Octubre del 2009
Revista Cultura y Religión

La Iglesia Pentecostal: Comunidad de Mujeres(1)

The Pentecostal Church: Community of Women

Zicri Orellana Rojas(2)


Recibido el 03-08-09
Aceptado el 07-10-09

 

Resumen

El siguiente trabajo tiene el propósito de ofrecer una reflexión sobre la participación de las mujeres en el mundo pentecostal, haciendo una lectura desde la teoría de género, fundamentalmente desde la relación masculino/público-femenino/privado que propone la idea de que los espacios se  jerarquizan, otorgando mayor prestigio a lo masculino.
En el texto se ofrece un análisis sobre la participación femenina pentecostal, la que destaca significativamente por sobre la masculina, no obstante estas son excluídas de la toma de decisiones. Sin embargo, a pesar de esta exclusión, este espacio comunitario-femenino, pareciera servirles a estas para tolerar la difícil realidad que significa vivir en zonas de pobreza y marginalidad.

Palabras claves: mujeres, pentecostales, privado, público, participación, poder

 

Abstract

The following work has the intention of offering a reflection on the participation of the women in the Pentecostal world , doing a reading from the gender theory fundamentally from the relation male/public, female/private that proposes the idea that the spaces are ranked , giving major importance to the masculine thing. In the text there is an analysis on the feminine pentecostal participation , which stands out significantly over the masculine, nevertheless these are excluded of the taking of decisions. however, in spite of this exclusion, this community - feminine space, seems tobe useful for them  to tolerate the difficult reality that means to live in zones of poverty and  marginality.

Key word: women, pentecostal, private, public, participation, power

 

 

 Introducción
       
Actualmente, la mayoría de las personas que se consideran evangélicas en Chile pertenecen a la iglesia pentecostal. Esta es una institución más o menos reciente en la historia chilena y se caracteriza por un liderazgo carismático, tradiciones orales, prácticas y ritos basados en la “manifestación del espíritu santo”, que consisten básicamente en la profecía, el hablar en lenguas o glosolalia y la danza.
        La heterogeneidad de estas iglesias es una característica primordial y por ello es común identificar gran cantidad de congregaciones pentecostales con nombres diversos. Esto se debe -entre otras razones-  a que la creación de una iglesia pentecostal no obedece a un trámite burocrático, sino que únicamente se requiere haber sido ungido por el espíritu de Dios que le indica la misión de guiar una iglesia. Generalmente se trata de un hombre con actitudes de líder carismático, que se siente capaz de conducir una iglesia y solamente debe contar con un par de personas que lo siga en su misión evangelística(3).
        Esta heterogeneidad alcanza a las prácticas cúlticas que suelen también ser diversas. No obstante, existen elementos comunes en el mundo pentecostal -consensuados implícitamente- que buscan responder a la necesidad de diferenciarse del resto del mundo, lo que generalmente se realiza a través de un uso de lenguaje sin groserías; rechazo al consumo de tabaco, alcohol y drogas; vestimenta recatada y formal; y distanciamiento de fiestas mundanas. Estas conductas buscan privilegiar una vida “santa” que cuide el testimonio, es decir, la imagen.
        Desde sus inicios, el auge de estas iglesias se dio en poblaciones marginales y periféricas. Por eso se ha llegado a señalar que el pentecostalismo es la expresión religiosa privilegiada de los sectores excluidos de la sociedad. A pesar de que la tradición indica que estas iglesias se ubican en sectores de pobreza preferentemente, es cada vez más recurrente encontrar iglesias en sectores de clase media e incluso en el barrio alto. No obstante, su mayor éxito sigue estando en la población más pobre del país (Sepúlveda, 1999).
        A propósito de esto último, sólo en la región del Bío Bío – sobre todo en la provincia de Arauco - encontramos porcentajes cercanos y superiores al 50% de población evangélica, según datos del Censo de 2002(4).  Bastará sólo dar un paseo por las calles de Lota, Coronel, Curanilahue, Los Álamos, para darse cuenta que la cantidad de evangélicos es realmente masiva, siendo la mayoría pentecostales. Y como ya indicaba, las regiones del Bío Bío y la Araucanía (segunda en el ranking de evangélicos) son las regiones más pobres del país según cifras oficiales(5). Sólo la provincia de Arauco en el Bío Bío, concentra uno de los más altos índices de cesantía y pobreza a nivel nacional.
        Si bien, la variable pobreza en el mundo pentecostal es central para un más completo análisis, la variable prioritaria que me interesa compartir aquí es la de género, ya que estas iglesias son compuestas mayoritariamente por mujeres de todas las edades.
        Sin embargo, aún cuando son ellas las que les dan vida a sus iglesias, estas no las lideran formalmente(6), menos aún toman decisiones relevantes para el quehacer de sus congregaciones. Las funciones de las mujeres, están definidas considerando la división sexual del trabajo basada en la cultura patriarcal, por lo que en general, ellas son las responsables de labores que se entienden como prolongaciones de las tareas reproductivas y domésticas. Esto se refuerza con un discurso hegemónico en cuanto a la diferencia entre hombres y mujeres que resalta la superioridad masculina, apoyado en relatos bíblicos que imponen el orden siguiente: Dios como cabeza del hombre y el hombre como cabeza de la mujer(7).
        Aún cuando existe un discurso que limita el accionar de las mujeres, éstas desarrollan un Ministerio(8) independiente, generalmente desde la agrupación de “Dorcas”, que es la instancia de encuentro semanal sólo entre mujeres adultas, donde realizan un culto breve que es enriquecido con testimonios de la vida personal y familiar, generalmente con historias dramáticas pero con finales tranquilizadores. Este culto femenino suele terminar con un espacio de convivencia grupal, alrededor de una once o mateada, momento que dedican además para realizar u organizar diversas tareas de interés del grupo, las que van desde el aprendizaje de manualidades, hasta el trabajo con la comunidad, generalmente de carácter asistencial.
        Si bien es cierto, que las mujeres pentecostales no tienen mayor ingerencia en las decisiones de carácter político y estructural de sus iglesias, estas si pueden participar en la mayoría de las actividades de su congregación de manera activa. Pueden dirigir el culto (la liturgia), predicar (impartir un sermón), dirigir oraciones en público, ungir a los enfermos, dar profecías, pasar la ofrenda, ser porteras(9), maestras de la escuela dominical(10), secretarias de la iglesia, organizadoras de eventos, es decir, cumplen con la mayoría de las funciones de la iglesia, excepto la toma de decisiones institucionales y/o políticas. Sin embargo, esta diversa participación, contrasta con algunas creencias religiosas que impiden su participación activa cuando las mujeres se encuentran en su período menstrual. Otras restricciones cada vez menos comunes son referentes a la presentación personal, que mandatan “no mostrar el cuerpo” (hombros, piernas y pecho), no usar excesivos adornos como joyas o maquillaje. Cabe destacar, que esto generalmente varía de congregación en congregación, donde podemos encontrar iglesias que obvian estas prácticas, así como otras que se adhieren rígidamente a estas.
        Como ya mencioné anteriormente, la heterogeneidad de estas iglesias es una característica común. Por ello, la diversidad de funciones que pueden cumplir las mujeres variará según lo determine el Pastor u Obispo de cada denominación, pudiéndose encontrar iglesias muy restrictivas y otras más permisivas en las funciones eclesiales que desarrollen las mujeres. A pesar del liderazgo institucional del Pastor y/o sus ayudantes (casi siempre hombres), existen mujeres que se destacan en las iglesias por su liderazgo informal, que se plasma en la conducción de múltiples actividades inter iglesias o con la comunidad. En la mayoría de los casos, este liderazgo lo representa la esposa del Pastor o Pastora(11) y en ocasiones llega a influenciar lo suficiente a su iglesia como para desarrollar variadas actividades que escapan a lo estrictamente evangelístico.
        Si bien, el fenómeno pentecostal ha sido de gran interés en el mundo de la teología y más recientemente para disciplinas como la historia y la sociología, estos estudios no han relevado la percepción que tienen las mujeres acerca de la misión de la iglesia, aún cuando son ellas, las encargadas -implícitamente- de mantenerlas en funcionamiento.
        El estudio se realizó con mujeres pertenecientes a comunas del gran Concepción de la región del Bío Bío, que es la que presenta mayores adeptos a estas iglesias a nivel nacional.
        Desde el lugar que me otorga el hecho de estar vinculada a esta iglesia, pretendo proponer algunas líneas de análisis que ofrezcan una comprensión del fenómeno pentecostal desde la psicología social comunitaria.
       
