, la muerte se entiende como un viaje de reanudación a la matriz, ya sea como muerte simbólica o muerte real; el cementerio es la estadía del cuerpo en un hall a una mejor vida, mientras el alma está en el país de los libres, en la eterna felicidad.
El 25 de abril del presente año (1933) durmió con el Señor la hermana Laura Díaz…el Señor que ya la ha coronado, consuele su esposo (RFP. N° 56. Mayo de1933: 4)
Siempre fue un colaborador leal a Dios y a su Pastor en todos los puestos en lo que actuó fue escalándolos periódicamente hasta llegar al gran puesto que Jesús compró con su sangre, pues en una tarde de abril durmió en el Señor, salvo en sus tiernos brazos (RFP. N° 58. Julio de1933: 6).
La esperanza de encontrar en una vida, mejor que la terrenal, divinidades justas, buenas y amigables a los hombres, basta para obligar al pentecostal a mirar la muerte con una sonrisa en los labios. La vida es una escalera de ascenso a la muerte: la muerte es la meta suprema de la vida.
Fiel hasta el último instante de su vida, este querido hermano trabajó por dar a conocer a Aquel que lo salvó. El 31 de julio fue llamado a la presencia de su Salvador, descansando de una aflictiva enfermedad. Hoy está con el Señor, allí donde no hay más dolor…bienaventurado los muertos que de aquí en adelante mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, que descansarán de sus trabajos, porque sus obras siguen con ellos (RFP.N° 59. Agosto de 1933: 8).
El dormir significa descansar de la vida. ¿Quién sabe si la vida no es realmente la muerte y la muerte a su vez no sea la vida, para el pentecostal de esta época? La enfermedad, el dolor y las malas condiciones del trabajo, son variables que llevan a considerar a la muerte un mejor estado que la vida “bajo estas condiciones mejor le estaría estar muerto que vivir, pero como no pueden adelantar tal beneficio por sí mismos, tienen que esperar las condiciones bienhechoras” (Cassirer 2003: 63).
El 10 de Julio (1936), después de una grave enfermedad, el joven Manuel López…descansó en esa esperanza y plugó a Dios llevarlo a su presencia para aumentar el número de los redimidos por la Sangre de su Hijo (RFP. Agosto De 1933: 11).
La muerte es el tiempo de la libertad, porque ya no existirá dolor ni enfermedad, el cielo resulta ser el espacio del ocio eterno donde todos quieren ir, pero no se va cuando se quiere, sino cuando se es llamado. Antes de ser llamado hay indicios, como lo son las largas enfermedades, donde el enfermo anhela descansar, estos momentos sirven, a la vez , para una preparación psicológica de la ausencia para la familia, en especial del hombre que es padre y esposo, sobretodo en aquella época donde el hombre era el único proveedor del hogar.
El 4 de abril durmió en el Señor el hermano Rosamel Plaza, después de una rápida enfermedad…el Señor consuele el corazón de su esposa e hijas en esta dura prueba (RFP. N ° 67. Abril de 1934:8).
En esta época en Chile, las expectativas de vida al nacer en el año en el año 1920 eran de 21 años; en 1940 era de 42 años; y en 1950 era de 49 años y los más afectados eran los hombres por las condiciones del trabajo, por lo cual la muerte no podría ser considerada menos que un descanso.
El 29 de abril, en Río Bueno, durmió en el Señor el amado hermano Juan Moya, después de una corta enfermedad…deja una esposa y tres hijos pequeños, por los cuales rogamos al Señor les de consolación y les enviamos nuestras condolencias y simpatías (RFP. N° 68. Mayo de 1934:8).
El dolor y el cansancio de la vida generan la idea de concebir la muerte con el dormir, un estado de preconciencia que se transformará en conciencia con el milenio preconizado por el pentecostalismo. De esta manera el consuelo es la principal oferta de sentido del pentecostalismo. Este consuelo se genera como producto de la promesa de las satisfacciones diferidas existente en el cielo. Por lo tanto el consuelo se produce por esta promesa para los muertos y el apoyo comunitario como recursos solidario para los dolientes.
