Octubre del 2009

Poesía, sufrimiento y misión. Hablar Poéticamente a Dios desde el Sufrimiento
como Objeto y Medio de la Missio Dei
Poetry, suffering and mission. Poetically Speaking to God in Suffering
as objectives and means of the Missio Dei
Luis Cruz-Villalobos(1)
Dedicado a los que sufren
sin vínculos ni sentido
Recibido el 25-08-09
Aceptado el 12-10-09.
Resumen
Poesía, Sufrimiento y Misión, tres palabras, tres realidades, tres experiencias humanas… y divinas. Este artículo brevemente intenta articularlas, o más bien, descubrir su articulación existente, ver su interrelación profunda, la danza que ha surgido entre ellas en la existencia humana.
Comenzando con la experiencia del dolor personal, para luego vincularlo con la relevante expresión poética, el artículo intenta dar algunas pequeñas luces apuntando a la labor misionera eclesial, que sumándose a la Missio Dei o misión de Dios mismo en el mundo, intenta comprender el hablar a Dios (poéticamente) como objeto y medio de esta aventura a la cual Dios nos invita, la de extender su reinado.
Palabras Claves: poesía, sufrimiento, misión, religión, Dios.
Abstract
Poetry, Suffering and Mission, three words, three things, three human experience ... and divine experience. This paper briefly attempts to articulate, or rather, to recognize its existing joint, see their profound relationship, the dance that has arisen between them in human existence.
Starting with the experience of personal pain, and then link it with relevant poetic expression, the article attempts to provide some small lights pointing to the church missionary work, that adding to the Missio Dei or Mission of God in the world, seeks to understand the talk with God (poetically) as an object and through this adventure to which God invites us to extend his reign.
Keywords: poetry, suffering, missions, religion, God.
1.- Introducción
1.1.- Preludio
Un ensayo sobre la poesía, el sufrimiento y la misión, puede iniciarse de varios modos. Aquí daremos inicio con un poema que, en parte, integra estos tres temas y nos abre la puerta para introducirnos poéticamente en los contenidos.
Gestos Humanos IV
Tú que eres nuestro hogar
Cómo es posible que te marches
Y nos dejes huérfanos?
Tú que eres nuestra casa paterna
Cómo es posible que te dejes quemar
Destruir por los siglos?
Tú que eres nuestro único cobijo
Cómo es posible que duermas
en la noche más tenebrosa
y nos dejes al asecho del que mata?
Tú que eres nuestro hogar
Dinos cómo es posible
que te alejas tantos milenios?
Tú que eres nuestra casa materna
Cómo te atreves a pedirnos amor
Si nos dejas solos casi eternamente?
Tú que eres nuestro único amparo
Cómo es posible que nos dejes al cuidado
de los lobos y de las sanguijuelas
que nos devoran la vida como pan? (2)
1.2.- Hablar poéticamente
Como algunos podrían darse cuenta, el subtítulo de este ensayo parafrasea el conocido libro de Gustavo Gutiérrez “Hablar de Dios desde el Sufrimiento del Inocente” (Gutiérrez, 1988). Respecto a este texto, recuerdo haber intentado leerlo en los largos meses de enfermedad de mi pequeño hijo Maximiliano… no lo logré, hablaba a mi razón de un modo inadecuado para ese momento, pero si recuerdo que una frase quedó clavada en mi mente de modo claro: “…amar a Dios desinteresadamente…”. Tremenda aseveración para un corazón adolorido, para uno que se siente abandonado por el Todopoderoso, que se muestra como “Todoimpotente” ante el dolor del inocente, en aquel caso, de mi hijo recién nacido. Recuerdo que de esas casi eternas horas oscuras surgieron una serie de “salmos profanos” (así los llamé), poemas que como oraciones amargas eran lanzadas hacia lo alto.
La frase volvía: “…amar a Dios desinteresadamente…”. Aquellas palabras estaban allí y se repetían. “¿Y si fuese posible?” me preguntaba. Si fuese posible seguir amando a un Dios que deja morir a sus hijitos lentamente…si lo fuese… Y lo fue, fue posible seguir amándolo, seguir cantando en honor a su nombre cuando todo estaba en contra, sí, fue posible permanecer en alabanza en medio del dolor, aunque tal como Job, también con un honesto y abierto desconcierto, incluso con una amarga angustia dirigida hacia los cielos. La poesía fue un medio redentor, fue un puente, oscuro y triste, pero puente al fin, que me ayudó a pasar al otro lado del torrente. Aquellos que leyeron los poemas que escribí en esos tiempos (Poemario: Tormenta Crisol(3)) pudieron ver abierto de par en par un corazón sufriente, en donde Dios estaba trabajando y desde donde logró trabajar, simultáneamente, realizando su Misión hacia dentro y hacia fuera.
La poesía es el lenguaje de los profetas, de los sabios, de los locos, de los enamorados, de las madres hacia sus niños y de los niños hacia sus madres, es un medio tremendamente humano… aunque también angelical y divino.
Gadamer, refiriéndose a la experiencia del arte en general, dentro de la cual también cae la poesía, nos dice en una de sus conferencias:
“Si se considera que la tarea hermenéutica consiste en tender un puente que salve la distancia histórica o humana entre espíritu y espíritu, parece que la experiencia del arte cae fuera de su campo, ¿No es la experiencia del arte, entre todo lo que nos sale al encuentro en la naturaleza y en la historia, aquello que nos habla más inmediato y que respira una enigmática familiaridad que alcanza todo nuestro ser, como si no hubiese ninguna distancia entre ella y nosotros y todo encuentro con una obra de arte significara un encuentro con nosotros mismos?” (Gadamer, 1996).
Esta pregunta nos introduce en un mundo muy especial, en un leguaje que tiene rasgos de universal y que en algún sentido podría casi prescindir de necesidad de interpretación. La poesía como una expresión artística especial, tiene este carácter de modo muy notorio. Por tanto, nos permite un acceso intenso a la intimidad humana y resulta ser, además, un medio muy significativo para la comunicación en general y para la misión en especial.