Participación

        Las iglesias pentecostales son comunidades, conformadas por un grupo de personas que se relacionan cotidianamente, en donde sus miembros se conocen lo suficiente como para desarrollar lazos afectivos. Comparten una ideología de vida y tienen un fuerte sentido de pertenencia a esta institución eclesial, la cual les concede un conjunto de significados a sus vidas. Este sentido no es sólo de orden espiritual-trascendental, sino que también social, puesto que es un grupo humano acogedor, reconfortante y cariñoso, que re-conoce a las personas y les devuelve dignidad, esperanza y amor. Por la existencia sólida y continua de solidaridad, cooperación y reciprocidad, se puede señalar que el capital social es una característica nuclear de estas iglesias.

“...en mi iglesia me conocen todo, toda mi historia, y ellos fueron los primeros en apoyarme, ayudarme, entonces hay agradecimientos hacia ellos, y a Dios, por cortar estas cadenas que me tenían atadas” (Silvia)

“A mí los hermanos me ayudaron bastante, en lo material también, incluso me arreglaron mi casa, y eso yo lo aceptaba porque lo necesitaba, si habían inviernos que la casa casi se caía...... porque como yo le decía que me habían sacado un ovario, una tremenda operación que me hicieron a mi, entonces yo no podía trabajar ni nada, entonces ahí yo aceptaba todo, pero cuando recuperé mis fuerzas, cuando estaba bien, ya le dije a los hermanos que no necesitaba nada más, porque habían otras personas peores que mi. Entonces, ahí ya empecé a trabajar y a ser otra”.(Silvia)

Es esta comunidad un lugar de reunión participativa que en el decir de Ferullo de Parajón (2006) permite múltiples manifestaciones: las mujeres son parte, tienen parte y toman parte. Podríamos sugerir que ellas “hacen” la iglesia,  pues esta comunidad acogedora les otorga un sentido de pertenencia en el cual desarrollan lazos sociales sólidos, sintiendo un sostén que las acompaña y apoya especialmente en momentos difíciles.
También las mujeres “tienen parte” específicamente desde el lugar de las Dorcas, grupo consolidado dentro del movimiento pentecostal y que goza del respeto de la comunidad evangélica.
Las Dorcas se encargan de darle vida a la iglesia en sus aspectos domésticos y evangelísticos. Su participación es bastante amplia y movible; asisten diariamente o día por medio al culto vespertino en el que pueden coordinar (hacen la liturgia), predicar, ser porteras(12), pasar la ofrenda, dirigir oraciones, ser jefas de coro, jefa de panderos. Así también se encargan de organizar la limpieza y ornato del templo, visitar a enfermos/as conversos e inconversos, predicar al aire libre, organizar y participar de los distintos sistemas de oración(13).
Podemos ver que los roles de las mujeres siempre son de servicio, manifestación de la división sexual del trabajo, típica de una sociedad patriarcal, que en este caso se mantiene y se refuerza cuando las mujeres se dedican a servir a Dios, a la Iglesia, a su familia y a su prójimo.