Podemos apreciar esta voz divina que consuela nuestra fe, en medio de la tristeza y el dolor que produce la partida de seres queridos, como los son estos recordados hermanos que han dormido en el Señor…eran abnegados obreros unos, fieles servidores otros y buenos cristianos todos, sus nombres están escritos en el Libro de la Vida y nos queda la esperanza consoladora que un día no lejano nos reuniremos con ellos en el cielo (RFP. N° 71. Agosto de 1934: 8).
Otro recurso fundamental de la oferta pentecostal es la esperanza. La esperanza de un mundo mejor y de una vida mejor permite a las personas querer morir más que el vivir en las condiciones terribles de la vida marcado por la explotación y la opresión.
Durmió en el Señor el hermano Luis Contreras. Muchas moradas hay en la mansión de Dios para los redimidos por la sangre de Cristo. Es el hogar de Cristo. El hogar de la fe. Esta dulce esperanza fue la que tuvo el hermano Luis, en la larga prueba de su enfermedad…vivió amando la Palabra de Vida, durmió para despertar en el Hogar del cordero (RFP. N° 92. Mayo de 1936:10).
El cielo es el lugar de las mansiones celestiales, es un lugar donde deben anhelar ir los “sin casas”, especialmente los que vivían en cités y conventillos. Los conventillos eran viviendas colectivas instaladas en casas unifamiliares adaptadas para tal fin, generalmente en mal estado o construcciones levantadas o habilitadas precariamente. Su característica principal, era que cada familia disponía de una pieza que daba a un pasillo o a un patio común en el que ocasionalmente existía una fuente de agua y un servicio higiénico colectivo. El conventillo fue un espacio arquitectónico netamente urbano y popular, que permitió, en parte, racionalizar el crecimiento demográfico de la ciudad y enriquecer a sus dueños (Urbina 2002).
El 17 de enero de 1934 durmió con el Señor la hermana Tegualda de Rojas. Soportó resignadamente una larga enfermedad que puso a prueba su fe cristiana, permaneciendo fiel en la salvación que Cristo dio a su vida con lo cual nos dejó un precioso testimonio de fidelidad. Su último pedido fue que hiciéramos una vigilia en su casa y allí en medio de las alabanzas fue llamada a mejor vida (RFP. N° 88. Enero de 1935:12).
Aquí encontramos una concepción de la “muerte amaestrada”, tal como la expuesta por Aries (1982). Esto implica que la espera de la muerte es en la cama, con una aceptación y simplicidad que se manifiesta en los ritos mortuorios de formas ceremoniosas y litúrgicas, pero sin dramatismo ni exceso de gestos emotivos. Esto implica una austeridad, una cierta ascesis ante la muerte, entendida como algo familiar, cercano y atenuado. La muerte es aquí una ceremonia pública, que es organizada por el propio agonizante, quien la preside y conoce sus ritos. La habitación de la casa donde reside el enfermo, se convierte en un espacio público, la gente entra y sale libremente. Los parientes y amigos se hallan presentes y también los niños son participes de tal emotivo acto, donde dichos sujetos se convierten en verdaderos centinelas de su propia tumba.
El 10 de diciembre durmió con el Señor nuestro hermano Abraham Gómez, después de resistir con resignación cristiana su enfermedad. Durante su postración recibió muchas visitas de hermanos que iban para consolarle en su dolor, pero ellos salían fortalecidos por sus ardientes palabras de gracias en el Espíritu de Señor que colocaba en este fiel atalaya…que Dios consuele a sus deudos queridos, su esposa y sus cinco hijos, a quienes enviamos nuestra sincera condolencia y simpatía en la dura prueba (RFP N° 64. Enero de 1934.8).
La resignación es la prueba de valor que debe manifestar el creyente, soportando con paciencia los males de esta vida y considerar que es una cobardía abandonar el puesto que le ha cabido en su suerte. No sólo la muerte es destino del ser, sino también la enfermedad y por tanto hay que soportar la enfermedad como un hado ineluctable de la voluntad divina para llevarse al creyente al espacio prometido.
