La formación de una nueva mentalidad religiosa de la elite empresarial durante la dictadura militar, 1974-1990. El catolicismo empresarial del Opus Dei.


The formation of a new religious mentality of the business elite during the military dictatorship, 1974-1990. The Opus Dei Catholicism employer.


Fabián Gaspar Bustamante Olguín.i


Recibido el 12-12-2009

Aceptado el 09—03-2010.


Resumen

Este artículo tiene como objetivo comprender las claves de la formación de la nueva mentalidad religiosa de la elite empresarial, nacida durante la dictadura militar, a través del análisis de los postulados de Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, líder y fundador del Opus Dei. La interrogante de este artículo es ¿de qué manera el Opus Dei le imprimió un nuevo ethos cultural y una justificación ideológica al empresariado y a su sistema neoliberal? ¿Cuánto de esa mentalidad religiosa conservadora aportó al proyecto económico de la elite empresarial? De lo anterior, se sostiene que los planteamientos del Opus Dei, basados en la santificación del trabajo ordinario y la justificación que hacen de la riqueza, permitieron sintetizar los valores tradicionales católicos de la elite con las exigencias de la modernización económica capitalista neoliberal.


Palabras clave: Elite empresarial – religión - Opus Dei – dictadura militar.



Abstract

The aim of this paper is to understand the keys to the formation of the new religious mentality of the elite enterprise, born during the military dictatorship, through the analysis of the postulates of Monsignor Josemaria Escriva de Balaguer, leader and founder of Opus Dei. The question of this paper is how does Opus Dei, he brought a new cultural ethos and an ideological justification to the business and its neoliberal system? How much of that conservative religious mentality contributed to the economic project of the business elite? From the foregoing, it is argued that the approaches of Opus Dei based on the sanctification of ordinary work and the justification given to wealth, allowed Catholics to synthesize traditional values of the elite with the requirements of capitalist neoliberal economic modernization.


Key words: Elite enterprise – religion – Opus Dei – military dictatorship.





El trabajo es la vocación inicial del hombre,

es una bendición de Dios, y se equivocan lamentablemente,

quienes lo consideran un castigo.

El Señor, el mejor de los padres,

colocó al primer hombre en el Paraíso,

<<ut operaretur>> - para que trabajara.

José María Escrivá de Balaguer

(Surco, 482)


Introducción.


En el presente trabajo intentaré comprender la mentalidad religiosa de la elite empresarial a través los planteamientos del catolicismo integrista del Opus Dei durante la dictadura militar entre los años 1974 a 1990 en Chile. En tal línea, me parece percibir que una de las características religiosas de la elite, en general, es su catolicismo, cuestión que ha generado una estrecha alianza con la Iglesia Católica durante el siglo XIX y hasta muy avanzado el siglo XX; sin embargo, con el Concilio Vaticano II (1962) y la Conferencia Episcopal de Medellín (1968), la Iglesia adoptó una postura social con los problemas que acontecían en el continente latinoamericano. Tal postura influyó a un sector mayoritario de la Iglesia chilena que formó parte del cambio rápido y global de las estructuras, promoviendo la reforma agraria, la sindicalización campesina y luego, en dictadura la defensa de los derechos humanos y con aquellas fuerzas políticas que luchaban por recuperar la democracia.

Pero durante el pontificado de Juan Pablo II, la Iglesia Católica mundial y chilena han dado un vuelco conservador, preocupándose de temas asociados a una moral tradicionalista, especialmente en materia de sexualidad y familia. Tal como lo sostiene Genaro Arriagada, esto ha tenido lugar con el fortalecimiento de dos congregaciones – Opus Dei y Legionarios de Cristo- quienes han reforzado esa tendencia. De allí que –agrega- “las relaciones entre la elite de la comunidad de negocios y estas dos últimas congregaciones son muy estrechas y se ven fortalecidas por una red de donaciones desde las grandes empresas privadas hacia iniciativa controlada por estos grupos” (Arriagada, 2004:164).

Esta elite de negocios desempeñó un papel fundamental en la consolidación del régimen militar en Chile, incluso tuvo la capacidad de evolucionar más que el mismo régimen. Muchos de los empresarios se sienten identificados plenamente con la dictadura y se han autoasignado el rol de determinar el bien común de la sociedad.

Por cierto, esta elite empresarial asentó su poder en la propiedad de sus empresas – productivas, financieras o de servicios- que han tenido su origen en un patrimonio familiar, en la mayoría de ellas, o bien, en el período de privatización de empresas durante la dictadura militar.

Entenderemos a esta elite empresarial, en efecto, a un núcleo selecto de propietarios directos de las principales grandes empresas del país.

Pues bien, el objetivo de este trabajo es analizar al actor empresarial no sólo como actor económico sino enfocarme en sus creencias religiosas caracterizadas por el catolicismo integrista. Para ello me enfocaré principalmente en el Opus Dei, del cual una parte importante de los empresarios es miembro o colaboradora. En ese sentido, nuestra interrogante es ¿de qué manera el Opus Dei le imprimió un nuevo ethos cultural y una justificación ideológica al empresariado y a su sistema neoliberal? ¿Cuánto de esa mentalidad religiosa conservadora aportó al proyecto económico de la elite empresarial? Frente a la interrogante sostendré que los planteamientos del Opus Dei, basados en la santificación del trabajo ordinario y la justificación que hacen de la riqueza, permitieron sintetizar los valores tradicionales católicos de la elite con las exigencias de la modernización económica capitalista neoliberal. En efecto, el Opus Dei resultó un medio eficaz para racionalizar el comportamiento individual empresarial. A ello sostendré que el Opus Dei sintetizó la teoría y práctica de los valores tradicionales católicos con las exigencias de la modernización capitalista neoliberal poniéndolo como funcional al nuevo sistema. Este cambio en la religiosidad, sumado al carácter refundacional que se autoasignaron, reflejó una revolución los períodos anteriores previos al golpe, y se manifestó no sólo en el ámbito económico sino además social e ideológicamente donde la libertad económica y el conservantismo social y moral no resultaron incompatibles.

Por otro lado, antes de comenzar a analizar la mentalidad religiosa de la elite empresarial, es necesario hacer algunas aclaraciones. En primer lugar, me referiré exclusivamente al movimiento del Opus Dei que desde el primer momento de su llegada a Chile, buscó cooptar a la alta sociedad, tomando contacto con las personas más influyentes y poderosas de nuestro país. No hemos focalizado nuestro análisis al otro grupo religioso que ha influido en la elite como son los Legionarios de Cristo (fundada por Marcial Maciel en México en 1941 y que arribó a Chile en 1980) porque creemos que dada la fecha de ingreso del Opus Dei en Chile (1950) tuvo una mayor repercusión que la Legión en los empresarios, aunque eso no quiere decir que los legionarios no hayan logrado influencia. Un dato no menor es que hoy en día muchos empresarios son miembros o tienen alguna relación como simpatizantes o colaboradores con movimientos integristas católicos como el Opus Dei y los Legionarios de Cristo, a saber: Eduardo Fernández León, Fernando Larraín Peña, Fernando Agüero, Ricardo Claro, Nicolás Hurtado Vicuña, Ronald Bown Fernández, José Antonio Guzmán, Bruno Phillipi Irarrázaval, Ernesto Ayala, Fernando Léniz, Eduardo Arriagada, Guillermo Elton, Hernán Buchi, Hernán Briones, Mauricio Larraín, Carlos García Brahmn, Patricio Parodi, Alberto López Hermida, Sergio Silva Alcalde, Gonzalo Ibáñez Langlois, Eduardo Gilisasti, Eleodoro Matte, José Yuraszeck, Matías Izquierdo, Pedro Ibáñez por el Opus Dei; Guillermo Luksic, Agustín Edwards, Juan Obach, Sergio Cardone, Nicolás Ibáñez, Hernán Cubillos, Felipe Lamarca y Martín Subercaseaux por los Legionarios de Cristo (Khrone, 2005:42).