1.2.1.- La esencial expresión poética
Dice Heidegger, refiriéndose al acto de escribir poesía:
“El escribir poesía no es primariamente una causa de alegría para el poeta, más bien, el escribir poesía es alegría, es serenificación, porque es en el escribir, que consiste el principal retorno a casa” (Heidegger, 2000).
En esta línea el poeta no logra entender la pregunta ¿Para qué sirve la poesía? Pues el poeta no “utiliza” la poesía, sino que esta fluye como un caudal natural y vital. Tal como lo expresa el poeta chileno, Nicanor Parra, diciendo en su Manifiesto:
Para nosotros
Es un artículo de primera necesidad:
No podemos vivir sin poesía.
(Parra, 1969).
La poesía así entendida ha acompañado al ser humano desde siempre, como su expresión natural ante el encantador mundo en el que ha estado inserto.
En mi adolescencia recuerdo haber hecho una lectura del primer capítulo del Génesis, en una versión actualizada que no acostumbraba usar. Recuerdo haber imaginado vívidamente a un poeta hebreo en un tiempo inmemorial sentado sobre una roca, mirando los arreboles de un bello atardecer, acompañado también de las primeras estrellas, solitario, reflexivo... e inspirado por una sutil brisa (la ruaj eterna) comienza repentinamente el más bello relato acerca del origen del universo contemplado. Un canto, un silencioso canto, que se bordaba en esa soledad como don del Cielo. Así recuerdo haber hecho esa lectura del texto bíblico y hoy veo en ello la ciertísima verdad de lo permanente que ha sido la compañía de la poesía para los hombres y mujeres desde el inicio de sus tiempos.
Tal como lo dice Heidegger, la poesía resulta ser un refugio, un retorno a casa para el poeta, pero me atrevo a decir, que no solo para el poeta, sino para los pueblos enteros, que de una u otra forma siempre han organizado su mundo, han acompañado sus revoluciones, han descrito a sus dioses, elogiado a sus héroes, exaltado sus amores... por medio del arte poético.
Es Dios un poeta. No me cabe duda. Poeta verbal y fáctico. Su misión en este mundo, es como Él, también poética, y a muchas voces, pues ha cantado (con música o en silencio) a través de muchos medios, algunos santos, otros impíos, algunos claros, otros subterráneos... en fin. En este breve ensayo, me quiero referir a la poesía que brota de la noche, del sufrimiento, y se dirige como saeta encendida al cielo del Cielo, a nuestro oyente Dios.
1.2.2.- Pensamiento y palabra analógica
Tal como lo han planteado en las últimas décadas los investigadores de la psicología cognitiva, el ser humano tiene dos modalidades básicas de procesamiento de la información, una digital, llamada por algunos paradigmática o sistemática, y otra análoga o narrativa. Del mismo modo, el lenguaje se puede presentar de los mismos dos modos básicos. Es así que podríamos decir que en nuestro interior tenemos dos estilos de registro de los datos cognitivos, sean pasados (memoria), presentes (conciencia) o futuros (imaginación), una la podemos asociar a una bitácora donde registramos palabras y cifras de modo sistemático, cronológico, y, por otro lado, un álbum de fotografías donde instalamos nuestras imágenes y representaciones pictóricas. (Bruner, 1997).
Todos los seres humanos empleamos ambas modalidades cognitivas y de lenguaje, siendo la sistemática aquella que está asociada mayormente a las funciones cerebrales del hemisferio izquierdo y la narrativa o analógica aquella que deriva de las funciones del hemisferio derecho. A pesar que en occidente se ha privilegiado en estilo digital y en oriente el análogo (lo cual tiene grandes repercusiones desde lo epistemológico hasta lo cultural), el ser humano en su funcionamiento natural incorpora ambos modos de procesamiento de la información y de comunicación de ella. Todas las personas requerimos de lo narrativo, alegórico o poético, pues es uno de los modos en los que podemos acceder y comunicar, en especial, lo afectivo, que constituye un ámbito central en el ser humano como organismo relacional.
1.2.3.- Poesía, sufrimiento y resiliencia
La poesía ha estado ligada al sufrimiento humano desde siempre; ha acompañado a los hombres y mujeres en sus adversidades y miserias, cumpliendo un rol por lo general no muy comprendido ni valorado.
En la actualidad, dentro del campo de la psicología especialmente, se ha observado que existe un vínculo sumamente significativo entre la expresión poética y la restauración de las personas que han vivido experiencias de sufrimiento extremo o que se han desarrollado en situaciones de alto riesgo y maltrato (Cyrulnik, 2001; Manciaux, 2003).
Los recientes estudios con respecto al tema de la resiliencia, entendido en las ciencias sociales como “la capacidad para triunfar, para vivir y desarrollarse positivamente, de manera socialmente aceptable, a pesar de la fatiga o de la adversidad, que suelen implicar riego grave de desenlace negativo” (Malot en Cyrulnik, 2001), ha permitido el descubrimiento de la relación profunda que existe entre las expresiones artísticas, en especial el relato y la poesía, con la restauración de vidas sometidas a severos traumas psicosociales.
Cylurnik nos dice: “un golpe hace daño, pero es la representación del golpe lo que causa el trauma” (Cyrulnik, 2003). El ser humano no solo siente dolor, sino que lo sufre, es decir, lo percibe, lo interpreta, y es en este proceso donde la representación artística, y específicamente la poética, puede cumplir una función fundamental de redención y restauración, pues al transformar la desdicha en relato, canto o lienzo pintado, la persona se logra distanciar de ella haciéndola soportable, o más bien logra que “la memoria de la desdicha se metamorfee en risa o en obra de arte” (Cyrulnik, 2001), ya que en la elaboración artística del sufrimiento el individuo se hace dueño de sus emociones puesto que es él o ella quien presenta su obra e influye a otro, sea un otro concreto que escucha un cantico, relato o ve un drama o pintura, o bien, sea Dios mismo al recibir una oración elevada como canto u oración silenciosa desde el sufrimiento de una de sus criaturas amadas.