“...las mujeres siempre hacen todo (risas) Los hombres no hacen nada. La mujer se hace el tiempo........años atrás las mujeres no podían coordinar, hay mujeres que predican, que levantan oraciones, que ungen. Por lo general la mujer es la que unge....porque por lo general el hombre se preocupa de trabajar, de hacer horas extras,  y se juntan una vez a las miles, y no llegan todos.”(Karen)

En todas estas actividades pueden participar mujeres y hombres, sin embargo, como las iglesias son compuestas mayoritariamente por mujeres, se observa más participación femenina. Esto ocurre porque los hombres pentecostales son los que, en general, trabajan remuneradamente fuera del hogar, lo cual se constituye en una dificultad para que concurran cotidianamente a la iglesia. Por lo tanto, estos se remiten prácticamente a asistir al culto vespertino de los fines de semana.
La participación en las iglesias pentecostales está abierta a todas las personas sin distinción alguna de edad, género, raza, clase; excepto para los cargos más altos en la jerarquía, que suelen ser ocupados por hombres.

“...(las mujeres) tienen la oportunidad de hacer cualquier cosa. Antiguamente no se le permitía a la mujer subir al púlpito, tenía que quedarse en una mesita abajo del púlpito y ahora no. Y ahora la mujer predica en el púlpito. Hay mujeres que son  presidentas de Dorcas, presidentas de jóvenes y también presidentas de los grupos de cuerpos de instrumentos, entonces no hay restricción......(desde) hace ya serán unos 10 años.....la mujer se encarga del aseo, del ornato del templo .....cuando la misión le dio la oportunidad a la mujer para que predique en el púlpito, hacen como 10 años.....(este cambio se dio) porque los pastores fueron estudiando, entonces, mire, no es por engrandecer, sino que con toda humildad lo voy a decir, que mi esposo fue el que mas luchó para que eso se diera, porque él decía que no podía ser que la mujer estuviera predicando abajo en una mesa. Entonces se fue conversando, conversando con el directorio de la misión y al final dieron la oportunidad para que la mujer predicara, pero en algunas iglesias estuvieron meses sin aceptarlo, pero ahora gracias a Dios las mujeres están predicando en el púlpito”.(Yolanda, esposa de Pastor)

Sin embargo, la igualdad de oportunidades no ha sido una constante, ya que en el pasado fue muy común que las mujeres no tuviesen acceso a participar activamente en los cultos. Las iglesias que aún sostienen esta práctica suelen basarse en el texto bíblico que mandata que las mujeres deben callar en la congregación(14)
En definitiva, se puede decir que son las mujeres las que le dan vida  a la iglesia al realizar todas las actividades necesarias para que esta exista, no obstante, en aquellos aspectos relacionados a la participación política - referida a la toma decisiones- vemos que la inclusión de las mujeres es bastante marginal, dejando este espacio preferentemente para los varones y su pastor. En este sentido podemos decir que el panorama es similar al de la sociedad chilena y llega a ser contradictorio con lo que señalan algunos autores, especialmente López (2000) al decir que la iglesia no hace diferencias entre sus miembros.

“...cada uno tiene su trabajo dentro de la iglesia, por ejemplo los varones, el pastor tiene su junta de diáconos que son hombres y ellos organizan el trabajo para la iglesia, el trabajo espiritual y el material y ellos trabajan y tienen un cuerpo de predicadores, ellos predican y los trabajos materiales también, nosotros ahora estamos construyendo comedores, ahí trabajan hermanos igual vienen hermanas que cooperan y ayudan. El pastor con sus diáconos planifican todas las actividades e informan a las directivas que son entre hermanas y varones...”(María)

“...a la esposa del pastor se le dice pastora por respeto no más, pero uno no tiene ninguna participación ni ninguna autoridad dentro de la iglesia. Hay un encargado que está después de mi esposo que es el oficial de turno, o jefe de turno que lo llaman. Él viene después del pastor, todo hay que consultárselo a él. Yo no tengo ninguna autoridad en la iglesia. Y en todas las iglesias es lo mismo…de la misión” (Yolanda)

Poder

El poder que las mujeres tienen es el poder de Dios que les es entregado para que lo usen con fines de sanar, cambiar a las personas y reprender/resistir al mal. Es decir, este poder es transferido a los y las cristianas para que desarrollen el trabajo santo que va en beneficio de la construcción de un mundo en el que reine la bondad, la salud, la vida, donde las primeras responsables son las mujeres. Es quizás por esto mismo que son ellas los principales instrumentos de sanación, a través del ungimiento que es un ejercicio de poder divino (Andrade, R., 2008). Incluso llegan personas externas a la iglesia a solicitar que se ore por ellas para conseguir salud.
La sanidad puede ser de tipo físico o mental, e incluye en ocasiones milagros, es decir, sanación de enfermedades incurables o de difícil cura. Generalmente, en los cultos se realiza una oración especial por los y las enfermas. En esa oportunidad las personas pasan adelante a los pies del altar y se arrodillan para ser ungidas por otras hermanas/os que piden a Dios la sanación para la persona.

“...Te damos gracias por esta joven Paola que nuevamente ha llegado a ti, te pedimos que tu misericordia se mueva a favor de su vida.....como aquella mujer que sufría del flujo de sangre, ella solamente creyó en tu palabra  y creyó que solamente con tocar el borde de tus vestidos sería sana, aquella mujer puso el esfuerzo, aquella mujer puso la fe y creyó y no solamente recibió sanidad, sino que también recibió salvación, por eso clamamos y pedimos en esta hora Señor, que tu bendigas a esa varona por misericordia. También le presentamos a la hermana Isabel, usted conoce la situación de su hija, es una enfermedad terrible Señor, una enfermedad en que puede quedar con secuelas o se puede ir en la operación. Hemos creído en un Dios poderoso, que ha santificado a muchas de nosotras Señor, muchas veces se ha manifestado tu poder en nuestras vidas....”(oración por enfermas, dirigida por la Pastora que dirige la congregación)

El otro propósito para el cual se usa el poder de Dios es para cambiar a personas que se encuentran en un camino de dolor, de desesperanza, perdición, generalmente asociado a la droga, la delincuencia, la pobreza, el desamparo. Se pide a Dios que tenga misericordia de estos para que transforme sus vidas, les proteja, les transforme y les traiga a su redil. He aquí un ejemplo de oración para que Dios con su poder ayude a estas personas desdichadas:

“....clamamos y rogamos por ellas, cualquiera que sea su situación, su problema Padre, poder tiene usted para restaurar para levantar..... si alguno estuviese enfermo padre, usted tiene poder para obrar sobre sus lechos maestro de la gloria, Dios del cielo yo le clamo, le ruego en esta hora también, como mencionaba mi hermana Señor, Dios mío cuántos jóvenes que están perdidos en la droga, Dios del cielo, cuántas madres que padecen, que sufren!, padre mío de la Gloria, oh Dios del cielo, pero sabemos que usted es el único que libera, que corta cadenas, que cura, usted es el único que puede obrar en aquellas vidas, porque no hay hombre en esta tierra que nada pueda hacer, Dios de los cielos. Padre Santo, rogamos y clamamos también por el hospital, clamo y ruego por aquellas madres que quizás están dando a luz Dios del cielo, cuántas que tienen problemas, dificultades para poder tener sus bebés, Dios del cielo, clamamos a usted mi Cristo, para que usted les ayude, rey de la Gloria. Clamo Dios mío señor amado, si mi hermana Isabel ha sido intervenida, esperando Dios mío que hayan sido las manitos suyas Dios padre las que han ido obrando Dios mío Señor amado, allí sobre su hija, aumente la fe de su familia, la confianza, porque todas las cosas están en sus manos Dios del cielo, de usted emana la vida padre mío de la gloria, por misericordia, clamamos por el huérfano, por la viuda, por el desamparado, Cristo de la Gloria, oh padre mío por favor que su poder es divino se glorifique y en cada situación, en cada familia, porque usted ve más allá de lo que nosotros podemos ver Cristo de la Gloria....”(dorcas, oración por el prójimo)

Y el tercer aspecto para el cual se usa el poder de Dios es para reprender al mal que permanentemente se les presentará a los hijos/as de Dios, debido a que el Diablo persigue a los/as creyentes para hacerles caer. Con el fin de evitar esto último, las pentecostales deben estar en constante consagración para tener la fe y la fuerza suficiente que les permita lograr reprender al mal. El poder de Dios ayudará a las personas a tener una vida en paz y protegida de los problemas propios del barrio.

“El poder de Dios hace lo imposible.....nos da poder para reprender al Diablo, las malas finanzas que nos llevan a la pobreza. Dios nos da autoridad, a veces son espíritus los que se apoderan de la mente, del hogar.....como se dice, no peleamos con personas, sino que son espíritus, potestades. Con el poder de Dios hacemos lo imposible, lo que para la mente humana es imposible.......para llevar una vida victoriosa, en paz”. (Karen)

 

 

 

 

Prácticas de poder

Para mantener una vida consagrada, es decir, una vida en el mundo del Bien, es necesario cumplir con algunas responsabilidades o deberes propios de un/a cristiano/a. Lo más evidente es la responsabilidad de orar. La oración es una forma de comunicación directa con Dios, como una conversación común que no tiene un orden rígido y tampoco sigue una pauta o estructura formal, a través de la cual se le agradece y/o pide por necesidades propias o del mundo. Se trata de una actividad personal y cotidiana que a veces se relaciona con el clamor, que es un acto de habla que consiste en estar permanentemente recordando a Dios lo que la persona necesita.

“Donde nosotros andamos pedirle a Él, ayúdame en este día, guarda mi mente, guarda mi boca, guarda mis pasos para que yo no pueda fallarte”. (Dorcas)

Otra de las responsabilidades es asistir al culto. Esta idea se afirma en un texto bíblico que señala que es necesario congregarse y mantenerse firmes en la esperanza de que Cristo vuelva a la tierra.(15) La asistencia al culto es un acto obligado para quienes profesan la fe evangélica. En el culto mismo es donde la persona dedica un momento especial del día para adorar a Dios, orar y organizar las actividades de la iglesia.

“...es conveniente congregarse, es que ahí está la unificación poh, venir a orar, de salir a visitar, a mi me gusta mucho salir a visitar con las hermanas.......Hemos ido a muchos hogares donde Dios ha hecho muchas cosas. No es por alabar a la iglesia ni a mis hermanas, pero  ha hecho muchas cosas el Señor”. (Juana)

Los/as pentecostales se caracterizan por realizar varios cultos en la semana(16). El congregarse cotidianamente es lo que permite el desarrollo del capital social, toda vez que uno de los elementos básico de este es la confianza, actitud que se desarrolla gracias al contacto cara a cara permanente entre las personas (Durston, 2003). Por eso se puede llegar a decir que la iglesia se conforma en una especie de familia-comunidad, porque sus miembros logran construir un gran sentido de pertenencia e identidad con este grupo.
Por otra parte, predicar el evangelio a las personas inconversas será una de las responsabilidades sociales más importantes, puesto que se trata de un mandato bíblico, que busca atraer cada día más adeptos al camino de la salvación. Por ello, una práctica rutinaria de la iglesia es predicar en la calle a quienes se encuentran en un camino de perdición; de destrucción.

“...orar por ellos, que aquellos hermanos escuchen la palabra del Señor, porque dice que humanamente nada podemos hacer sino que el espíritu santo es el que nos salva del pecado. Entonces qué más puede llegar al corazón del hombre y la mujer, el espíritu santo. Entonces hay que orar por ellos, interceder entre sus corazones, igual predicar la palabra del Señor, sentir amor....porque eso te lleva a predicarle con amor, dice que aunque todos lo hiciéramos, yo puedo salir a predicar pero lo hago con amor, por eso yo le pido al Señor que coloque esa alma, esa pasión, sin amor de nada nos sirve.... por aquella alma que pueda sentir el sufrimiento que también siento porque ellos sufren más que nosotros... están en una vida mal, sentir los golpes, sentir la droga igual tengo familiares que están en eso, un día el Señor nos va a llamar porque El dice, tenemos la esperanza que va a ser así....” (Olga)

Y la lectura individual o colectiva de la Biblia será otro acto para el crecimiento espiritual, que se debe realizar en el cotidiano vivir para conocer profundamente los designios de Dios y así actuar guiados por la ley divina.