En segundo lugar, diré que la constitución del empresariado chileno durante la dictadura militar era heterogéneo, a pesar de que en general los empresarios de toda índole (grandes, medianos y pequeños) apoyaron el golpe de 1973, rápidamente se dieron cuenta que el nuevo régimen no implicaría un retroceso al modelo de Estado empresario o modelo de “desarrollo hacia adentro”. El modelo neoliberal aplicado por los Chicago Boys en 1976 bajo la designación de Jorge Cauas como Ministro de Economía fue resistido por los pequeños y medianos empresarios porque su desarrollo había crecido bajo el alero protector del Estado, y con la apertura “hacia fuera” de la economía, la competición con los productos extranjeros resultaba altamente costosa. La liberalización del mercado nacional se vio rápidamente inundado por productos extranjeros y, a partir de ese momento, se produjo un cambio social en “la composición interna de las clases empresariales, al concentrarse el poder económico en los conglomerados financieros que tenían acceso al crédito externo, y al debilitarse el sector industrial agrícola” (Montero, 1997: 137).

Paulatinamente, grupos bancarios como Larraín-Cruzatii y BHC-Vial, se transformaron en actores económicos para proveer créditos externos al mercado, aunque su poder fue transitorio ya que, una vez que azotó la crisis de 1982-1983, surge un nuevo gran empresariado consolidando una relación de predominio sobre el pequeño y mediano empresario (Campero, 1993: 266-67). Precisamente fue este gran empresariado donde el Opus Dei focalizó su “misión” espiritual.

Dentro de ese marco general emergió, por tanto, una nueva mentalidad religiosa que tuvo un fuerte enlace con la ética protestante planteado por Max Weber, la santificación del trabajo es una adaptación de la doctrina calvinista que planteaba hacer posible la salvación a cualquier cristiano, sin pasar por la interpretación oficial de las Sagradas Escrituras.

Por otro lado, es interesante destacar que este catolicismo de elite constituyó un elemento clave en la construcción sociocultural de la diferencia, y en consecuencia, en la formación de identidades para delimitar a la nueva clase empresarial emergente decisivo en la formación de un imaginario colectivo que es la piedra angular de las comunidades imaginadas tal cual como lo plantea Benedict Anderson (1993).

En tercer lugar, las investigaciones sobre la mentalidad religiosa de la elite empresarial que hacen referencia al Opus Dei en nuestro país son escasas; los textos que hacen referencia se reducen a dos libros: El Imperio del Opus Dei de la periodista María Olivia Monckeberg del año 2003 quien desarrolla a fondo mediante entrevistas a sus miembros como el Opus Dei construyó secretamente un “imperio” ganando un innegable poder en las clases ricas de Chile en la actualidad. Riqueza y Piedad. El catolicismo de la elite económica chilena de María Angélica Thumala del año 2007 que contradice la tesis de múltiples investigaciones, respecto de que a mayor modernidad, menor religiosidad; al contrario, sostiene la autora, en los grupos de la clase alta desde la década de los sesenta se ha visto un renacimiento ferviente por la religiosidad por los grupos Opus Dei y Legionarios de Cristo. Y, por último, la tesis de periodismo de la Universidad Diego Portales titulada El Opus Dei como fuente creadora de líderes del año 2005 donde se plantea la tesis que los centros educativos del Opus Dei son una fuente creadora de líderes que forman e inculca a sus integrantes los valores y responsabilidades de las enseñanzas de su líder Monseñor Escrivá de Balaguer.

Esta laguna investigativa no tiene precedentes en la historiografía chilena. Así que este trabajo sería un primer intento.

En definitiva, pretendemos historizar la mentalidad religiosa de la elite empresarial chilena surgida durante la dictadura militar permitiéndonos abrir el abanico de estudio, más allá de un individuo racional, que tiene “todo calculado”, ligado sólo al ámbito de la empresa, aunque es innegable que las acciones de los empresarios no sólo dependen de la cultura, también está el interés de la búsqueda de ganancia, presente en todo hombre de negocios (Hernández, 2006).


Notas sobre el catolicismo integrista y las claves para entender la nueva estrategia “moderna” del Opus Dei.


Aquel hombre de Dios, curtido en la lucha, argumentaba así:

¿Qué no transijo? ¡Claro!: Porque estoy persuadido de la verdad de mi ideal.

José María Escrivá de Balaguer

(Camino, 395)



En primer término propondré una caracterización del catolicismo conservador en sentido amplio, para sobre ese trasfondo, comprender y perfilar la tesis del Opus Dei, características y su desarrollo posterior.

Todo indica que el catolicismo integristaiii (también denominado de cristiandad) es una determinada forma de entender el catolicismo en contraposición a los valores de la modernidad racionalistaiv. El catolicismo integrista tiene una actitud negativa hacia la modernidad, lo crítica, aunque esa crítica no implica ser necesariamente anti-moderno en todos los sentidos como lo veremos para el caso del Opus Dei. La tesis que defiende el catolicismo integrista es buscar restaurar la sociedad cristiana tal como existió en la Edad Media inspirándose en el mito de un pasado ideal. Tal línea argumentativa descansa en una concepción teocrática que pone énfasis en el poder institucional de la Iglesia por encima de los poderes civiles, sobre los cuales presiona para que se adecuen sus postuladosv.

Según esta tesis, la Iglesia Católica posee la Verdad absoluta, su poder proviene de Dios, por tanto, ninguna institución puede colocarse por encima de ella ni mucho menos de la sociedad civil. En ese sentido, la doctrina católica es perfecta y autosuficiente, el único remedio para los males de la sociedad, recelando así de los ideales de la laicidad democrática, del diálogo con el mundo y de convivencia inter-religiosa.

Esta línea del catolicismo estuvo representada por el Syllabus de 1864 y el pontificado de Pío IX (1846-1878) quien defendió la tesis de la integridad con el fin de reconstruir mejor una totalidad católica y el dogma de la infalibilidad del pontíficevi. Posteriormente el Papa Pio XI (1922-1939), el 11 de diciembre de 1925, promulgó la encíclica Quas Primas donde planteó que el reinado social de Jesucristo, como reinado espiritual, obligaba a los estados a reconocer el orden divino (Garay, 1987:111). De ahí que afirmaba que Cristo es reyvii no solo en cuanto Dios sino también en cuanto Hombre, y que gozaba de absolutísimo imperio de este mundo. Los planteamientos de Pio XI estuvieron en directa relación con los acontecimientos históricos que manifestaba la crisis de la cultura de la modernidad, a saber: 1) persecución de la Iglesia en México; 2) crisis del capitalismo en la bolsa de New York; 3) política fascista en Italia y nazista en Alemania; 4) ateísmo militante en Rusia y persecución religiosa en España.

Sobre el punto anterior, la cuestión de la realeza de Cristo -sostenida por Pio XI- se transformó en un símbolo político para los grupos católicos de ultraderecha en España y en particular la idea de la alianza del “altar y el trono” que encajaba con la tesis de la unidad católica y el confesionalismo de Estado propuesto por el franquismo.

Consecuentemente a sus postulados, esta corriente católica estuvo en contra de los postulados del Concilio Vaticano II (1962-1965), la cual invitaba a la participación a los laicos a que asumieran un papel de responsabilidad tanto en la Iglesia como en el mundo, porque temía que precisamente después del Concilio llevara a una secularización del catolicismoviii. Por lo mismo, el objetivo del catolicismo integrista era luchar contra la “heterodoxias” resultantes del Concilio Vaticano II para recatolizar a la sociedad.

Dentro del marco descrito, el Opus Dei estaría en la tradición del catolicismo integrista, aunque tiene la particularidad de no estar en descuerdo con algunos elementos de la modernidad como la economía de libre mercado. Más adelante desarrollaré esa idea. Por ahora, me limitaré a contextualizar al Opus Dei.

Podríamos sostener que el Opus Dei (Obra de Dios), nombre corriente asignado a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, propuso una recatolización de la sociedad española radicado en el contexto anticlerical de la Segunda República (1931-1936) en su intento de crear una sociedad laica.

El Opus fue fundado en 1928 por Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975) en Madrid. Si bien no alcanzó notoriedad hasta 1939, cuando comenzó a reclutar estudiantes de Madrid y Barcelona, Escrivá de Balaguer publicó su primer libro titulado Camino, publicado en 1939 en Valencia.

En 1943 el Opus Dei fue reconocido por el Vaticano como “institución comunitaria” y en 1950 recibió la aprobación definitiva de la Santa Sede; y el 28 de noviembre de 1982 fue erigido como Prelatura personal que depende directamente de Juan Pablo II. Sin embargo, con esta polémica designación en tan poco tiempo igualó el estatuto que hace varios siglos habían alcanzado organizaciones religiosas como la de los jesuitas.