1.3.- Biblia, poesía y sufrimiento
La Biblia es un libro que responde a un origen y estilo oriental, es decir, en cuanto a lo dicho más arriba: analógico, narrativo... poético. En especial si entendemos lo poético como aquella forma de expresión que emplea figuras de lenguaje que privilegian la construcción de imágenes paralelas que funden dos realidades distintas pero que por medio de un puente verbal se vinculan revelando (y ocultando a la vez) algo de sí.
La Biblia está llena de poesía, más allá de los libros poéticos propiamente tales, las imágenes, las figuras literarias, sean metáforas, reiteraciones, hipérboles, comparaciones, etc. Se observan en todas partes como instrumento de revelación de Dios, de los seres humanos y de las relaciones entre todos ellos y sus hechos.
La poesía como modalidad analógica de comunicación ligada a una de las formas principales de procesamiento de la información, es de carácter sintético (la digital es mayoritariamente analítica), y por lo mismo es un excelente medio para expresar los profundos contenidos que por siempre han sido difíciles de operacionalizar o describir de modos cuantificables. Es el caso con respecto a temas como los vinculados al dolor, la muerte, el atropello, la injusticia, la miseria, o bien, temáticas como el carácter de Dios, su naturaleza y modo de relacionarse con su creación, y de forma especial, con los seres humanos.
La Biblia es un conjunto de libros que contienen de modo transversal textos en un lenguaje poético, que emplea las figuras literarias y la musicalidad propia del género lírico, tanto en los escritos poéticos propiamente tales, como en las narraciones. Y en esta oportunidad nos detendremos brevemente en algunos textos que contienen expresiones poéticas dirigidas a Dios desde el sufrimiento del hablante lírico e intentaremos descubrir la relevancia que tienen este tipo de expresiones (la poesía desde el sufrimiento) para la misión de Dios en el mundo, como medio y, a su vez, objeto de la misma.
2.- Poesía desde el sufrimiento y la Missio Dei
Todo hablar acerca de Dios y en nombre de Dios o respecto al obrar de Dios en el mundo, debe partir desde la realidad del sufrimiento (entendido como dolor percibido, conciente, interpretado, dolor humano) o por lo menos, abordarlo profunda y seriamente, de lo contrario es una bofetada escarnecedora a los hombres y mujeres, a cada uno de los seres humanos que han pisado este planeta tan bello, azul y luminoso desde lejos, pero tan sufriente, rojo y oscuro desde cerca, para millones y millones durante toda la historia.
2.1.- Poesía sufriente extra-bíblica como Objeto de la Missio Dei
Los seres humanos han hablado a Dios desde el sufrimiento desde siempre, y resulta sumamente interesante y relevante detenernos (aquí y siempre) en las composiciones que han brotado del corazón de los hombres y mujeres que interpelan a Dios y le lanzan sus lamentos al cielo en busca de respuesta, logrando de ese modo liberarse de parte del tormento que viven.
A continuación es presentado un poema de Nietzsche, que representa el “salmo profano” por excelencia (entendiendo “profano” como lo plantea Paul Tillich en su Sistemática (Tillich, 1986), haciendo alusión a su sentido etimológico: “fuera de las puertas del templo”). El poema fue escrito durante el otoño de 1884, y se llamó inicialmente “El poeta: el tormento del creador”; también fue incorporado a otro escrito con el nombre de “Lamento de Ariadna”. Aunque en Así Habló Zaratustra lo pone en boca de un viejo (El Mago), quien es golpeado ferozmente por Zaratustra después que lo pronuncia, por lo cual termina declarando que aquellas palabras dichas sólo habían sido una broma. Sin lugar a dudas, el atormentado hijo del pastor protestante, el “anticristo” filosófico, tuvo una profunda y doliente sed de Dios y fue su corazón el que habló en este gran poema. Escuchemos ahora su grito, su elegía personal:
El poeta: el tormento del creador
¿Quién me calienta,
quién me ama todavía?
¡Dadme manos ardientes!
¡Dadme braseros para el corazón!
¡Postrado en tierra,
temblando de horror,
Semejante a un mediomuerto
a quien la gente le calienta los pies,
Agitado, ¡ay!, por fiebres desconocidas,
Temblando ante las agudas,
gélidas flechas del escalofrío,
Acosado por ti, ¡pensamiento!
¡Innombrable! ¡Encubierto! ¡Espantoso!
¡Tú, cazador que me miras
desde lo oscuro:
Así yazgo,
Me encorvo, me retuerzo, atormentado
Por todas las eternas torturas,
Herido
Por ti, el más cruel de los cazadores,
¡Desconocido-Dios!
¡Hiere más hondo,
Hiere otra vez!
¡Taladra, rompe este corazón!
¿Por qué esta tortura
Con flechas puntas gastadas?
¿Por qué vuelves a mirar,
No cansado del tormento del hombre,
Con ojos crueles, como rayos divinos?
¿No quieres matar,
Sólo torturar, torturar?
¡Para qué torturarme a mí,
Tú cruel, desconocido Dios?
¡Ay, ay! ¿Te acercas a escondidas?
¿En esta medianoche
Qué quieres? ¡Habla!
Me acosas, me oprimes
¡Ay! ¡ya demasiado!
¡Fuera! ¡Fuera!
Me oyes respirar,
Escuchas mi corazón.
Tú celoso, pero ¿celoso de qué?
¡Fuera! ¡Fuera! ¿Para qué esas escala?
¿Quieres entrar dentro, en mi corazón
Penetrar en mis ocultos
Pensamientos?