3. Muerte como Viaje
En esta época se esperaba la muerte, no sólo con resignación sino también con expectativa vigilando su llegada. Esta vigilancia de la muerte, como señala Derida (2006:27), es un desvelo que vela sobre la muerte, una conciencia que mira a la muerte cara a cara, es otro nombre de la libertad. En esta libertad está el viaje, sabiendo que es un viaje sin retorno que lleva a los Campos Eliseo por las características morales de la vida que se ha vivido en la tierra.
El 13 de enero fue llamado por el Señor, el hermano Eulogio Seguel. Su partida ha sido muy sentida por su familia como por los hermanos, que durante años vivimos unidos trabajando en la obra del Señor. Deja una esposa y numerosos hijos que hemos encomendados a Dios, Padre de huérfanos y viudas. ¡Que su paz sea con ellos!...pocos días después experimentamos otra pérdida la del hermano Pedro Calvanca, también llamado a la presencia de Dios. Nuestro buen Dios consuele a su familia… esta prueba que ha venido a nuestra grey nos sirva para que despertemos a un mejor servicio al Señor para que a su llamado nos encuentre fieles trabajando en su Viña (RFP.N° 67. Abril de 1934:8).
Dios es el que llama a los hombres a un viaje inretorno. El hombre pentecostal es la “cabeza del hogar” y el “proveedor del hogar”, por lo tanto el llamado de la muerte al hombre implica un “hogar descabezado y desprovisto” frente a ello la promesa es presentar a “Dios como Padre de huérfanos y esposo de viudas”, es decir protección, seguridad, defensa y provisión. Es el inicio del determinismo providencialista, presente el discurso pentecostal en todo el siglo XX. Frente a este llamado eterno éxodo es necesario prepararse para el milenio individual y social.
El 25 de julio dejó este mundo para estar con el Señor, el hermano Gumersindo Romero…fiel a la consigna de confiar siempre en Jesús, vivió la vida de fe y al término de ella pudo exclamar como el apóstol Pablo: ¿Dónde está, Oh muerte, tu aguijón?, ¿dónde, Oh sepulcro tu victoria?. Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, daba gracias a Dios, que le había dado la victoria por el Señor nuestro Jesucristo. ¡Era su Salvador (RFP. N° 83. Agosto de 1935:12).
Se personifica la muerte, es decir la utilización en donde se personifican a la muerte dándole cualidades humana a la muerte. La muerte es presentada como un animal que tiene un aguijón en cuyas coses posee veneno y el sepulcro tiene un poder abismante en que siempre gana, pero Jesús es presentado como redentor. Por ello la muerte es presentada como la victoria sobre la vida.
El 23 de agosto, fue llamado nuestro antiguo hermano Juan Illanes…en el mes de julio le acompañamos en el dolor que experimentó con la pérdida de su querida esposa y ahora le correspondió a él partir para la mansión celestial, donde estará participando en el gozo de los redimidos por la Sangre del Cordero (RFP. N° 72. Septiembre de 1934: 12).
La muerte adquiere una realidad ambigua: es alegría/dolor; partida/llegada; viaje/meta; ausencia/presencia; etc. Es alegría por la partida y el viaje a la presencia eterna del tiempo primigenio y el espacio mítico, al lado de Dios en donde es el acceso a una “mansión celestial” como una satisfacción diferida ante la ausencia de vivienda en la tierra. La vivienda es otra promesa del pentecostalismo.
Han partido a la mansión celestial los siguientes redimidos por la Sangre del Cordero de Dios (RFP. N° 73. Octubre de 1934: 8).
Fue llamada para estar con el Señor nuestra querida hermana Zunilda Ceferina Erazo esta antigua luchadora cristiana partió para la mansión celestial…el 2 de enero durmió en el Señor la hermana Dominga de Gaete…conoció su fin estando en oración con varios hermanos y horas después descansó segura en los brazos de Jesús…el 8 de enero pasó a estar con el señor la hermana María de Espíndola, descansó fiel en la fe de su salvador (RFP. N° 77. Febrero de 1935:12).