La recatolización del Opus Dei planteaba un cambio en la doctrina católica al pregonar la búsqueda de la santidad personal a través del trabajo ordinario, introduciendo en el orbe católico una espiritualidad laica similar a la fomentada por la ética calvinista del trabajo. En ese sentido, Aguiló Bonet sostiene que la particularidad del Opus Dei es que rompió con la idea, arraigada en el imaginario católico, según la cual las monjas y sacerdotes, en su total entrega a la vida religiosa, reunían méritos para alcanzar una posición privilegiada a la hora de ganarse un lugar en el Reino de Dios (Aguiló Bonet, 2009: 9).

Lo esencial de esta tesis reside en que la santificación en “medio del mundo” se logra primero en el trabajo, luego en la familia y después en la vida cívica y social, pero poniendo especial énfasis en el trabajo personal.

Sin embargo, el mensaje de la santificación iba directamente dirigido a las elites católicas para el mantenimiento de la santidad y la fe en la Iglesia Católica. En ese cuadro, sostenemos que el Opus Dei representó una nueva estrategia integrista católica que políticamente coincidía con la tradición conservadora de los sectores ultraderechistas españoles que salieron victoriosos de la “cruzada” contra el comunismo y que luego, apoyarían al franquismo.

Dado este contexto no es casualidad que los postulados de Escrivá de Balaguer estuvieran íntimamente relacionados con las posiciones más conservadoras y reaccionarias del catolicismo español y la derecha española señalada más arriba, que hundía sus raíces en los intelectuales como Menéndez Pelayo, Donoso Cortés y Vásquez de Mella, quienes identificaban a la nación española con el catolicismo.

La tesis central de esta corriente conservadora, siguiendo a Luis Corvalán Marqués, es que el conservadurismo español identificaba a la nacionalidad con la tradición católica y con el pensamiento escolástico y neoescolástico. La modernidad racionalista así como la reivindicación de libertad de pensamiento, tolerancia, diversidad y democracia política, fueron vistas como elementos que desintegran la esencia católica de la nación y el orden social y político tradicional que le serían propio (Corvalán Marqués, 1999: 155). Por esa razón, esta postura fue radicalmente recelosa del pensamiento ilustrado y de los países protestantes liberales-capitalistas. Esto permitió que la Iglesia Católica española ocupara un papel fundamental durante el régimen franquista. Aquella práctica se le denominó nacionalcatolicismo.

Lo señalado, por tanto, equivale decir que el Opus Dei se sitúa dentro del catolicismo integrista –como señalábamos arriba- y de la corriente nacional-católica pero con la diferencia que logró compatibilizar el espíritu anti-moderno del catolicismo integrista con el desarrollo del capitalismo en España, aunque siempre dentro de los presupuestos ideológicos del franquismo.

Ahora bien, este nuevo estilo de vida que propone el Opus Dei es imposible analizarlo si no se tiene en cuenta el pensamiento de su fundador. Para ello me detendré en el primer texto de su autor, Camino, una verdadera “Biblia” para las elites católicas, sobre todo empresariales.

Este libro contiene 999 máximas distribuidas en unos 40 capítulos y aborda desde temas espirituales a cuestiones de carácter particular: proselitismo, pequeñas cosas, tácticas, etc,. (Escobar, 2002:39). Camino es un libro complejo y ambiguo, y refleja el carácter polémico y controversial de Escrivá de Balaguer empapado de una “visión sobrenatural” que tuvo este cura aragonés, por lo que la elaboración intelectual de los pensamientos plasmados en esa obra resulta diversa y desordenada. Según Richard Kerr, Camino, urgía a los lectores a que se convirtieran en jefes o en seguidores disciplinados de una cruzada religiosa contra la Segunda República, laica, democrática y de izquierdas que representaban una amenaza al catolicismo español. Pero, al mismo tiempo, aconsejaba el esfuerzo por conseguir logros materiales y profesionales, para poder influir sobre los otros (Kerr, 2004:299).

La idea central de Camino es unir la religiosidad y la vida diaria, insistiendo en la obediencia y en el éxito, invitando a participar en el seguimiento a Cristo como el único modelo perfecto de vida. Dice en una de sus páginas: “En Cristo tenemos todos los ideales, porque es Rey, es Amor, es Dios” (Escrivá de Balaguer, 2001:137).

Destaca el autor, por su parte, la apreciación por “lo pequeño”, de todas las obras y detalles cotidianos por insignificantes que puedan parecer porque en ellas se esconde algo divino. Por ejemplo, en la máxima 817 sostiene: “La santidad grande está en cumplir los deberes pequeños de cada uno” (Ibíd.: 272), por lo que insta a los hombres de talento a que consigan situarse en cualquier posición que puedan ocupar.

Sus ideas tienen una clara proyección hacia la libertad personal que constituyen un bien precioso que el ser humano recibe en gracia divina, lo que el católico auténtico tiene la obligación de promoverla y defenderla con responsabilidadix. De allí que sus planteamientos sean drásticos en su crítica a la igualdad y justicia social, del cual, Escrivá de Balaguer, desconfía: “¿No crees que la igualdad, tal como la entienden, es sinónimo de injusticia?” (Ibíd.:13).

El mensaje individualista del Opus Dei, enfocado en la santidad individual, deja de lado toda preocupación social en lo que refiere a las consecuencias sociales dolorosas del sistema capitalismo moderno. Tal como señala el teólogo Jaime Escobar, “Camino, incentiva, en cierta manera, a formar católicos elitistas que aprovechen al máximo sus capacidades de triunfar, alcanzar éxitos materiales” (Escobar: 43). De una forma similar sostiene el teólogo belga José Comblin: “Coincide perfectamente con la civilización, con la cultura capitalista que tenemos hoy en la que todo estimula al individuo...Todo tiene que ser dedicado al progreso personal, al trabajo profesional al servicio de la empresa...La espiritualidad del Opus Dei está muy bien hecha para un ejecutivo de una empresa”x. Como es obvio, no es casualidad que los integrantes del Opus Dei sean grandes industriales, empresarios, banqueros y personas de clases altas en la cual vieron el éxito empresarial y social como prueba de la gracia divina.

Por otro lado, el tema de la santificación del trabajo de Escrivá de Balaguer, lo convirtió en proyecto: la tesis de la llamada universal a la santidad de todos los cristianos por medio de la santificación del trabajo profesional, sin abandonar el mundo ni hacerse clérigos. Esto no es otra que el planteamiento del ascetismo vocacional, siguiendo el argumento weberiano de la ética protestante. Según ese argumento la Reforma de los siglos XV y XVI dio un nuevo contenido al trabajo: el hombre se convirtió en el dueño de su destino y el trabajo permitía cambiarlo. Mientras que Lutero mantenía recelos frente a la adquisición y acumulación de bienes, el calvinismo convirtió la laboriosidad, junto con el éxito, en la acumulación de bienes, la puerta de entrada de las elites elegidas. Juan Calvino introdujo la idea de que el hombre se conoce por sus actos, por su trabajo motivado por la buena fe. Los frutos del trabajo tienen un significado moral, no pueden ser gastados de cualquier manera, sino que hay que “invertirlos”. Entonces, con la ayuda de Dios, los bienes se acumulan, a lo que Max Weber llamó el “espíritu del capitalismo”. Así empezó a cambiar la estimación del trabajo como fuente positiva y legitima de riquezaxi.

El calvinismo convierte a sus fieles en hombres trabajadores, sacrificados, ahorradores, austeros, dedicados a su profesión. Además, y a diferencia de los católicos, el protestante no dispone de ningún medio de reconciliación con Dios en el caso de pecado o no cumplimiento (como la confesión). Los “sacerdotes” protestantes no tienen ese poder específico, esa potestad divina de devolver a los hombres el estado de gracia perdido por las malas acciones, el protestante se lo tiene que curar por sí mismo.

A diferencia del calvinismo, el Opus Dei tuvo que ser cauteloso para evitar a toda costa contradecir la ortodoxa católica, principalmente en su santificación ya que ponía en cuestión la vocación religiosa y la vocación laica: “Tienes la obligación de santificarse. –Tu también-. ¿Quién piensa que esa es labor exclusiva de sacerdotes y religiosos? A todos sin excepción, dijo el señor: `Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto´” (Escrivá de Balaguer, 2001:92). De ahí la necesidad de Escrivá de Balaguer en hacer hincapié en todos los dogmas de la Iglesia Católica, en las prácticas sacramentales y ritos tradicionales y en las prácticas ascéticas típicamente monjiles y beatas para que todo ello sea incluido en un mensaje “moderno” y “secular”. En ese sentido, se podría decir que, en último término, el planteamiento del Opus Dei fue la adecuación del catolicismo integrista al papel de laico en el contexto de renovación de la Iglesia conciliar.