“Orando y leyendo la Biblia, de esa manera una adquiere la sabiduría y pidiéndosela a Dios también” (Magdalena)

Otros actos son: ayunar, dar testimonio, visitar a personas que necesiten del mensaje de Dios y cantar o alabar a Dios. Son actividades que se pueden realizar en casa o en la iglesia, lo importante es que la persona incorpore a su vida cotidiana estos hábitos de consagración.
                    Todos estos comportamientos le permiten a su vez recibir o estar conectadas con el Espíritu Santo, que sería aquella parte de Dios que guía a las personas para que puedan actuar conforme a la voluntad de este. A su vez, el espíritu santo se manifiesta en las personas con dones,  que es un regalo que hace Dios a las personas que lo aceptan en su vida, y que siempre está en relación con una forma de servir a Él.
El don más común en las mujeres, como ya lo señalé, es el don de sanación a través del ungimiento o imposición de manos. Este don, las mujeres lo pueden ejercer en la iglesia en el momento de la oración por los enfermos/as, cuando acuden a visitarlos a casas u hospitales, o en cualquier lugar o contexto, pues lo importante es ofrecer la sanidad que da Cristo.
Otros dones comunes en las mujeres son el don de sueños y revelaciones. En ambos casos Dios les muestra o les avisa lo que se avecina con el propósito de preparar emocionalmente a las personas. Dios se complace de quienes le siguen y es por esto que les bendice con este don que permite prevenir, comprender, cerrar procesos, abrir otros, etc.

“Señor ¿por qué te lo llevaste? Yo quiero saber el por qué te lo llevaste” y al tiempo el Señor en sueño me habló y me dijo por qué se había llevado a mi hijo” (Magdalena)

Finalmente, los dones de hablar en lenguas, discernimiento (ser capaz de conocer lo que le sucede a una persona sin que esta se lo haya contado) y profecía, también se presentan con mucha frecuencia en las y los pentecostales. Quienes gozan del don de discernimiento, deberán dar testimonio de este para enriquecer la fe de otros/as, ya que se trata de un don que se vivencia individualmente, es decir, Dios les habla en privado. No ocurre lo mismo con el don de lenguas y profecía que se expresan generalmente de manera pública donde Dios usa a la persona para enviar un mensaje a su iglesia.
Estos dones constituyen una expresión del poder de Dios, que es entregado a las mujeres y hombres para que realicen el trabajo de este. Es una vivencia religiosa democrática, donde Dios comparte su poder con sus hijos/as, cualquiera sea su condición de clase, de género, de raza, de edad. (Sepúlveda, s/a)

 

Mujeres-Madres

Las mujeres pentecostales tienen una relación con la iglesia que es cotidiana y se caracteriza por ejercer roles reproductivos, es decir, de servicio y cuidado a otros. Sus vínculos se remiten al espacio de la iglesia y sus familias, y prácticamente no participan activamente en otros grupos o instituciones seculares, es decir, el espacio público desaparece como un espacio de interés y de vivencia cotidiana. La iglesia se conforma en un lugar privado, íntimo y familiar que ellas deben cuidar al igual que como lo hacen con sus familias.
Al saber que la iglesia es un lugar protegido del mal, se deseará acarrear a las respectivas familias para que se salven de los peligros que tiene el mundo y sean beneficiados por las bondades de Dios. Esta función la cumplen hablando a sus familiares de la obra divina, orando y ayunando para que Dios tenga misericordia de estos/as.

“....Dios me usó a mi para llegar a él, y yo le hablaba, y él de repente lloraba y sentía que era Dios el que le estaba hablando, no era yo, porque a veces me quedaba callada y no sabía qué era lo que le estaba hablando. Entonces por las palabras que yo empecé a decirle, a presentarle mas que nada quién es Dios para uno, qué es lo que hace Dios en uno, entonces él de a poco fue escuchando lo que yo le conversaba y de repente aceptó venir a la iglesia y fue el llamado de Dios también, porque Dios empezó a tratar con él, él dejó sus amistades a un lado, no tomaba en exceso pero igual fumaba y se tomaba sus tragos, y empezó a dejar todo eso”.(Karen, sobre su esposo)

Pero no basta con su preocupación espiritual, pues las mujeres también deben cumplir con éxito tareas de administradoras del hogar, tratando de ser eficientes, ahorrativas y creativas. Casi todas las entrevistadas no trabajan remuneradamente, siendo su ocupación principal las labores domésticas. Muchas de ellas han optado por quedarse a cargo de la crianza, para “asegurarse” de que sus hijos/as estén a salvo “del mal”, en consecuencia, ellas se encargan de la enseñanza de valores, realizan las tareas del hogar, cumplen con sus funciones de apoderada. En definitiva desarrollan principalmente labores de madre y de “buenas” dueñas de casa.
Todas estas actividades son reforzadas en el grupo de Dorcas que es la instancia en la que se reúnen sólo las mujeres adultas, generalmente casadas y con hijos/as para realizar un culto y actividades sociales (onces, talleres, charlas). El espacio de Dorcas es organizado en su totalidad por estas, siendo común que las esposas de los pastores ocupen un lugar de relevancia o autoridad dentro de este. No obstante, una de las cuestiones más importantes de este grupo es que se construye desde y para las mujeres, lo que les confiere una identidad particular a quienes forman parte de este grupo. A su vez, la instancia de Dorcas sirve para re-educarse respecto de las labores de una mujer que cumple roles de madre y esposa. Ellas reconocen que en este lugar aprenden mucho para poder funcionar en la vida cotidiana.