¡Desvergonzado! ¡Desconocido- ladrón!
¿Qué quieres arrancar con tormentos?
¡Tú... atormentador!
¡Tú... Dios–verdugo!
¿O es que debo como el perro,
Arrastrarme delante de ti?
¿Sumiso, sin mi entusiasmo,
Menear la cola declarándote mi amor?
¡En vano! ¡Sigue pinchando!
¡Cruelísimo aguijón! No,
No un perro; tu caza soy tan sólo...
¡Cruelísimo cazador!
Tu más orgulloso prisionero,
¡Salteador oculto detrás de nubes!
Habla por fin,
¿Qué quieres tú,
salteador de caminos, de mí?
¡Tú, oculto por el rayo! ¡Desconocido! Habla,
¿Qué quieres, desconocido... Dios?
¿Cómo? ¿Dinero de rescate?
¿Cuánto dinero de rescate quieres?
Pide mucho
¡te lo aconseja mi segundo orgullo!
¡Ay, ay!
¿A mí ... es a quien quieres? ¿A mí?
¿A mí ... entero?
¡Ay, ay!
¿Y me torturas, necio,
Atormentas mi orgullo?
Dame amor ... ¿quién me calienta todavía?
¿Quién me ama todavía?
... dame manos ardientes,
Dame braseros para el corazón,
Dame a mí, al más solitario de todos,
Al que el hielo, ay, un séxtuplo hielo
Enseña a desear Incluso enemigos,
Enemigos,
Dame, sí, entrégame,
Cruelísimo enemigo,
Dame ¡a ti mismo! ...
¡Se fue!
¡Huyó también él,
Mi último y único compañero,
Mi gran enemigo,
Mi desconocido,
Mi Dios–verdugo! ...
... ¡No! ¡Vuelve
Con todas tus torturas!
¡Oh, vuelve
Al último de todos los solitarios!
¡Todos los arroyos de mis lágrimas
Corren hacia ti!
¡Y la última llama de mi corazón ...
Para ti se alza ardiente!
¡Oh, vuelve,
Mi desconocido Dios!
¡Mi dolor!
¡Mi última ... felicidad!
(Nietzsche, 2008)
La potencia poética es innegable, la riqueza en imágenes que transmiten directamente al ser interior la vivencia del hablante es fabulosa, aquí se logra experimentar el comentario que se citó de Gadamer, en cuanto a la inmediatez de los contenidos del arte para el espíritu, como que no se necesitara de interpretación, como si ocurriese un encuentro transracional con el corazón del poeta.
Vemos lo mismo (claro que con una sutileza y serenidad mayor) en un poema del Premio Nobel de 1913, Rabindranath Tagore, poeta de la India.
El Jardinero: poema V
No hallo reposo. Tengo sed de infinito.
Mi alma languideciente aspira a las misteriosas lejanías.
Gran Más Allá, ¡qué profunda es la llamada de tu flauta!
Olvido siempre, siempre, que no tengo alas para volar,
que estoy eternamente atado a la tierra.
Mi alma es ardiente y huye el sueño;
soy un extraño en un país extraño.
Tú murmuras a mi oído una esperanza imposible.
Mi corazón conoce tu voz como si fuera suya.
Gran Desconocido, ¡qué profunda es la llamada de tu flauta!
Olvido siempre, siempre, que ignoro el camino,
que no poseo un caballo alado.
No puedo hallar descanso; soy un extraño para mi propio corazón.
En la soleada niebla de las horas lánguidas,
¡qué grandiosa visión de Ti aparece en el azul del cielo!
Gran Arcano, ¡qué profunda es la llamada de tu flauta!
Olvido siempre, siempre, que están cerradas todas las puertas
de esta casa en la que vivo solo.
(Tagore, 2007)
La poesía que brota del dolor desconcertante, de la más honda miseria espiritual de un ser humano que reniega y anhela-odia a Dios (o un dios), es objeto ineludible de la Misión del Dios verdadero en este mundo. En ella podemos percatarnos de las preguntas más profundas, de los dolores más drásticos y de las necesidades más propiamente humanas a las cuales creemos, como cristianos, que Jesucristo tiene respuesta, pero, como tantas veces se ha dicho: sabemos que Cristo Jesús es la respuesta, pero muchas veces no nos damos el tiempo de escuchar cuales son las preguntas y nos instalamos en la comunicación con el no cristiano desde una plataforma relacional de soberbia, como poseedores de la verdad, olvidando que es la Verdad misma la que posee al discípulo de Cristo, pues cada seguidor de Jesús dice que la Verdad hecha hombre es su Kürios, no entendiéndola como un contenido del cual se tiene disposición y dominio (“yo poseo la verdad”), sino como Persona que ha establecido un vínculo incondicional de amor y soberanía sobre cada uno de los que se han arrepentido-creído-obedecido, asumiendo el sentido eterno entregado en Cristo.
Jesús dice a sus aprendices que deben ser “astutos como serpientes y humildes como palomas” (4). Y lo que ha ocurrido durante la historia es que sus seguidores han hecho todo lo contrario asumiendo una actitud soberbia (como se mención recién) y además necia, no atendiendo al clamor de los que están sin esperanza y sin Dios en el mundo(5). El detenernos en los cantos, poemas, narraciones de la cultura a la que queremos alcanzar, en especial cuando se refiere a sus angustias y dolores más íntimos, puede considerarse un ámbito de objeto excelente de estudio y comprensión de la Missio Dei.
Los textos poéticos antes presentados son dos emblemáticos representantes del clamor humano por vínculo y sentido, sin los cuales el hombre y la mujer se hunden en un pozo de miseria existencial, tal como lo han dicho estudios y experiencias dentro del campo de la psicología y la psiquiatría (Cf. Frankl, 1991, 1994; Cyrulnik, 2001, 2002, 2003). Temas que el anuncio cristiano considera de un modo extraordinario, pero que muchas veces ha planteado de una forma impertinente e irrelevante para el “hombre doliente” (Frankl, 1994) que clama poetizando el sufrimiento.