Si bien todos podían llegar a la santidad en el Opus Dei, el mensaje camufla un elemento profundamente conservador que promueve, como sostiene Aguiló Bonet, el conformismo y el inmovilismo social, de dejar todo tal como está (Aguiló Bonet, 2009:10). Ello debido a que el Opus Dei acepta las estructuras sociales de poder y dominación estableciendo una función ideológica del orden social establecido, justificando diversas formas de opresión, en las que se puede encontrar: de clase, de genero, de identidad sexual, entre otrasxii. En la máxima 832 se aprecia el conservadurismo social propio del catolicismo integrista del Opus. Dice Escrivá de Balaguer: “¡Qué afán hay en el mundo por salirse de su sitio! ¿Qué pasaría si cada hueso, cada músculo del cuerpo quisiera ocupar un lugar distinto del que le pertenece? Luego añade, “No es otra razón del malestar del mundo. Persevera en tu lugar, hijo mío: desde ahí ¡cuánto podrás trabajar por el reinado efectivo de nuestro Señor” (Escrivá de Balaguer, 227-78).

De este modo, para ser perfectos y llegar a la santificación cada uno debe servir a los demás desde su puesto de trabajo, ya sea obrero, campesino, ingeniero, empresario, etc., por tanto, sigue una lógica estamental, heredera del catolicismo medieval. En efecto, el Opus tuvo una predilección por los intelectuales quienes, por sus capacidades, deben acceder a los puestos de mando e insiste sobre la importancia del prestigio profesional para atraer almas. Así afirmó sobre ellos en Camino (máxima 372): “Si tienes un puesto oficial, tienes también unos derechos, que nacen del ejercicio de ese cargo, y unos deberes...Te apartas de tu camino de apóstol, si...dejas incumplidos los deberes del trabajo...perderás el prestigio profesional, que es precisamente tu <<anzuelo de pescador de hombres>>” (Ibíd.:119).

Como puede verse, la aspiración de conquista de puestos de dirección es significativa dentro del Opus Dei pero abstenerse o abandonar un puesto significaría entregarle la posición a los enemigos de la Iglesia Católica como queda de manifiesto con bastante exactitud en la Máxima 35, la cual dice así: “No me gusta tanto eufemismo: a la cobardía la llamáis prudencia. –Y vuestra prudencia es ocasión de que los enemigos de Dios, vacío de ideas el cerebro, se den tonos de sabios y escalen puestos que nunca deberían escalar” (Ibíd.:11).

Consecuentemente a sus planteamientos Escrivá de Balaguer les dio supremacía a los intelectuales en la orden. El rango más elevado de la estratificación dentro de la orden, los numerarios, sólo podían acceder a él luego de elevados estudios filosóficos y teológicos y se necesitaba algún título de doctor en alguna universidadxiii. Los numerarios, que vivían generalmente en las casas del Opus, formaban una pequeña elite dentro de la “Obra”, como autodenominan a la orden religiosa. Por debajo de ellos se encontraban los oblatos, cuya procedencia social y educacional es más baja pero, a diferencia de los primeros, vivían con sus familias y trabajaban como cualquier persona. Ambos grupos deben realizar votos de pobreza, castidad y obediencia, como los miembros de las órdenes religiosas, pero de manera privada y sin vestidos especiales. En este plano, en efecto, el mayor número de miembros no correspondan a ninguno de estos grupos, como señala Kerr, sino a los supernumerarios, que podían estar casados, tener familia y llevar abiertamente una vida normal, pero aún así aceptaban los votos y reglas de la orden (Kerr:300).

En consecuencia, la estructura del Opus Dei es el ordenado plan de vida que siguen sus miembros que, por un lado, ha llegado a incluir la mortificación física y, por otro, la asesoría constante por parte de un "director espiritual" (que resulta ser un sacerdote miembro de la Obra), del cual debe seguir sus recomendaciones, así como el hecho de distinguir entre las actividades corporativas -esto es, las que institucionalmente lleva a cabo y reconoce como tales- y las actividades individuales de sus miembros, que iban desde lo político, académico, financiero o comercial. Esto permite que el Opus Dei apoyara a otras organizaciones sin que formalmente tuviera que reconocerlo, o que lograse infiltrarse en los principales círculos de poder sin que se pudiera demostrar que lo estaba haciendo, pues siempre podría responder que estas actividades las hacían sus miembros, y no la organización como tal.

En definitiva, esa condición contradictoria en su estructura interna le permitió al Opus Dei, jugar un papel histórico de elite modernizante, portadora de un espíritu tecnocrático capitalista dentro del régimen franquista en España (1939-1975). El énfasis en la educación y en el éxito profesional arriba descrito implicó que los miembros del Opus Dei se encontraran bien situados para cubrir puestos importantes en las áreas de economía y administraciónxiv. Con respecto a este último punto, varios miembros del Opus Dei desafiaron los términos tradicionales iniciando las reformas económicas y financieras de las instituciones de la España franquista, reemplazando la autarquía económica por una economía de mercado (Callaghan, 2003:332). Nombrados por el General Franco, sus miembros fueron conocidos popularmente como los “tecnócratas” y entre ellos se encontraban miembros de la orden religiosa Opus Dei: Laureano López Rodó, secretario técnico general del subsecretario de la Presidencia; Alberto Ullastres, numerario, Ministro de Comercioxv -quien tendría una función fundamental en el diseño de la política económica que llevaría al “milagro español” de los sesenta- y Mariano Navarro Rubio, supernumerario, Ministro de Hacienda.

Sin embargo, pesar a lo anterior, el Opus Dei se mostró a favor de la mantención del statu quo en relación a la esfera política (este último es sorprendente dado que las mejoras en la economía española en 1950 y 1960, significativamente favoreció a la clase media, reforzando casi inevitablemente, su apoyo al orden político existente) y su conservantismo moral fue aún más marcado. Pero más allá de eso lo interesante de la penetración del Opus Dei en la vida política de la España franquista fue la condición de atraso económico que tenía por ese entonces el régimen, por lo que el desenvolvimiento de una teología a las realidades temporales y una extensión de una espiritualidad del trabajo hizo que no fuera extraño que la dictadura de Franco abriera paso a personas del Opus Dei para cambiar la economía.

En este contexto, hay que señalar que el objetivo ideológico del Opus Dei fue revitalizar los valores tradicionales: hacer de España más española, volviendo a la vieja ética española y cristiana, restableciendo las antiguas virtudes, dignidad y gloria de España, contra los males del liberalismo, el racionalismo, la inmoralidad. Muchos miembros del grupo eran ricos, y todos los miembros les dan los superávit de sus ingresos personales a la organización, lo que permitió una acumulación considerable riqueza y llegó a controlar muchas instituciones financieras, incluyendo uno bancos más grandes de España como el Banco Popular.

Acorde con lo explicado, en consecuencia, el Opus Dei representó la tendencia del catolicismo integrista, aunque concilió al catolicismo antiliberal con el capitalismo constituyéndose en una visión moderna en su interpretación de los procesos económicos pero, en cuanto su organización interna, continuó firmemente sus raíces en la tradición católica.

Finalmente, de acuerdo a la experiencia del Opus Dei en España, es posible sostener que conectó un tipo de tendencia religiosa, con los valores jerárquicos de la Iglesia, con un tipo de opción política que tiende hacia la alternativa conversadora, representada por los grupos de ultraderecha en el caso de España, y un tipo de opción socioeconómica que valora el capital, el poder y el desarrollo tecnocrático, más que los valores de igualdad social y democráticos constituyéndose en una respuesta conservadora a los postulados del Vaticano II.


El catolicismo integrista al servicio de la economía neoliberal: Opción preferencial por los ricos y la consolidación de la santificación del trabajo en la nueva elite empresarial chilena durante la dictadura militar.


Si bien es cierto que el Opus Dei tenía presencia en Chile desde 1950xvi, fue desde la época de la dictadura de Augusto Pinochet donde logró penetrar casi completamente en la elite chilena, en especial a los empresarios del cual tienen gran parte de su financiamiento para sus instituciones de formación y universidadesxvii. Incluso podría decirse que el Opus Dei ha tenido mayor repercusión en Chile que en la España franquista.