El viaje, como cualquier largo viaje, genera dolor y sentimiento de pérdida. Es un viaje en el que se quiere ir y se está destinado a ir (abajo o arriba), dependiendo de la elección hecha en vida. Se le considera un don, puesto que el hombre muere asumiendo la responsabilidad de su propia muerte (Derrida 2006:22). En este caso la persona que viaja es una guerrera que lucha por la “causa prosélita” del pentecostalismo. Como mujer de guerra su muerte ideal era “morir en el campo de batalla de la evangelización” luchando por la causa pentecostal.
Julio Carrasco: las legiones de los redimidos han sido aumentadas. El día 4 de agosto, el Señor pasó lista llamando el joven…en la noche del 3 de agosto él exhortaba a sus hermanos a prepararse con mayor consagración, pues, el Señor está a las puertas. Yo, decía el hermano carrasco, estoy listo, y el Señor puede llamarme cuando sea su santa voluntad. Palabras proféticas, por cuanto al día siguiente a las 5 de la tarde entregaba su alma al Autor y Consumador de nuestra vida (RFP. N° 95. Agosto de 1936:12).
Los que predicaban en el mundo pentecostal, en esta época, ya estaban moribundos, puesto que continuamente se les formaba y ejercitaba en el morir, por ello eran personas a quienes no les resultaba difícil morir (Platón 2006:25).
4. La muerte como coronación
La vida se ve como una constante lucha, conflicto y batalla, entre lo corporal y lo espiritual, entre la antigua y la nueva vida. Por lo tanto, la muerte es una salida permanente de la tierra y una entrada a la nueva vida, donde se encuentra la inmortalidad que constituye la liberación del cuerpo. La muerte no sólo es entendida como hermana del sueño y final de la jornada, sino como el lugar de la antorcha encendida y del laureo, aquí no hay lugar para lo terrible y lo trágico, no hay espacio para la guadaña, sino para el galardón (Tamayo 1992:225), así el pentecostal espera la muerte como condecoración a un “héroe andrajoso”.
El 23 de octubre último, terminó su carrera este aguerrido luchador cristiano. Durante veinte años vivió sembrando la buena simiente por las plazas, por las calles de la ciudad, por los caminos y por los vallados, sin cesar, hasta que el viernes fue llamado a lista en los cielos y por cierto, él que no había no había faltado nunca a los puestos de combate y de peligros en este mundo, tampoco podía faltar al llamado del Ángel, para que recibiera la corona, en la mansión celestial…!oh, que brillen allí como estrellas de luz. Redimidos que Cristo guíe!. Cuando allá la corona me entregue Jesús la corona que Cristo me de. Fiel obrero, leal voluntario, decidido cristiano, llenó todos sus deberes con dignidad, con abnegación. No tuvo un minuto de vacilación. Llamado a la luz en los instantes que la Segunda Iglesia Pentecostal necesitaba testigos valientes par ala extensión del Evangelio; respondió ampliamente. Fue varón prudente que edificó su casa sobre la roca, por eso también, no hubo tempestad, tribulación, persecución, hambre, nada que lo moviera de Cristo Jesús…fue un oasis en medio de tanta maldad que palpamos, de tantos cristianos falsos, desleales, sin fe, que vagan y vegetan aún en las tinieblas. Sus funerales dieron motivo a que la Iglesia demostrara un reconocimiento sincero a su labor. Una numerosa concurrencia entregó su cuerpo a la tierra, cuando su espíritu ya esta en la mansión del Cordero (RFP. N° 61. Octubre de1933: 5).
La memoria frente al moribundo aparecen varias metáforas: atleta; soldado; agricultor; y obrero. Dentro de estas cuatro metáforas el más significativa es la metáfora del agricultor, un sembrador que siembra en derredor de los suburbios de las ciudades buscando aquellos “corazones sitio eriazos” para cultivar la causa pentecostal. Un obrero que edifica su casa- vida en el fundamento pentecostal, por ello ninguna experiencia tempestiva deriva la vida del pentecostal.