2.2.- Poesía sufriente en la Biblia y la Missio Dei
La Biblia, como texto que revela el corazón de Dios al corazón de los humanos, está lleno de estos clamores, en ocasiones incluso desgarradores, que tanto han abundado en la historia. Aquí nos detendremos brevemente a observar algunos de ellos desde una lectura misiológica, en tanto objetos y medio de la obra de Dios en el mundo.
2.2.1.- Poesía sufriente como Objeto de la Missio Dei:
Salmo 88; Jeremías 4:10. (6)
Salmo 88
Yahvé, mi Dios salvador, a ti clamo noche y día;
llegue mi súplica a ti, presta oído a mi clamor.
Porque estoy harto de males, con la vida al borde del Seol;
contado entre los que bajan a la fosa, soy como un hombre acabado:
relegado entre los muertos, como un cadáver en la tumba,
del que nadie se acuerda ya, que está arrancado de tu mano.
Me has echado en la fosa profunda, en medio de tinieblas abismales;
arrastro el peso de tu furor, me hundes con todas tus olas.
Has alejado de mí a mis conocidos,
me has hecho para ellos un horror, cerrado estoy y sin salida,
mis ojos se consumen por la pena.
Todo el día te llamo, Yahvé, tiendo mis manos hacia ti.
¿Haces acaso maravillas por los muertos,
o se alzan las sombras para darte gracias?
¿Se habla en la tumba de tu amor, de tu lealtad en el lugar de perdición?
¿Se conocen en las tinieblas tus maravillas, o tu justicia en la tierra del olvido?
Pero yo, Yahvé, solicito tu socorro, con el alba va a tu encuentro mi oración;
¿por qué, Yahvé, me rechazas, y ocultas tu rostro lejos de mí?
Desdichado y enfermo desde mi infancia, he soportado tus terrores, no puedo más;
tu furor ha pasado sobre mí, tus espantos me han aniquilado.
Me anegan como el agua todo el día, se aprietan contra mí todos a una.
Has alejado a compañeros y amigos, y son mi compañía las tinieblas.
Jeremías 4:10
Y yo digo: "¡Ay, Señor Yahvé!
¡Cómo embaucaste a este pueblo y a Jerusalén
diciendo: "Paz tendréis",
y ha penetrado la espada hasta el alma!"
Una exégesis acabada de estos texto nos podría tomar muchísimas páginas, de hecho se ha escrito bastante sobre estos párrafos, sin embargo aquí nos convoca una lectura misiológica, una lectura desde el obrar de Dios en medio de la historia humana, y es desde las preguntas que nos entrega esta perspectiva que nos acercamos al texto y descubrimos cosas maravillosas en cuanto al carácter de Dios y su acción misionera en el mundo.
El Sagrado Libro, las Santas Escrituras, la Santísima Biblia, contenedora de la revelación del Dios del universo, único, omnipotente, omnisciente y omnipresente… este sublime texto contiene escritos como el desolador Salmo 88… y el “desliz” del profeta Jeremías en medio de los oráculos de Dios.
¿Qué me dice esto? ¿Qué luz me arroja respecto al carácter y obrar de Dios entre los seres humanos? Me dice que el Dios verdadero es un Dios de amor, que está dispuesto a escuchar el corazón desgarrado y desconcertado de sus hijos, que es un Dios que no hace callar a su pueblo cuando este clama. La presencia de textos como los citados nos indica un modo de operar de Dios: el escucha, el recibe y contiene el sufrimiento de sus hijos. No se complica con nuestras preguntas, no se molesta.
El Salmo 88 es una llaga abierta de par en par, sin consuelo, casi sin esperanza, es un corazón que se abre en su desesperación, en su depresión mayor, de hecho describe casi como un compendio perfecto lo que en psicoterapia cognitiva se ha llamado “la triada cognitiva de la depresión” (Beck, et al, 1983), donde existe una visión drásticamente negativa de sí mismo, del mundo y del futuro. A Dios pareciera no incomodarle recibir estas palabras oscuras y amargas de parte de los seres humanos, Él las acoge, incluso cuando no logran llegar a un atisbo de esperanza, como es el caso de este Salmo, que es uno de los pocos que no termina en esperanza o expectativa de restauración de parte de Dios.
Por su parte, Jeremías, en medio de los enfáticos y terribles presagios de destrucción que Dios le manda anunciar al pueblo, brota en breve clamor, casi como un imperceptible desliz, un comentario al margen, una cándida, pero sufrida añadidura su desencanto de Dios, como un Dios traidor y mentiroso. ¿Cómo es posible que el profeta hable así del Altísimo? Y aún más ¿Cómo es posible que Dios soporte su osadía? Pero también ¿Cómo se permite dejar para la posteridad, inmerso en el texto sagrado de los oráculos de Dios dichas palabras?.
Podríamos resumir de modo sencillo, algo de lo que estos textos nos enseñan, citando las sencillas palabras testimoniales del Dr. Charles Van Engen al finalizar uno de sus cursos sobre Missio Dei en San José de Costa Rica, el año 2009:
“De vez en cuando, si te enojas… grítale al Señor… da buen resultado. Él no se molesta.”(7)
Nuestro Dios es un Dios que realiza su misión en medio de los dolores humanos sin acallarlos, sino que los deja fluir hasta que se detienen bajo el consuelo de su suave mano, allí, en su regazo y con su seno de madre, pues “Como aquel a quien su madre consuela, así yo os consolaré” (8).