Ahora bien, la interrogante que surge es ¿por qué el Opus Dei tuvo una repercusión tan importante en un sector del empresario chileno durante la dictadura militar? ¿De qué manera el empresario pudo conciliar el neoliberalismo secularizante con el catolicismo integrista conservador del Opus?

Con el objeto de responder las interrogantes arriba expuestas, procederé a plantear algunas hipótesis que nos podrían ayudar a entender nuestros objetivos:

Primero. El catolicismo integrista que postula el Opus Dei no es otra cosa que la continuación del catolicismo de cristiandad, heredera de la Conquista de América, caracterizada por una tradición centralista burocrática basada en la primacía de la jerarquía y la desigualdad que ha sido explotada y perpetuada por las elites latinoamericanas. Este modelo de las elites constituyó su identidad, es decir su posición de dominio en la sociedad que, por lo demás, estuvo asociado con la derecha política.

Obviamente, las elites chilenasxviii no fueron la excepción a la regla puesto que, como dice José Comblin, éstas son católicas, disciplinadas, partidarias del orden y la organización, cuestión que constituyó un terreno favorable para el ascetismo vocacional del Opus Deixix. En efecto, el Opus es una prolongación de la “mentalidad española de la colonia”, sumado al catolicismo de cruzada, del cual heredó los elementos propios del nacionalcatolicismo franquista.

Segundo. Siguiendo la argumentación anterior, esa mentalidad conservadora española, por su parte, se vio cimentada por la política cultural franquista en Chile – el Hispanismo que planteaba la existencia de una comunidad o raza que justificaba la existencia de la “unidad hispánica” reivindicando el “espíritu imperial” de España en América Latina y en el que, además, se definía como profundamente anti-materialista, contraria a la sociedad de consumo capitalista protestante norteamericana, puesto que atentaba contra esa “espiritualidad”- (Rojas-Mix, 1991:174) xx, instalado desde los años 30, que cumplió con objetivos a largo plazo, como sostiene Isabel Jara, ya que ciertos valores hispanistas fueron transformados en elementos ideológicos del autoritarismo chileno, en la cual una minoría intelectual pero influyente de hispanistas chilenos, como Osvaldo Lira y Jaime Eyzaguirre (Corvalán Marqués, 2001:64; Larraín, 2001),xxi entre otros, “nacionalizaron” esa política cultural del franquismo (Jara, 2006:19).

Tercero. La distancia que tomó la Iglesia católica de las elites y sus posiciones conservadoras producto de los postulados del Vaticano II, provocó que la elite católica conservadora experimentara un período de “orfandad” religiosa, o mejor dicho, una crisis de la espiritualidad conservadora. Según Thumala, este fue un contexto de severo cuestionamiento al ethos de la elite puesto que una parte del desafío provino de la elite misma que concentró su relación con la Iglesia y su doctrina social. El valor de la solidaridad y la reducción de la pobreza aparecían como preocupaciones legítimas y exclusivas de la “izquierda”, por lo que el “secuestro” y monopolio de estos ideales por la Iglesia latinoamericana significó que una parte fundamental de la identidad de la elite viera afectada y se hizo necesaria una redefinición de su relación con los problemas sociales (Thumala, 2007:27-28). Por esta razón, la elite chilena simpatizó con los planteamientos del Opus Dei, quien, a finales de la década del 60 y cuando muchos colegios católicos asumieron un mayor compromiso social, decidió fundar dos complejos educacionales: los colegios Los Andes, en 1969, para mujeres, y Tabancura, en 1970, para hombres (Monckeberg, 2003:533; Domínguez, 2005:19)xxii. Posteriormente fundaron los colegios Cordillera (1981) y Los Alerces (1992), que se convirtieron en “escuelas de adoctrinamiento” para las futuras elites de nuestro país ya que así podría penetrar en personas que tienen mayor injerencia en la sociedad, es decir, en la elite, constructora de la sociedadxxiii. De más está decir que todos estos modernos complejos educacionales actualmente están ubicados en las comunas del oriente de Santiago.

A modo de abrir una interrogante, ¿será que los planteamientos del Opus Dei constituyeron una parte de ese proyecto cultural franquista? ¿Será que la mentalidad española conservadora de la elite permitió que el Opus Dei penetrara más fácilmente en Chile?xxiv De alguna manera las variables señaladas más arriba lograron cimentar las bases para la consolidación del Opus logrando que este catolicismo para los ricos haya tenido éxito desde la dictadura militar hasta nuestros días. Lo señalado, sin dudas, necesita de una mayor profundización pero se hace necesario dejar la interrogante.

Por otro lado, si la identificación histórica de la elite dominante era su deber cívico que lo hacía responsable del desarrollo socioeconómico e institucional del país, con la reformulación de su ethos durante la dictadura militar significó que el ideal de servicio o contribución a la sociedad sería a través del emprendimiento y la creación de riqueza, cuestión que resultó importante para la conciliación que hace el catolicismo integrista del Opus con el capitalismo. Ello gracias a la implementación del sistema neoliberal de mercado que le proporcionó un sentido de “misión”, lo que, sumado a la penetración del Opus Dei, ayudó a legitimar la figura y el estilo de vida del empresario y su rol en el mejoramiento de la sociedad. Según Cecilia Montero, las ideas neoliberales y el pensamiento conversador católico fueron el soporte ideológico para la formación y afirmación de una nueva identidad empresarial (Montero, 1997:168).

Lo anterior, por cierto, se vio fortalecido con la venida del fundador a Chile, Escrivá de Balaguer, en 1974, quien estuvo dos semanas realizando charlas que se celebraron el Colegio Tabancura y en el Centro de Cultura Universitaria, pertenecientes al Opus (Revista Ercilla, N°168: 12-13). En esas charlas, el líder español hizo referencias sólo espirituales para los fieles presentes, sin mencionar, en ningún momento, la violación a los derechos humanos que perpetuaban los militares, así como el terror y el disciplinamiento social generalizado hacia toda forma y expresión de la sociedad civil. Jaime Escobar, sostiene al respecto, que “la actitud del padre Escrivá de Balaguer hacia el régimen de Pinochet era la misma que mantuvo por años frente a la del General Franco; silencio cómplice ante todo tipo de injusticias que generan estas dictaduras militares. Por lo tanto no condenó al dictador, ni lo invitó a santificar su trabajo, ni le pidió que cristianizara su estilo de gobernar” (Escobar, 2002:102).

Como puede verse, el mensaje de “santificación” de Escrivá de Balaguer estaba dirigido hacia las elites quienes tenían que a su vez recatolizar a la sociedad chilena, “víctima” del secularismo y del “caos” de la Unidad Popular. En ese sentido, es necesario precisar que, al igual que en España, la Junta Militar, y en especial la figura del General Pinochet, fueron vistos por los sectores de derecha como “salvadores” de la patria. El golpe militar, en efecto, tuvo un marcado acento teológico, entre la lucha entre el bien (los valores patrios y el “cristianismo occidental”) contra el mal (la Unidad Popular y el “marxismo ateo”).

Bajo esta lógica dicotómica, entre el bien y el mal sostenido por los golpistas y la visita de Escrivá de Balaguer posibilitó al Opus Dei una mayor penetración en la elite católica integrista chilenaxxv convencida de que el “bien” había llegado a reponer el orden social querido por Dios. Es decir, cada clase social volvió a su lugar, elite empresarial, hegemónica, y los campesinos, trabajadores y pobladores, subordinados.

Por otro lado, el proyecto neoliberal provocó una “revolución empresarial” que colocó al empresario como centro de escena de las políticas neoliberales. Uno de los elementos destruidos por el neoliberalismo fue el antiguo sistema empresarial basado en el control familiar (Correa, 2005:27-32)xxvi y además caracterizado por la “mala imagen” del empresario asociada a las nociones dependentistas que lo conceptualizaban por su papel de eslabón periférico del capitalismo central. Dicha imagen cambió cuando el empresario consiguió modernizar la gestión de los negocios dándole una proyección hacia el capital extranjero y reconfigurándolo en una nueva elite.

La centralidad del papel del empresariado, en consecuencia, favoreció a que se beneficiaran con el modelo neoliberal y además revitalizaron la cultura capitalista tan fuertemente cuestionado durante la década de los 60. Ello fue producto -además- del triunfo en la “batallas de ideas”, a partir de 1986 en adelante, que posicionaba al empresario como un actor importante en la actividad social y política del país durante los gobiernos de la Concertación.