“Si usted tiene a su madre cerca, ¡Disfrute a su madre!,¡Disfrute a sus hijos!. A veces no sabemos disfrutar a nuestros hijos.... solamente a veces nos vamos en retarlos, en alegar contra ellos, pero no disfrutar que nuestros hijos, a pesar de que sabemos que ellos tienen su lado malo, ¡Son nuestros hijos! Y algún ladito bueno tienen que tener. El Señor nos bendiga. Aprender a disfrutar nuestros hijos si somos hijas del Señor”. (Dorcas Costanera)

“...el Señor es un Dios grande y nos ha hecho buenas administradoras, porque guardamos para lo que nos queda de resto de mes, y eso ¿a quién se lo debemos? A nuestro Jesús. A lo mejor usted ha ocupado la mitad de una cebolla y le va a durar porque sabe que no es una mujer derrochadora, porque el Señor nos ha enseñado como administrar nuestro hogar. Ame lo que tiene, entienda lo que tiene..... Ame a sus hijos, usted entréguele amor...” (Dorcas Costanera)

La liturgia de las Dorcas tiene la misma estructura que un culto vespertino, la diferencia radica en que en esta oportunidad son las mujeres las que hacen todo; coordinan, predican, dirigen oraciones, ungen a enfermas y hablan públicamente ofreciendo algún testimonio. Es común que este espacio también se use para realizar charlas dictadas por el consultorio, por una organización no gubernamental o alguna institución de gobierno. Además, se suelen realizar talleres de manualidades y onces para compartir en otros ámbitos de la vida que no sean únicamente espirituales.
Las Dorcas serán “naturalmente” las encargadas de las labores de servicio que requiera la iglesia. Esto implica detectar necesidades y organizar la forma de dar respuesta a estas. Como son principalmente las mujeres las que van a visitar enfermos o personas que requieren de apoyo espiritual, son ellas las más informadas sobre las necesidades existentes. En algunas iglesias incluso hay instancias formales de ayuda a la comunidad, siendo uno de ellos el ministerio de las primicias, que consiste en reunir provisiones para hacer canastas familiares contundentes que luego se entregan a las familias que más lo requieran, incluyendo a familias que no asisten a la iglesia. Otro ejemplo es un encuentro nacional de mujeres donde se definen y planifican las actividades comunitarias que desarrollarán las Dorcas durante el año. Allí se decide, por ejemplo, llevar abrigo a hogares de ancianos, hacer onces en hogares de niños/as, entre otras. Lo importante a destacar es que esta ayuda comunitaria no es una acción improvisada, sino que forma parte del trabajo cristiano de las mujeres.

“....vamos a ver a los niños a hogares de menores, vamos a dejar cosas que ellos necesiten, útiles de aseo, también hemos ido a hogares de ancianos, hacemos visitas a los hospitales. Y lo otro también que se hacen obras sociales en distintas poblaciones en que uno ve que hay más necesidad, allá vamos. Ahora, no hace mucho, el 28 de mayo se hizo una obra social allá en Defensa del niño, allá abajo en el morro.........se le llevan víveres, canasta como se dice. Ropa, a los niños se les lleva golosinas, y eso se le entrega a los hermanos. Y ese es el rol que cumple la mujer, la Dorca.....La palabra de Dios dice que tenemos que ayudar el necesitado. Entonces nosotros vemos la necesidad que tiene la hermana, la necesidad que hay en su barrio, y ella la comunica, tenemos reuniones también cada tres meses y ahí vamos analizando los trabajos que podemos hacer....”(Yolanda)

Tolerancia, Fe y Esperanza

Cuando se les consulta a las mujeres para qué van a la iglesia, existe un consenso en cuanto la mayoría señala que van para agradecer a Dios lo que ha hecho en sus vidas (salvarlas del mundo) y para pedir que responda algunas necesidades de ellas y/o de su entorno.
Estas necesidades generalmente se refieren a la salvación de pecados que oprime a las personas y el cuidado de los hijos/as (los y las convertidas) que implica evitar caer en caminos profanos. Hay que recordar que las personas conversas no están a salvo del mal y por lo mismo requieren mantenerse en constante consagración.
En relación a esto último, las mujeres refieren que estar cerca de Dios les permite resistir de mejor manera los problemas. Incluso señalan que no existen grandes diferencias entre la vida de las personas “mundanas” y las evangélicas. La diferencia esencial radica en que quienes están cerca de Dios tienen la esperanza de que los problemas serán superados. Ellas permanentemente piden en sus oraciones a Dios que les de fuerza y que las mantenga con ánimo. Esta fuerza la necesitan para resistir y mantenerse en pie, mientras los problemas pasan. De alguna manera se puede observar una actitud pasiva ante los problemas que enfrentan, una actitud de resignación y/o de tolerancia.
Ellas señalan que la gente del mundo es derrotada con mayor facilidad, cayendo rápidamente en conductas “maliciosas” como serían la delincuencia, las drogas y el alcohol, la depresión y/o enfermedades; en definitiva, la muerte.

“Entonces el Señor le dijo: ten ánimo, no le dijo eres sana, le dijo ¡ten ánimo!, tu fe te hizo salva. Entonces lo que nosotros tenemos que tener es ánimo, el Señor nos está diciendo que si tenemos algún problema, alguna necesidad, el Señor le dice ten ánimo, ten ánimo, ten ánimo!! porque yo voy a estar con tus problemas, pero ten ánimo, sigue adelante, sigue orando, sigue buscando mi presencia, ten ánimo porque yo voy a restaurar tu hogar, porque yo voy a traer a tu hijo, pero ten ánimo, busca mi presencia y sigue adelante y no decaigas, no bajes tus brazos. Ten ánimo porque en tu necesidad yo voy a estar contigo, pero ten ánimo”. (Dorcas)

La esperanza y tolerancia de las mujeres se respalda en la idea de que Dios es todopoderoso y en consecuencia, si ellas están al lado de él, es decir, comportándose de acuerdo “al bien”, serán respaldadas por un Dios que todo lo puede. Responde a sus necesidades, las escucha y conforta permanentemente, las valida, las cuida, las ama, las protege. A su vez, esta imagen de Dios está directamente relacionada con el poder supremo. Al estar ellas cerca de la divinidad, se les concede poder para generar los cambios que ellas necesitan. Este poder, en general, lo usarán o les servirá para seguir cumpliendo con su rol de madres sanguíneas y madres espirituales, lo que nos da cuenta de una ética construida en torno a valores como el amor al prójimo, la postergación de sí mismas, la preocupación y ocupación por los demás, la solidaridad, la cooperación.