De este modo, el clamor humano (expresado desde sus formas más cotidianas y triviales a las más elaboradas y artísticas) se presenta como Objeto de la Missio Dei en las Escrituras, en tanto Dios se muestra como una persona que escucha con atención y paciencia los adoloridos lamentos e incluso las blasfemas oraciones de sus criaturas desde el sufrimiento, y por lo mismo, es modelo de misión que empatiza y responde a las preguntas hechas (no supuestas) por aquellos a los que se dirige la misión, comenzando allí exactamente donde están los hombres y mujeres necesitados, allí donde están en términos físicos, psicológicos, culturales, espirituales. Tal como lo hizo Jesús, en sus años de misión en Palestina(9).
2.2.2.- Poesía sufriente como Medio de la Missio Dei:
Mateo 26:36-39; Apocalipsis 22:17 y 20b.(10)
Mateo 26:36-39
Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: "Sentaos aquí, mientras voy allá a orar." Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dice: "Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo." Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así:
"Padre mío, si es posible,
que pase de mí esta copa,
pero no sea como yo quiero,
sino como quieres tú."
Apocalipsis 22:17 y 20
El Espíritu y la Novia dicen: "¡Ven!"
Y el que oiga, diga: "¡Ven!"
Y el que tenga sed, que se acerque,
y el que quiera, reciba gratis agua de vida.
Dice el que da testimonio de todo esto:
"Sí, vengo pronto."
¡Amén!
¡Ven, Señor Jesús!
Se han seleccionado dos párrafos de contenido poético, de lenguaje lírico, que expresan verdades profundas respecto a la misión de Dios en el mundo en donde esta forma de comunicación, caracterizada por el contenido ideográfico, por la posibilidad de expresión de los afectos y la musicalidad de las palabras se torna en Medio de la Missio Dei.
El primer texto escogido, en especial la oración de Jesús, es uno de los pasajes bíblicos que contiene mayor contenido y profundidad de todas las Escrituras, por lo cual será ahondado brevemente en el capítulo que sigue, sin embargo, aquí vale mencionar que esta oración, breve, sencilla, sumamente poética, es pronunciada por Jesús y recordada a sus discípulos muy probablemente después de su resurrección (ya que ellos en ese momento dormían y no pudieron oírla directamente) como un cántico silencioso desde el más desgarrador sufrimiento y expectativa de desolación que representa el modo en que Dios ha decidido llevar adelante su obra en el mundo. Las palabras de Jesús en esa precisa oración son paradigma de los medios de la Missio Dei, pues así el mismísimo Hijo de Dios lo manifestó en aquel clímax de su peregrinaje en la tierra donde vino a interpretarnos, a exegetizar correctamente a Dios.(11)
La misión de Dios es de carácter kenótico(12), implica vaciamiento, ese es el modelo del trino Dios para su obra, quien se presenta vaciado en su creación (humilde, silencioso, sin luces de neón), en la encarnación de forma clara y drásticamente (de modo permanente, pero en especial y definitivamente en la cruz) y en la koinonía(13) amorosa, “entristecible y apagable” del Santo Espíritu(14).
El segundo texto, el de Apocalipsis, es aquí presentado también como ejemplo de poesía desde el sufrimiento, poesía en medio de la persecución, desde martirio, desde la perseverancia ante la adversidad drástica de los que matan el cuerpo (solamente) (15), poesía que brota como canto esperanzado de la llegada del fin pleno, del anhelo de la manifestación de los hijos de Dios(16).
Por ello representa el canto resiliente por excelencia, la proclamación poética de la más honda esperanza que brota del vínculo y del sentido (pilares de la resiliencia según Cyrulnik, como ya se mencionó en 2.1, en el párrafo final) que se encuentra en Jesucristo y que permiten enfrentar lo más adverso saliendo incluso fortalecido y transformado de ello.
Este párrafo final de la Escritura como poético canto de llamado, de súplica por la venida del Señor, es modelo para la realización de la obra de Dios, desde el clamor esperanzado, desde la conciencia clara de lo imperfecto y caduco del estado actual de la realidad que se lanza hacia la realidad absoluta y final que se apronta. Tal como lo dice Pablo, ampliando el significado que aquí se menciona, dándole connotaciones cósmicas, pues el clamor del “Espíritu y la Esposa” también es el clamor de la creación entera, clamor ecológico por la redención de la corrupción, la destrucción, el abuso y la contaminación generada por aquellos que debían administrar en nombre de Dios la naturaleza.
El poema final de Apocalipsis, ese brevísimo clamor lleno de musicalidad (ερχου κυριε ιησου), es el canto de toda la creación y de las primicias que piden la manifestación del Reinado de Dios en plenitud y en ese mismo clamor se hacen partícipes esperanzados de él, por la confianza que los mueve en la promesa del que dice: “Vuelvo pronto”.
Simplemente, escuchemos al Apóstol, sus palabras nos aclaran este punto:
“Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros. Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación, en efecto, fue sometida a la caducidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la esclavitud de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo”.
Romanos 8:18-23.(17)
2.3.- La poética y sufriente Palabra encarnada de Dios como plenitud de la Missio Dei
Por último, retomando la oración de Jesús en el Getsemaní, reflexionemos en aquel que fue descrito proféticamente como el Siervo Sufriente y existió como tal, aquel que vivió en carne propia el Salmo 22, “desmetaforizándolo” en su propia piel, aquel que es en sí mismo la poética y sufriente Palabra encarnada de Dios.
Jesús vino a hacer la exégesis de Dios, vino a traducirnos y re-leernos a YHWH como Padre-Espíritu, como Dios justo-misericordioso, como Dios santo-amor, y lo hizo de tal modo que podemos decir que “su vida se hacía mensaje y su mensaje se hacía vida” (González, 1984), incluso más, parafraseando la cita podríamos decir que Jesús fue el poema de Dios hecho vida y la vida de Dios hecho poema. Y poema desde el dolor principalmente, pues Jesús se hizo cargo del sufrimiento humano, no lo bordeo como muchos ni tampoco intentó suprimirlo sino que lo atravesó, lo venció pasando por su núcleo, lo trascendió sumergiéndose en él hasta lo más hondo de la gehena.