Para hacer eficiente su estrategia discursiva y práctica este sector planteó las siguientes ideas: 1) difusión de una convicción optimista del desarrollo económico del país, es decir el modelo neoliberal era el único capaz de sacar al país del subdesarrollo; 2) el empresario y la empresa privada como motor de ese modelo; 3) la libertad económica como la base de la libertad política; 4) empresario y empresa privada como actores y lugares principales para la producción de la riqueza y su distribución; 5) libertad para emprender, como la fuente de modernidad y progreso. El Estado sólo debía cumplir un rol de creador y preservador de condiciones favorables para esa libertad; 6) la búsqueda de ganancia y riqueza como un propósito socialmente legítimo que permitía desarrollar e incentivar el espíritu emprendedor y, por último, 7) el empresario como un actor interesado en la democracia, pues la empresa se desarrolla mejor en ese sistema (Campero, 1997:279-280).

Ahora bien, a su ideología, y a pesar de su heterogeneidad como se señaló en la introducción de este trabajo, existieron cuatro puntos importantes: 1) la defensa de la propiedad privada como un derecho natural e inviolable; 2) libertad de la empresa; 3) la desconfianza del sistema de partidos políticos, cuestión que, a juicio de los empresarios, juega un rol negativo para el desarrollo económico de las empresas y; 4) la idea de los enemigos de la democracia fueron los comunistas, lo que, para el caso chileno, debe ser protegida en cierto grado por la tutela militar (Ibíd.:249-250).

Lo señalado arriba estuvo permeado por las tesis centrales de la ideología neoliberal que fueron, según Cecilia Montero: 1) el mercado como principal asignador de recursos; 2) el individualismo, los individuos deben resolver sus problemas aisladamente en el mercado y no a través de organizaciones colectivas; 3) el tecnocratismo, los técnicos toman decisiones correctas porque son “científicas”, no los políticos; 4) el antiestatismo, la intervención del Estado coarta la libertad individual. Sin libertad económica no hay libertad política; 5) el economicismo, el enfoque económico se puede aplicar a todos los ámbitos de la vida social (Montero, 1997:162-163).

En este marco es interesante subrayar que la elite empresarial de este período se caracterizó por su creatividad, el sentido de oportunidad, una baja aversión al riesgo y una clara apertura al exterior. En contrapunto se delinearon sus carencias: poco interés en las innovaciones tecnológicas, baja capacidad de negociar con los trabajadores y escaso compromiso social.

Al definirse esta nueva visión de la economía de la elite neoliberal y del empresariado calzaba bastante dentro de la ética del trabajo del Opus Dei. El ascetismo interior, la autorregulación metódica y la santificación del trabajo “bien hecho” se adaptaron a las exigencias del nuevo sistema y, en efecto, favorecieron para incentivar el espíritu empresarial capitalista que requería el proyecto de los “Chicago Boys”. Incluso, el mensaje era aún más potente: el empresario chileno podía llevar una vida santa trabajando racionalmente. De ahí que el nuevo empresario católico exitoso no sólo estaba trabajando para sí mismo, su familia y sociedad para la consolidación del capitalismo neoliberal sino que además estaba glorificando a Dios.

Bajo esta perspectiva del catolicismo integrista no es extraño que durante la dictadura militar hubieran empresarios del Opus Dei que amasaran grandes fortunas con las políticas de privatizaciones del modelo neoliberal. Entre los empresarios más destacados del período se encuentra Eduardo Fernández León –que entró al Opus Dei durante la década de los 70 como supernumerario- quien fuera parte del grupo Cruzat-Larraín como accionista de Forestal S.A, empresa matriz del otrora grupo económico poderoso de Manuel Cruzat y Fernando Larraín. Fernández León participó de las privatizaciones de algunas empresas del Estado chileno, en la segunda mitad de la década de los ochenta, y en la actividad inmobiliaria y financiera. Posteriormente, con la llegada de la democracia, Fernández León se convirtió en dueño principal del holding de salud, Empresas Banmédica, junto al grupo Penta, y accionista mayoritario del holding Chilquinta, surgida en el período de las privatizaciones en dictadura (Monckeberg, 2003: 443-447; 2001:138-141). En el año 2007 este empresario supernumerario donó cerca de $ 755 millones de pesos a la Universidad de Los Andes, fundada en 1989, en Las Condes, una de las comunas más ricas de Chile (Diario La Tercera, 31/08/08: 36).

Un elemento a destacar dentro de las estrategias de este empresario es que la mayoría de sus socios comerciales son supernumerarios, cooperadores o simpatizantes del Opus Dei. Esto se verifica, por ejemplo, con los lazos entre los supernumerarios Gonzalo Ibáñez, Jaime Gana Matte o Nicolás Hurtado Vicuña (Monckeberg, 2003:447).

Otro de los empresarios opusdeísta es Gonzalo Ibáñez Langlois, hermano del primer sacerdote Opus Dei, José Miguel Ibáñez Langlois, quien participó del grupo Cruzat-Larraín. En 1987 ingresó al directorio de Chilquinta y fue designado como vicepresidente (Ibíd. 455)xxvii. Luego desde 1989 a 1999 fue presidente. Actualmente es presidente del holding Banmédicaxxviii.

Hoy en día, los grupos y empresas vinculadas a supernumerarios se encuentran: los Matte, Claro, Endesa, Cruzat, Banco Santander, Inmobiliaria Manquehue, Consorcio Nacional de Seguros, Enersis, Superpollo, Manquehuenet, Ariztía, Banco BCI, Loncoleche, Watts, Pucobre, Consorcio de Seguros, Santa Carolina y Pinturas Tricolor (Khrone, 2005: 47).

De lo anterior, en fin, se puede sostener que, en el fondo, las ideas del Opus Dei en la nueva elite empresarial, en una sociedad que se estaba haciendo al nuevo capitalismo neoliberal, ayudaron al triunfo de esos valores poniendo énfasis en la disciplina en todos los aspectos de la vida rechazando las conductas “irracionales” personales como el ocio, el placer, la sensualidad. Con ello el modelo católico integrista del Opus impone, en primer lugar, un modo de vida riguroso sobre las costumbres, haciendo un uso utilitario y controlado de las labores ordinarias, especialmente en el trabajo. En segundo lugar, la búsqueda del mérito individual en forma de prestigio social y excelencia profesional. Y, en tercer lugar, la bendición de Dios a través de de las labores ordinarias para lograr la santidad, no desde lo parámetros de la solidaridad, servicio al prójimo o por los pobres como la Teología de la Liberación, sino más bien con el culto al éxito e individualismo competitivo. Tal proceder justifica, en efecto, el afán de poder, riqueza e influencia social “desde arriba” logrando penetrar no sólo en las esferas económicas sino también educativas, políticasxxix, jurídicas, religiosas y culturales.

Dicho en otras palabras, el Opus Dei justifica teológicamente a que los católicos se enriquezcan sin que parezca algo malo o perverso. Al respecto, decía Escrivá de Balaguer en la Máxima 633 de Camino: “Si eres hombre de Dios, pon en despreciar las riquezas el mismo empeño que ponen los hombres del mundo en poseerlas” (Escrivá de Balaguer, 2001:210).

En suma, el Opus establece un modelo orientador de la vida cotidiana y laboral, donde el valor y el manejo riguroso del tiempo es uno de los elementos fundamentales. Pero, por encima de todo es en el trabajo donde se puede lograr la santidad en la vida diaria, cuestión que resultó ser importante puesto que el camino de la salvación conduce al sacrificio individual, capaz de soportar los ritmos y las exigencias impuestas por el neoliberalismo que modificaron el sentido y la organización del trabajo, los valores y el tipo de relaciones establecidas en el interior de la empresa.

Cabe finalmente hacer notar que la vuelta a la democracia en 1990 perfiló a una elite empresarial con poder, beneficiada con las políticas neoliberales y, por sobre todo, autodesignándose un papel de determinar el bien común de la sociedad. Por ejemplo, es interesante el discurso pronunciado por Eliodoro Matte, en julio de 1991, empresario ligado al Opus Deixxx, donde refleja la misión del empresariado –sobre todo católico- en el mundo moderno:

Dios me ha dado la gracia enorme del Don de la Fe; esto ha sido una motivación permanente de mi vida personal (...) Me impone, además, el compromiso de ser un empresario católico. Y ser un buen empresario católico no siempre resulta fácil (...) Ser un buen empresario católico requiere también ser solidarios en lo personal, con nuestros talentos, con nuestros bienes, con nuestro tiempo (...) Ser un buen empresario católico, por último, significa darle a nuestra labor un alto contenido moral. Lo anterior exige que nuestra conducta como empresarios, como creadores de riqueza, se ciña a estrictas normas éticas. Sólo así será posible que el sistema de economía de mercado sea finalmente aceptado, no sólo como un eficiente sistema para producir desarrollo, sino que también como un sistema moralmente superior xxxi.