Otra metáfora que aparece es vida- oasis, un hombre- vergel que en medio de una sociedad desértica y mala sacrifica su vida para la causa pentecostal5. Este muerto ilustre es un héroe que ha luchado con la miseria de la vida; un soldado que espera que le reciban en las “plazas eternas” con los aromas, vitoreo y la corona áurea para su cabeza.
¡Señor lo llevaste a tu preciosa morada y hoy se encuentra a tu lado, victorioso y feliz; con vestidos muy blancos y cabeza adornadas de perlas preciosas, de escogido matiz. ¡Señor, lo llevaste porque tiempo ya era que cesaran sus días de constante luchar; y también era justo que su larga carrera terminara de pronto y se fuera a gozar. Y a pesar que sabemos que se encuentra a tu lado, en nosotros se alberga un profundo dolor; ¡Cuánto hemos sentido! ¡Cuánto hemos llorado!, ¡al que fue nuestro amigo y amante Pastor (RFP. N° 93. Junio de 1936:9).
Morada, victoria, felicidad, vestidos blancos y adornos con perlas preciosas son los premios de una vida dolorosa, que transformó la vida en una larga carrera. Producto que la muerte es premiación y coronación, se constituye en una ganancia, por ello es natural que un hombre que ha pasado su vida entregado a la predicación se muestre animoso cuando está en trance de morir, y tenga la esperanza de que en el otro mundo va a conseguir los mayores bienes, una vez que acabe sus días (Platón 2006).
¡Que lugar más hermoso es el cielo!
El sitio donde Cristo está; allí veremos
Su rostro y llevaremos su nombre escrito en nuestras frentes
En su presencia tendremos plenitud de gozo;
Nadie sentirá allí el hambre ni sed;
El dolor habrá desaparecido para siempre,
Y Dios hará secar todas las lágrimas de nuestros ojos
Hay muchos que, por la gracia de Dios,
Saben que van a estar allí, y aún ahora están deseando ir allá
Para ver el rostro de aquel Salvador vivo que murió por ellos
Bien podemos exclamar
¡oh, que hogar, que dulce hogar!
Cristo, en su amor, nos llevará
Para habitar la Gran Mansión
Que preparando está
Más ni la falta del dolor
Ni la presencia de la paz
Podremos comparar con ver
¡Señor Jesús! Tú faz.
Haga Dios que todos los que leen estas líneas
Se encuentren con nosotros en aquel
Hogar, y que juntos allí cantemos alabanzas a
Jesús durante el día eterno sin cesar,
Pues que sólo por Él podemos
Llegar al hogar feliz.
(RFP. N° 93. Junio de 1936:4).
La mayor coronación y premiación para un grupo de personas pobres, habituadas al hambre, el desempleo, la miseria, las enfermedades y el hacinamiento, es el cielo prometido como mansión, en donde no habrá más hambre, dolor, ni lágrimas, sólo felicidad y cada uno tendrá su casa que nunca tuvo en la tierra; no habrá preocupación por los alimentos; ni habrá más enfermedad. Frente a tales satisfacciones diferidas la muerte deja de ser terrible y se transforma en libertad y vida, donde no sólo es bueno ir, sino que además hay que anhelar y luchar por ir.
No tenemos miedo al ver el crepúsculo vespertino aunque sabemos que lo seguirá una noche obscura sin luz de luna ni estrella. Descansamos de nuestros trabajos y con fe esperamos el amanecer de otro día. Así el crepúsculo de la vida, no hay temor para que sepan que amanecerán en la Gloria, pueden cantar: “ Y cruzaré la noche, lóbrega sin temor, hasta que venga el día de perennal fulgor. ¡Cuán placentero entonces con Él será morar, y en las mansiones de gloria con mi Jesús reinar!. Salvo en los tiernos brazos de mi Jesús seré; y en su amoroso pecho siempre reposaré. (RFP. N° 95. Agosto de 1936: 7).