Por ello, desde este misterio, podemos decir como cristianos que amamos al Dios de la cruz, pues es también el Dios de la tumba vacía, el que venció lo invencible. Lo amamos porque es todo empatía, comprensión, corazón cercano a nuestra miseria y sufrimiento humanos que han sido históricamente desbordantes y mantenidos.
No creemos en los dioses del Olimpo, que comen sus suaves y dulces manjares mientras los humanos nos destrozamos unos a otros. Sino en el Dios del Gólgota, monte de la Calavera, de la muerte, del dolor, de la enfermedad, de la desolación… Pues ese es el único Dios que puede responder, mirándonos a la cara, con la victoriosa respuesta del amor incondicional, que nos permite emerger de la desolación, la enfermedad, el dolor y la muerte.
David metafóricamente cantó a Dios desde el dolor, la angustia y el abandono, pero Jesús “desmetaforizo” el Salmo 22, se hizo Salmo, viviéndolo paso a paso, palmo a palmo, por amor, por justicia. Para desde lo más profundo del sufrimiento emerger como “el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra, aquel que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados y ha hecho de nosotros un Reino de sacerdotes para su Dios y Padre”…
“Mirad, viene acompañado de nubes; todo ojo le verá, hasta los que le traspasaron, y por él harán duelo todas las razas de la tierra. Sí. Amén. Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, "Aquel que es, que era y que va a venir", el Todopoderoso”.
Apocalipsis 1: 7-8.(18)
Ante tan grande maravilla de la manifestación final de nuestro Señor, no caben palabras, solo canto extático, en especial sin recordamos que Aquel que vuelve en poder y gloria es el mismo que encarnó y se transformó en poema viviente:
¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?
Estás lejos de mi queja, de mis gritos y gemidos.
Clamo de día, Dios mío, y no respondes,
también de noche, sin ahorrar palabras.
¡Pero tú eres el Santo, entronizado en medio de la alabanza de Israel!
En ti confiaron nuestros padres, confiaron y tú los liberaste;
a ti clamaron y se vieron libres, en ti confiaron sin tener que arrepentirse.
Yo en cambio soy gusano, no hombre, soy afrenta del vulgo, asco del pueblo;
todos cuantos me ven de mí se mofan, tuercen los labios y menean la cabeza:
"Se confió a Yahvé, ¡pues que lo libre, que lo salve si tanto lo quiere!".
Fuiste tú quien del vientre me sacó, a salvo me tuviste en los pechos de mi madre;
a ti me confiaron al salir del seno, desde el vientre materno tú eres mi Dios.
¡No te alejes de mí, que la angustia está cerca, que no hay quien me socorra!
Novillos sin cuento me rodean, me acosan los toros de Basán;
me amenazan abriendo sus fauces, como león que desgarra y ruge.
Como agua me derramo, mis huesos se dislocan,
mi corazón, como cera, se funde en mis entrañas.
Mi paladar está seco como teja y mi lengua pegada a mi garganta:
tú me sumes en el polvo de la muerte.
Perros sin cuento me rodean, una banda de malvados me acorrala;
mis manos y mis pies vacilan, puedo contar mis huesos.
Ellos me miran y remiran, reparten entre sí mi ropa y se echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Yahvé, no te alejes, corre en mi ayuda, fuerza mía,
libra mi vida de la espada, mi persona de las garras de los perros;
sálvame de las fauces del león, mi pobre ser de los cuernos del búfalo.
Contaré tu fama a mis hermanos, reunido en asamblea te alabaré:
"Los que estáis por Yahvé, alabadlo, estirpe de Jacob,
respetadlo, temedlo, estirpe de Israel.
Que no desprecia ni le da asco la desgracia del desgraciado;
no le oculta su rostro, le escucha cuando lo invoca".
Tú inspiras mi alabanza en plena asamblea, cumpliré mis votos ante sus fieles.
Los pobres comerán, hartos quedarán, los que buscan a Yahvé lo alabarán:
"¡Viva por siempre vuestro corazón!".
Se acordarán, volverán a Yahvé todos los confines de la tierra;
se postrarán en su presencia todas las familias de los pueblos.
Porque de Yahvé es el reino, es quien gobierna a los pueblos.
Ante él se postrarán los que duermen en la tierra,
ante él se humillarán los que bajan al polvo.
Y para aquel que ya no viva su descendencia le servirá:
hablará del Señor a la edad venidera,
contará su justicia al pueblo por nacer: "Así actuó el Señor".
David, Salmo 22. (19)
3.- Conclusión:
3.1.- La Missio Dei hacia (objeto) y desde (medio) la poesía sufriente
Podemos concluir que la Missio Dei tiene por Objeto la poesía sufriente, como manifestación profunda del corazón necesitado de los hombre y las mujeres durante toda la historia, además de ser herramienta de liberación de aquellos que logran articular su trauma o sus dolores como obra de arte de la cual son protagonistas y dueños activos, ya no víctimas.
Como lo vimos, esta faceta de la poesía desde el sufrimiento, puede observarse tanto en las Escrituras como en la literatura extra-bíblica, a tal punto que cada poema, canto y, en general, toda obra de expresión artística puede ser concebida como objeto de la obra redentora de Dios, como realidad que los siervos y siervas del Reino deben tener en cuenta para oír el clamor de aquellos que desean ver consolados, restaurados y reconciliados con Dios Padre.
Por otro lado, la poesía sufriente la vemos como medio de realización de la Missio Dei, como lírica expresión del actuar de Dios, empático, esperanzado y adolorido, que se suma al de todo aquel que se sabe en tránsito, que tiene conciencia de la caducidad de esta tierra y que siente esos dolores de parto por el Reino de Jesucristo que ya está aquí, pero todavía no se manifiesta en plenitud.