Finalmente, hoy en día nos encontramos con una elite empresarial chilena católica conservadora que ha formulado una nueva mentalidad religiosa que justifica su riqueza y poder en los postulados de Escrivá de Balaguer y que se siente hija legítima de la tradición de la nación.


Conclusiones


En conclusión, a partir de todo lo dicho se podría afirmar que siguiendo con la tradición del catolicismo integrista el Opus Dei, en España, emergió como una respuesta conservadora a las tendencias secularizantes que, por esos años, surgían con la Segunda República con el propósito de restablecer los dictámenes de la Iglesia Católica en la sociedad. A medida que el Opus Dei se fue consolidando en las elites católicas españolas, en su mayoría, fue expandiendo su poderío, al punto que logró que varios ministros supernumerarios tuvieran un cargo de ministro durante el franquismo. En ese sentido, es destacable que hayan sido precisamente estos ministros opusdeístas lo que permitieron la apertura económica de España a la economía de mercado, lo cual no es extraño puesto que los postulados de Escrivá de Balaguer con la santificación del trabajo, recalcaba el éxito individual y la justificación de la riqueza.

Siguiendo lo anterior, en Chile, los postulados del Opus Dei se centraron en la recatolicización de las elites tanto económicas como políticas e intelectuales donde alentaba a los católicos conservadores a santificarse, permitiendo que el empresario post golpe militar de 1973 volviera a recobrar la confianza y a autoasignarse el rol de determinar el “bien común” para la sociedad que estuvo cuestionado severamente durante la década de los sesenta.

En suma, el catolicismo integrista del Opus Dei logró su objetivo: le devolvió e impregnó con un nuevo ethos, una nueva mentalidad religiosa, a un sector naciente de la elite económica empresarial, a partir de las políticas neoliberales, proporcionando una legitimación teológica de la actividad, conformando una moral del trabajo basado en el éxito individual, cuestión que, ciertamente, ha consolidado al empresario como un poder hegemónico de nuestro país.




Bibliografía



Fuentes secundarias


Aguiló Bonet, Antoni, Notas críticas sobre la ética religiosa del trabajo en el Opus Dei, Revista Aposta, Universitat de les Illes Balears, 2009, p.9. Extraído desde la siguiente página web: www.apostadigital.com/revistav3/hemeroteca/ajbonet.pdf [Consultado: 25-12-2009]


Anderson, Benedict, Comunidades imaginadas: reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, Fondo de Cultura Económica, México, 1993.


Arriagada, Genaro, Los Empresarios y la política, Editorial LOM, Santiago, 2004.


Callaghan, William, La Iglesia Católica en España, Editorial Crítica, Madrid, 2003.


Campero, Guillermo, “Los Empresarios chilenos en el régimen militar y el post plebiscito”, en Paul Drake; Iván Jaksic (eds), El difícil camino hacia la democracia en Chile, 1982-1990, FLACSO, Santiago, 1997.


Correa, Sofía, Con las riendas del poder, Editorial Sudamericana, Santiago, 2005.


Corvalán Marqués, Luis, “La democracia como antivalor”, Revista Mapocho, N°45, 1999.


Corvalán Marqués, Luis, “La derecha como conservadora revolucionaria”, Revista Encuentro XXI, Nº18, 2001.


Domínguez, Montserrat (et al), El Opus Dei como fuente creadora de líderes. El camino hacia el liderazgo. Tesis para optar al grado de Licenciado en Comunicación, Universidad Diego Portales, Santiago, 2005


Escobar, Jaime, Opus Dei: Génesis y expansión en el mundo, Editorial LOM, Santiago, 2002.


Escrivá de Balaguer, Josemaría, Amigos de Dios: homilías, Ediciones RIALP, Madrid, 1988.


----------------------------------------, Camino, Editorial Minos, México, 2001.


Garay, Cristián, El Tradicionalismo y los orígenes de la Guerra Civil Española, 1927-1937, Ediciones Hernández Blanco, Santiago, 1987.


Hernández, Marcela, “Perspectiva sociológica de los actores empresariales”, en Enrique de La Garza (coord.), La importancia del empresariado en el nuevo modelo económico, Anthropos-UAM, México, 2006.


Jara, Isabel, De Franco a Pinochet. El proyecto cultural franquista en Chile, 1936-1980, Editorial LOM, Santiago, 2006.


Kerr, Richard, España Contemporánea, Editorial Marcial Pons, Madrid, 2004.


Khrone, Walter, Las dos caras de la libertad de expresión en Chile: ¿Por qué la elite económica desconfía de los nuevos medios de comunicación? ¿Por qué la Concertación no ha querido ayudar a los nuevos medios? Editorial Academia de Humanismo Cristiano, Santiago, 2005.


Larraín, Jorge, Identidad Chilena, Editorial LOM, Santiago, 2001.


Le Monde Diplomatique, Involución de la Iglesia Católica chilena. El Catolicismo del siglo XXI: de la teología de liberación al papa Benedicto XVI. Editorial Aún Creemos En Los Sueños, 2007.


Monckeberg, María Olivia, El Imperio del Opus Dei, Ediciones B, Santiago, 2003.


--------------------------------, El saqueo de los Grupos Económicos al Estado chileno, Ediciones B, Santiago, 2001.


Montero, Cecilia, La Revolución Empresarial Chilena, Ediciones CIEPLAN-Dolmen, Santiago, 1997.


Patiño Villa, Carlos, “Entre la vocación profética y la restauración. Movimientos católicos latinoamericanos en el siglo XX” Colom, Francisco (et.al), El altar y el Trono: ensayos sobre el catolicismo político iberoamericano, Editorial Anthropos, Madrid, 2006.



Rojas-Mix, Miguel, Los cien nombres de América, Editorial Lumen, Barcelona, 1991.


Thumala, María Angélica, Riqueza y piedad. El catolicismo de la elite económica chilena, Editorial Debate, Santiago, 2007.


Weber, Max, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Fondo de Cultura Económica, México, 2003.


Fuentes primarias

Diarios, revistas y documentos

  • CEP, “La Misión del empresario en el mundo moderno”, Documento de Trabajo Nº158, julio 1991.


  • Consistorio “Eduardo de la Barra”, Seminario del Opus Dei y su estructura, Comité Valparaíso, 1984.


  • Diario La Tercera, 31 de agosto 2008.


  • Revista Ercilla, Nº 168, 1974.


  • Revista “Qué Pasa”, 27 de septiembre 2002.


i Licenciado en Historia, Universidad Diego Portales. Candidato a Magíster en Historia de Chile, Universidad de Santiago de Chile.

ii Nos referimos a Fernando Larraín y Manuel Cruzat, ambos supernumerarios del Opus Dei.

iii Cabe señalar que el concepto integrismo fue introducido por el teólogo alemán Hans Urs von Baltasar, en un artículo escrito en 1960 titulado “Integralismus”. Por su parte, el término integrismo está relacionado al catolicismo. Sería un error denominar a esta visión del catolicismo de “fundamentalista” puesto que ese concepto pertenece a la tradición protestante norteamericana.

iv No está de más decir que la principal referencia que tenía el catolicismo integrista era Pio V (1565-1572), el Papa más activo de la Contrarreforma religiosa.

v Le Monde Diplomatique, Involución de la Iglesia Católica chilena. El Catolicismo del siglo XXI: de la teología de liberación al papa Benedicto XVI. Editorial Aún Creemos En Los Sueños, 2007, p.27.

vi La declaración de la doctrina de la infalibilidad del Papa se dictó en 1870 en el Concilio Vaticano I.

vii Además Pío XI instituyó la fiesta litúrgica de Cristo Rey, que se debía celebrar en la Iglesia el último domingo de octubre.