“...vamos al hospital, siempre tenemos trabajo, siempre estamos en la iglesia en esas cosas, todo el año, visitas, ir a los hospitales, por ejemplo también traemos cosas al templo y repartimos a los hogares con mayor necesidad....son 5 canastas en el mes, no canastitas si, canastos grandes, y uno suple a los hogares que están sin trabajo. Esto lo organiza la iglesia, pero como nosotras salimos más a visitar alrededor y vemos dónde hay más necesidades y eso se hace en común acuerdo con los pastores......(vamos a donde) nos piden por ejemplo y nosotras vamos, no somos sectaristas, donde nos requieran nosotras estamos” (María)

       La construcción femenina en torno a la maternidad es la que las insta a preocuparse de su entorno y trabajar para que el pecado se erradique de la tierra. Trabajan para alcanzar el modelo de la gran madre, la madre tierra o la pachamama, que ocupa un lugar sacro como dadora de vida y mantenedora de la vida (Montecino, S., 1996). Ideas naturalizadas, escasamente prestigiadas y que sostienen sistemas abusadores, los que evidentemente facilitan el desarrollo de enfermedades de todo tipo.

 

Conclusiones

Lo público y lo privado articula a la sociedad jerarquizando los espacios, donde las actividades más prestigiosas las realizan los hombres en el espacio público (Amorós, C., citado en Andía, B., 2007). A las mujeres se les socializa para “hacerse dueñas” del espacio privado, donde predomina el poder de los afectos, de lo reproductivo y lo doméstico, todo lo cual no goza de prestigio alguno.
La iglesia -que podría representar un espacio público- se transforma en un lugar privado en el sentido de que estas se apropian de este espacio ocupando los mismos roles que asumen en sus casas. En otras palabras, la inserción en la iglesia se constituye en una ampliación del espacio privado, entorpeciendo la integración al mundo público, que sería el espacio de reconocimiento y que está relacionado con el poder.
De este modo, la relación que las mujeres construyen con la iglesia se asemeja a la relación familiar, especialmente de una familia nuclear tradicional. Es por eso que el patrón: mujer/roles de servicio y hombre ausente/proveedor, se transfiere también a la familia espiritual. Tal como propone Montecino (1996), tenemos acá a una madre sola con la figura de un hombre ausente físicamente, pero omnipresente y poderoso, que en este caso se representa en el hombre intangible que es Dios y en los hombres tangibles que son el Pastor y los varones de la iglesia.
        Entonces, si bien las mujeres amplían su horizonte de vida al extender sus tareas para la evangelización del mundo, este horizonte sigue estando limitado por los roles que ellas cumplen, que metafóricamente se pueden representar como la gran familia espiritual que tiene a hijos e hijas perdidas en el mundo y  una(s) gran(des) madre(s) -que no se cansa (n) de esperar y ayudar a sus hijos descarriados - y realiza todos los esfuerzos posibles por traerlos de nuevo al hogar. Estas tareas naturalizadas e invisibilizadas se constituyen en su límite y confinamiento, evitando el desarrollo de su potencial humano. Son los llamados “espacios puente” de los cuales habla Del Valle (1991), espacios que se generan producto de la insatisfacción que tienen las mujeres al estar constreñidas en el espacio privado, y que, en el caso de las pentecostales se intenta resolver saliendo a la calle a evangelizar, pero con los mismos roles femeninos escasamente prestigiosos: servir, en tanto se es madre biológica o simbólico-pública.
        Estos tradicionales roles de servicio que las mujeres amplifican a este nuevo lugar, logran un mutuo reconocimiento en el espacio privado de las Dorcas. Pero sigue siendo un reconocimiento invisibilizado que sólo ven ellas, las idénticas como dice Amorós (citada en Andía, B., 2007), en el espacio de lo indiscernible, es decir, de aquello que no se puede distinguir. La única diferencia entre el antes y el ahora, es que estando en la iglesia, las labores de servicio tienen un sentido de mayor trascendencia, lo que se refuerza en las Dorcas, quienes dignifican el rol de servicio y sufrimiento, representado en la figura de María madre de Dios. 
        Si bien la participación de las mujeres en la iglesia es bastante amplia y democrática -a diferencia de otros credos religiosos- refuerza ideas y prácticas que las mantienen en estos roles escasamente prestigiosos y sin posibilidad de participar en la toma de decisiones de índole política que tienen las iglesias. Por ejemplo, en uno de los cultos de Dorcas, las mujeres avisan que pronto se realizará la reunión de la corporación para definir los estatutos. Como a esta reunión deben asistir muchas personas que no alcanzarán en el pequeño templo y no han logrado conseguir otro lugar más amplio para realizar esta reunión, la jefa de las Dorcas comenta una conversación que tuvo con el encargado de este evento, ante la cual ella responde: “Bueno aquí se hará si así lo quiere el Señor, aunque estemos allí afuera nosotras, pero nosotras recibir la visita con amor”. O sea, no importa que las mujeres no participen de la convención, lo relevante es que los hombres y las visitas se prioricen. Esto es sólo un ejemplo de lo que Del Valle y Amorós han señalado respecto de que las mujeres son las artífices del mundo privado (en este caso el templo) para que otros lo disfruten, reafirmando a su vez la importancia que tiene el espacio público, donde su participación es secundaria o definitivamente innecesaria.
La eterna postergación de las mujeres es a su vez reforzada con relatos bíblicos que se usan con un enfoque machista o neomachista según cree Montecino (2002). Por eso identifico el cambio de las mujeres como de tipo adaptativo- no subversivo como señala Montero (2003)- pues aunque adquieren poder para cambiar su vida o su percepción de esta, e incluso llegan a liberarse de la opresión cotidiana que viven (maltrato, violencia, pobreza)- siguen manteniendo pautas de relación de sumisión ante los varones y por supuesto ante Dios que es un ser implícitamente masculino.
        De este modo, su experiencia pentecostal afecta su identidad de género en el sentido de que resignifica y revalida el rol de servicio, potenciando la naturalización del rol femenino y provocando un empoderamiento desde esta identidad perenne que se vuelve a invisibilizar cuando las mujeres salen a la calle a hablar en nombre de Dios, a hablar del otro, protegida por este otro. No se convierte ella en una actora social para hablar de sí misma, desde sí. Por eso me atrevo a señalar que este empoderamiento es más bien un seudo- empoderamiento, ya que las mujeres realizan todas estas transformaciones desde el mismo paradigma identitario femenino: servir en tanto se es mujer-madre.
        Sólo me atrevería a hablar de empoderamiento como tal, cuando las prácticas de las mujeres les den la libertad política de decidir por sí mismas, liberadas de la idea naturalizada de servir a los demás y postergarse eternamente; cuando dejen de ser las encargadas de construir y mantener el espacio privado para que otros lo disfruten y logren privacidad con espacios para el propio goce; y cuando participen en las decisiones que les afectan.
Hasta ahora, las mujeres han conseguido un empoderamiento relativo y es quizás por ello que siguen necesitando fuerza divina para resistir o tolerar los problemas y las angustias. Ha sido gracias a la fe y la comunidad de las idénticas quehan logrado continuar en sendas adaptativas, acorde a los roles marianos. Creo firmemente que las mujeres pentecostales necesitarían primero liberarse de la imagen de “gran mujer- gran madre”, para llegar a ejercer una práctica religiosa liberadora y honestamente participativa.