Sin embargo, la conclusión más importante es el lograr comprender a Jesús como el poema de Dios hecho vida y la vida de Dios hecho poemas. Dios manifiesta su misión y su modo de hacer misión en la persona de Jesús y Él se caracterizó por no esquivar el sufrimiento sino por enfrentarlo y vencerlo desde dentro. Ese es nuestro Dios trino, el único Dios que encarnó nuestra vida miserable y la ha fecundado de la semilla de la vida eterna. Este es el único Dios posible, el único Dios coherente ante un mundo tan lleno de sufrimiento. Este es mi Dios y sólo a Él puedo servir. Y el llamado que Él nos hace es a realizar su misión, a colaborar en ella del mismo modo que Él la llevó a cabo desde el sufrimiento y desde el amor desinteresado que vence lo adverso. Aquí está el desafío para su iglesia, desafío imposible… pero el Espíritu Santo, que nos habita, es experto en lo imposible.
3.2.- Posludio
Para cerrar este breve ensayo, otro “salmo profano" que clama al que sostiene la única esperanza cierta del mundo...
Gestos Humanos XII
Recuérdanos
Te pedimos
Recuérdanos
No te quedes sumido
En la plenitud de tus salones de luz
Recuérdanos
Recuerda a esa joven que ultrajaron varías veces
Recuerda a los niños que duermen en las callejuelas
Recuerda a los miserables que no tienen más que riquezas
Recuerda a los torturados y a los desaparecidos
Recuerda a los que murieron por negligencia infame y secreta
Recuerda a los que no tienen qué darle a sus hijos
Recuerda a los que se murieron esperando
Recuerda a los que viven hundidos en la pena y la desolación
Recuerda a los que te olvidaron absolutamente
A los que ya no tienen fe en nadie
A los que no se saben el Padrenuestro
A los que repiten sordos mantras de redención
A los cancerosos
A los que tienen los rostros destrozados
A los que tienen el corazón hecho añicos
A los que besan a cualquiera en la boca
A los que se dejan violar por unos pobres billetes
A los que escriben poesía inútil
A los que están en el gobierno para su propio bien
A los que son gobernados para su propio mal
A la gran mayoría que sustenta a la gran minoría
A la ínfima minoría que es dueña de casi todo
A la madre que se muere
A los hijos que se mueren
A los nietos que se mueren
Recuérdanos
Tú que puedes no olvidar
Recuérdanos
Tal como somos en nuestra miseria desolada
La cual Tú mismo viviste
Y desde la cual te hiciste vencedor y redentor infinito(20).
Bibliografía:
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Cyrulnik, Boris. 2002. El encantamiento del mundo. Barcelona: Gedisa.
Cyrulnik, Boris. 2003. El Murmullo de los Fantasmas. Barcelona: Gedisa.
Cyrulnik, Boris. 2007. De cuerpo y alma. Barcelona: Gedisa.
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Gadamer, Hans-George. 1996. Estética y Hermenéutica, Daimon Revista de Filosofía Nº 12, 5-10.
González, Francisco. 1984. El Evangelio vivido en Comunidad. Salamanca: Sígueme.
Gutiérrez, Gustavo. 1988. Hablar de Dios desde el Sufrimiento del Inocente. Salamanca: Sígueme.
Heidegger, Martín. 2000. Existencia y Ser. Madrid: Tecnos.
Manciaux, Michel. 2003. La resiliencia: resistir y rehacerse. Barcelona: Gedisa.
Nietzsche, Federico. 2008. Así habló Zaratustra. Madrid: Eneida.
Parra, Nicanor. 1969. Obra Gruesa. Santiago-Chile: Universitaria.
Tagore, Rabindranath. 2007. El Jardinero. Madrid: Edimat.
Tillich, Paul. 1982. Teología Sistemática I, II y III. Salamanca: Sígueme.
1)
Luis Cruz-Villalobos (Santiago de Chile, 1976): poeta y cantautor; ministro presbiteriano, actual moderador presbiterial (2007-2011) y vice-moderador sinodal de la Iglesia Cristiana Presbiteriana de Chile (I.C.P.); licenciado en psicología y psicólogo clínico de profesión; pastor de la I.C.P. en Vitacura, Santiago de Chile; doctorando (Ph.D.) en Teología (con la especialidad de Eclesiología) en el Programa Doctoral Latinoamericano de UNELA, Costa Rica. Está casado con Isabel Soledad, con quien tienen tres hijos, actualmente. E-mail: pastorcruz@gmail.com
2) Cruz-Villalobos, L. (2009). Gestos Humanos. Santiago-Chile: poemario inédito.
3) Cruz-Villalobos, L. (2004). Tormenta Crisol. Santiago-Chile, poemario 12 en: www.benditapoesia.webs.com
6) Biblia de Jerusalén, 3ª Edición (formato digital e-Sword, 2007).
7) Dr. Charles Van Engen, Programa Doctoral Latinoamericano, UNELA. Curso: Perspectiva Bíblica de la Missio Dei. San José, Costa Rica, enero 2009.
9) Cf. Mateo 10; Juan 3, 4, 5; Marcos 10:46-52; entre muchos.
10) Las citas bíblicas están tomadas de la Biblia de Jerusalén, 3ª Edición (formato digital e-Sword).
11) Cf. Juan 1:18. Jesús es quien viene a hacer la “exégesis” de Dios (εξηγησατο).
12) Filipenses 2:7. (εκενωσεν).
14) Efesios 4:30 y 1ª Tesalonicenses 5:19.
17) Biblia de Jerusalén, 3ª Edición (formato digital e-Sword, 2007).
18) Biblia de Jerusalén, 3ª Edición (formato digital e-Sword, 2007).
19) Biblia de Jerusalén, 3ª Edición (formato digital e-Sword, 2007).
20) Cruz-Villalobos, L. (2009). Gestos Humanos. Santiago-Chile: poemario inédito.
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