La vida del más acá es considerada como “noches oscuras sin luz ni estrella”, es una “vida de trabajo”y “noches lóbregas”, mientras que la muerte es una vida de descanso, de amanecer, glorias, de cantos y perenal fulgor. Es una vida en la que se disfruta en mansiones gloriosas y de reposos eternos.
Conclusión
La muerte para los pentecostales es un fenómeno muy significativo, porque es “vida eterna”, “conciencia”, “libertad”, “premiación”, “coronación” y “meta suprema”. Sin embargo, a pesar de su importancia, la muerte no es un fenómeno inmortalizado en obras monumentales y arquitectónicas, incluso ni siquiera el cementerio es un espacio significativo. Lo único importante es la memoria oral y escritural, a través de estos métodos se construyen poesías, acrósticos, canciones lúgubres, poemas, “odas a la muerte” y “antologías de la muerte” como memoria de un pasado épico, producto de la muerte social y simbólica que sufrieron en Chile a consecuencia del estigma de ser pentecostales.
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1 Una versión preliminar de este artículo fue presentado en el Simposio de Antropología Histórica del VI Congreso Chileno de Antropología, el que se realizó entre los días 13 y 17 de noviembre de 2007 en Valdivia, Chile
2 Sociólogo. Magíster en Ciencias Sociales. Doctorando en Antropología (Universidad de Tarapacá de Arica y Universidad Católica del Norte de Antofagasta).
3 RFP, significa Revista Fuego Pentecostés. Desde ahora en adelante sólo utilizaremos las abreviaciones.
4 Hasta 1934 la situación sobre el alcohol no se modificó en lo más mínimo, y por el contrario, las elecciones siguieron siendo motivo de crítica por el hecho de que al participar de ellas, el común de los votantes lo hacía en estado de ebriedad, o al menos bajo la promesa de poder embriagarse tras haber sufragado a favor de tal o cual candidato. El alcohol era, entonces, el más terrible enemigo de nuestra educación cívica de la masa ciudadana: de entre los degenerados por el licor sale el ejército de ciudadanos venales que decide nuestras contiendas políticas y encumbra al poder, no a los más aptos, sino a aquellos que van a defender intereses creados y que para ello pueden hacer fuertes desembolsos. Pero, junto a estos grandes intereses económicos, los que efectivamente ejercían el poder electoral, la convocatoria, la reunión, la suma de electores, eran los taberneros, que por medio de múltiples tácticas podían contar con un "mercado electoral" que ponían a disposición de quienes pudieran pagar mejor por él. Según sus palabras, no había casi parlamentario que no se preocupase, antes de su elección, si contaba o no con el apoyo de alguna parte del gremio de cantineros de su distrito, pues estos controlaban grupos de votantes a través de su conocimiento simpático de estos (por ser la taberna el club del obrero), o por las deudas que amarraban a los trabajadores con los dueños de expendios, que vendían al fiado, actuaban como casas de empeño y prometían condonaciones o aplazamientos de estas deudas en recompensa por un determinado comportamiento electoral. Asimismo, y dadas las influencias y capitales que manejaban, los cantineros se habían convertido en los principales prestamistas de los pequeños almacenes de las localidades menores, asegurando de ese modo un nuevo conjunto de electores. A cambio de estos servicios, los elegidos se comprometían a no fiscalizar el cumplimiento de las ordenanzas y leyes que limitaban a las tabernas. Fernández ( 2006: 369- 429).
5 Esta misma concepción la vemos en la cultura griega, “Zeus dice querido Febo, ve y después de sacar a Sarpedón de entre los dardos, límpiale la negra sangre; condúcele a un sitio lejano y lávale en la corriente de un río; úngele con ambrosia, ponle vestiduras divinas y entrégalo a los veloces conductores y hermanos gemelos: el Sueño y la Muerte. Y éstos, transportándolo con presteza, lo dejarán en el rico territorio de la vasta Licia. Allí sus hermanos y amigos le harán exequias y le erigirán un túmulo y un cipo, que tales son los honores debidos a los muertos” (Diez de Velasco 2004: 15).