viii Uno de los adversarios más encarnizado y constante de los postulados del Concilio Vaticano II fue el Monseñor francés Marcel Lefebrve, quien formó un movimiento integrista católico denominado Lefebrvristas, con presencia minoritaria en nuestro país.

ix Antoni Aguiló Bonet, Op.cit, p.8. Sobre este punto, Escrivá de Balaguer, en su defensa a la libertad personal dejó entrever su animadversión hacia la justicia social y las teorías del marxismo, condenándolo de manera explícita como algo que “es incompatible con la fe de Cristo”. De hecho, se preguntaba: “¿Existe algo más opuesto a la fe, que un sistema que todo lo basa en eliminar del alma la presencia amorosa de Dios?”. Ver Josemaría Escrivá de Balaguer, Amigos de Dios: homilías, Ediciones RIALP, Madrid, 1988, p.251.

x José Comblin, citado en María Olivia Monckeberg, El Imperio del Opus Dei, Ediciones B, Santiago, 2003, p.254.

xi Max Weber plantea que el capitalismo es ante todo una mentalidad, no consiste solamente en la prosecución de unos beneficios, y menos aún de confort, el deseo de adquirir ha existido siempre y en todas partes. El espíritu del capitalismo weberiano es un tipo particular de conducta económica, que se caracteriza por la búsqueda de ganancias cada vez mayores, gracias a la utilización racional calculada y metódica de los medios de producción. Para analizar el origen de ese capitalismo hay que buscar las fuentes de esa racionalidad que se encontrarían en la ética protestante. Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, México: Fondo de Cultura Económica, 2003.

xii En su máxima 946, Escrivá de Balaguer denotó su machismo y desprecio por la mujer. Dice en una de ellas: “Si queréis entregaros a Dios en el mundo, antes que sabios –ellas no hace falta que sean sabias: basta que sean discretas – habéis de ser espirituales, muy unidos al Señor por la oración

xiii Muchos de esos numerarios privilegiaban sus estudios en los establecimientos del Opus Dei. En particular de la Universidad de Navarra en España.

xiv En el período de la dictadura franquista el Opus Dei logró conseguir controlar el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y a través de él obtener un papel dominante en el mundo académico. Además que estableció sus propias instituciones de educación: Universidad de Navarra y la Escuela Superior de Administración de Empresas (ESADE) en Barcelona.

xv Según cita Callaghan, “tras ser felicitado por el nombramiento de Ullastres, Escrivá de Balaguer observó: <<Me da igual que sea ministro o barrendero, lo único que me interesa es que haga su santo trabajo>>. Ver William Callaghan...p.330.

xvi El Opus Dei llegó a Chile gracias a la misión encomendad por Escrivá de Balaguer a Adolfo Rodríguez Vidal quien se presentó ante el Cardenal José María Caro que lo introdujo como profesor de Ingeniería en la Universidad Católica. A los pocos años y ya como Consiliario Regional en Chile empezó a difundir la “Obra” a las clases altas santiaguinas, en especial a profesionales y estudiantes universitarios en esa casa de estudios. Pero ya a finales de la década del 60 empezó a ostentar una amplia acción apostólica que incluía a empresarios chilenos.

xvii Según Carlos Patiño Villa, muchas de las universidades del Opus Dei no aparecen adscritas a ellas sino como obras corporativas emprendidas por “ciudadanos” comunes (entiéndase empresarios). Esas obras corporativas les ha permitido al Opus Dei afirmar que ellos no poseen posesión alguna de bienes. Ver Carlos Patiño Villa, “Entre la vocación profética y la restauración. Movimientos católicos latinoamericanos en el siglo XX” en Francisco Colom y otros autores, El altar y el Trono: ensayos sobre el catolicismo político iberoamericano, Editorial Anthropos, Madrid, 2006.

xviii Si bien existe parte de la elite chilena es católica, esto no significa que tengan cohesión en el sentido de una visión de mundo. De hecho, existió una larga tradición al interior del catolicismo de elite, como sostiene María Angélica Thumala, que se dividía entre católicos conservadores y liberales. La tradición conservadora se caracterizaba por un fuerte clericalismo que se oponía al anticlericalismo de la vertiente liberal. Ver María Angélica Thumala, Riqueza y piedad. El catolicismo de la elite económica chilena, Editorial Debate, Santiago, 2007, p, 78.

xix José Comblin, citado por María Olivia Monckeberg, Op.cit, p.249.

xx Es interesante destacar que el autor en mención plantea que el Opus Dei fue una disrupción con ese espiritualismo de la hispanidad, puesto que reconcilia a éste con el capitalismo.

xxi Jaime Eyzaguirre, historiador hispanófilo, fue uno de los que “nacionalizó” el discurso hispanista plasmándolo en su visión de la historia de Chile

xxii Cabe destacar que en 1971 se creó la Sociedad Educacional Limitada (SEDUC) por un grupo de padres asociados al Opus Dei con el fin de entregar una opción educativa acorde hacia su espiritualidad

xxiii Además el Opus realizó sus primeras incursiones en el campo empresarial y político. Según Jaime Escobar se registra influencia en la Empresa Editora Zig-Zag, en esa época el segundo monopolio periodístico de Chile; la rama femenina del Opus había logrado el control de la revista femenina “Eva” y algunos jóvenes periodistas ejercieron fuerte influencia en el semanario “Ercilla”. Jaime Escobar, Op.cit, p.99.

xxiv Así queda explícito en algunos de los pasajes de Camino donde Escrivá de Balaguer dice: “Voluntad.- Es una característica muy importante. No desprecies las cosas pequeñas, porque en el continuo ejercicio de negar y negarte en esas cosas – que nunca son futilidades ni naderías- fortalecerás, virilizarás, con la gracia de Dios, tu voluntad, para ser señor muy de ti mismo, en primer lugar. Y después, guía, jefe, ¡caudillo!..., que obligues, que empujes, que arrastres, con tu ejemplo y con tu palabra y con tu ciencia y con tu imperio (Máxima, 19)”. En otra máxima se menciona el expansionismo donde dice: “Me explico que quieras tanto a tu Patria y a los tuyos que, a pesar de esas ataduras, aguardes con impaciencia el momento de cruzar tierras y mares – ¡ir lejos!- porque te desvela el afán de mies”. Josemaría Escrivá de Balaguer, Op.cit, p.7.

xxv El testimonio del influjo del Opus Dei en la elite chilena quedó demostrado cuando el alcalde de Las Condes, Sergio Guzmán, dictó el decreto N°85 de fecha 27-2-78 donde denominó la Avenida Costanera Monseñor Escrivá de Balaguer, en homenaje al líder fallecido en 1975. Todo esto, según lo señalado al Mercurio por el socio Francisco Armendáriz, fue pedido por más de quinientos vecinos de Las Condes. Ver Consistorio “Eduardo de la Barra”, Seminario del Opus Dei y su estructura, Comité Valparaíso, 1984, p.52.

xxvi Según Sofía Correa, “al promediar el siglo XX, en Chile, al igual que otros países latinoamericanos, la riqueza estaba en buena medida concentrada en unas pocos conglomerados de carácter familiar, cuyos intereses estaban diversificados en todos los sectores de la economía. A su vez estos grupos estaban vinculados entre sí por intereses económicos comunes y por lazos de parentesco.”

xxvii Además la autora señala que durante un breve período de tiempo, en 1989, había sido presidente de ese holding el numerario español José Enrique Diez.

xxviii Dentro del directorio de ese holding de la salud aparece el supernumerario Patricio Parodi Gil.

xxix En la actualidad muchos miembros de la “Obra” militan en partidos de la derecha política como la Unión Demócrata Independiente (UDI), fundado por Jaime Guzmán Errázuriz en 1983. Los miembros de la Obra que destacan en la UDI son Joaquín Lavín, ex candidato a la presidencia de la República, Jorge Martínez Busch (senador, Jacqueline Van Rysselberge (alcaldesa de Concepción), Nicolás Monckeberg (diputado), Marcelo Forni e Iván Norambuena y Orlando Poblete.

xxx Eliodoro Matte opera actualmente en los rubros de la celulosa, papel, Bolsa de Comercio, inmobiliarias, maderas, minería, productos sanitarios. Sin embargo, según la revista “Qué Pasa”, el grupo Matte está relacionado con los Legionarios de Cristo. Ver Revista “Qué Pasa”, 27 de septiembre 2002.

xxxi CEP, “La Misión del empresario en el mundo moderno”, Documento de Trabajo Nº158, julio 1991, pp.12-13.