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

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Del Valle, Teresa. 1991. “El espacio y el tiempo en las relaciones de género”. Extraído de:http://www.archivochile.com/Mov_sociales/mov_mujeres/doc_gen_cl/MSdocgencl0006.pdf
Durston, John. 2003. “Capital social parte del problema, parte de la solución, su papel en la persistencia y en la superación de la pobreza en América Latina y el Caribe.” En Atria R. y Siles, M. (Eds.) Capital Social y reducción de la pobreza en América Latina y el Caribe: en busca de un nuevo paradigma (147-202). Chile: Libros de la CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe y la Universidad del Estado de Michigan.
Ferullo de Parajón, Ana. 2006. “Cap. 1 Una aproximación al tema de la participación desde la psicología”. “Cap. 2 Poder y participación: una unión inseparable”. En El triángulo de las tres “p”. Psicología, participación y poder (31-76). Buenos Aires: Paidós, Tramas Sociales

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Sepúlveda, Juan.1999. De peregrinos a ciudadanos. Breve historia del cristianismo evangélico en Chile. Chile: Fundación Konrad Adenauer y Facultad Evangélica de Teología, Comunidad Teológica Evangélica.

 

 

 

 

Notas


1) Este artículo está basado en un extracto de mi tesis de Magíster en Psicología Comunitaria, Universidad de Chile, denominada: Significado de la experiencia religiosa de mujeres pentecostales y su relación con la identidad de género.

2) Psicóloga, Magíster en Psicología Comunitaria. Docente Universidad de Concepción, Chile. ziorellana@udec.cl.

3)Esta forma de proceder va cambiando lentamente, ya que cada día se instala con más fuerza la idea de que los estudios teológicos deben ser un requisito para liderar una iglesia. Sin embargo, en la mayoría de las denominaciones aún no es requisito formal.

4)Coronel tiene un 51.99% de evangélicos, Lota 56.97%, Curanilahue 57.4%, Arauco 41.29%, Lebu 48.28%, Cañete 40.13%, Los Alamos 57.19% y Tirúa 42.19%. Instituto Nacional de Estadística [INE], 2005. Cuadros Censales. Extraído el 13 de Agosto, 2005: http://espino.ine.cl/CuadrosCensales/apli_excel.asp

5)Pueden encontrarse algunos datos en http://www.mideplan.cl/final/categoria.php?secid=25&catid=124, extraído el 11 de abril de 2009.

6) Existen casos de Pastoras a cargo de iglesias, pero sigue siendo un porcentaje muy bajo y sólo existen en algunas denominaciones.

7) El marido es cabeza de la mujer como Cristo es cabeza de la Iglesia y salvador de su cuerpo (Efesios 5:23).

8) El Ministerio se entiende como una práctica individual o colectiva que está al servicio de la iglesia y la evangelización. Algunos de ellos son la predicación en la calle y/o en el culto, la visita a enfermos o encarcelados, tocar un instrumento musical, entre otros.

9) Se acostumbra a que en la puerta de la iglesia haya una o dos personas encargadas de recibir con un saludo fraterno a toda persona que ingrese, independiente si es o no miembro de esta.

10) La escuela dominical es un ministerio que consiste en la enseñanza y estudio de la Biblia, generalmente dirigida a niños/as y jóvenes.

11) Si bien se le denomina Pastora, esto es sólo una denominación afectiva en tanto esposa del Pastor, ya que formalmente ella no cumple las funciones eclesiales y administrativas que debe cumplir la figura del Pastor.

12)Portera/o es la persona que se ubica en la puerta de entrada al templo para recibir y saludar a cada persona que ingresa. Cuando la iglesia está llena, cumplen funciones de acomodadores/as.

13)Existen las cadenas de oración que consisten en realizar turnos individuales de una hora de oración en el templo. De este modo, durante varias horas en el día hay al menos una persona orando en la iglesia por las diversas necesidades que existen. Otra alternativa es la oración de 12, donde las mujeres asisten a una oración colectiva que se realiza al mediodía en el templo.

14)1ª Corintios 14: 34-35 “...vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación”.

15)Hebreos 10:23-25. “Mantengámonos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que lo prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

16)Se puede encontrar iglesias que realizan cultos todos los días de la semana y otras entre 3 a 4 cultos semanales.