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Revista
Cultura y Religión, Vol. IV, Nº 2 (octubre del 2010)
211 - 224 Conflicto religioso y
tradición en una comunidad zapoteca: Bautistas
en
Tlacochahuaya, 1920-1935 Religious Conflict and
Tradition in a Zapotec Community: Baptists in
Tlacochahuaya, 1920-1935 Kathleen
M. McIntyre[1] Universidad de
Nuevo México,
Albuquerque. (Estados
Unidos) Recibido 25 de agosto del 2010 Aceptado el 7 de octubre del 2010 Resumen Este artículo analiza la
compleja dinámica que
rodea los inicios del crecimiento del protestantismo en la región
zapoteca de Oaxaca;
examina también la interacción
entre organizaciones transnacionales como la Convención Nacional
Bautista, la
identidad étnica, género y
la memoria
histórica. El
crecimiento del
protestantismo ha creado su propio sistema de mártires, memorias e
historias de
creación que unen a protestantes a través de las fronteras políticas y
étnicas. El cambio
religioso ha
redefinido qué significa ser mexicano, ser indígena, y ser cristiano en
comunidades rurales. En particular, este trabajo investiga la violencia
religiosa y agrarista en Tlacochahuaya
durante los años 20s y 30s y sus implicaciones en dicho pueblo, hasta
el día de
hoy. Palabras
claves: Misioneros, bautistas,
zapoteco,
protestantismo, Oaxaca, México, indígena, religión, catolicismo,
tradición,
Tlacochahuaya, conflicto, Samuel J. García, Unión Femenil, Convención
Nacional
Bautista de México
Abstract
This article analyzes the
complex dynamics
surrounding the early beginnings of the rise of Protestantism in the
Zapotec
Central Valley of Oaxaca. It also examines the interaction between
transnational organization such as the National Baptist Convention,
ethnic identity,
gender and historical memory. The
rise
of Protestantism has created its own system of martyrs, memories and
creation
stories that unite Protestants across political and ethnic borders.
Religious
conversion has redefined what it means to be Mexican, to be Indigenous
and to
be Christian. Specifically,
this work
investigates religious and agrarian violence in Tlacochahuaya during
the 1920s
and 1930s and its legacy in that town today. Key
words: Missionaries, Baptists,
Zapotec, Protestantism,
Oaxaca, Mexico, Indigenous, Religion, Catholicism, tradition,
Tlacochahuaya,
conflict, Samuel J. García, Women’s Union, National Baptist Convention
of
Mexico Introducción
Este
pueblo es muy fanático y por lo mismo nos ha costado mucho trabajo
sostener nuestra misión. La escasez de las lluvias se atribuye a
nosotros y van
tres veces que los fanáticos pretenden desterrarnos.
Si no lo han hecho se ha debido a que ahora
tenemos un buen número de creyentes y temen que haya fricción entre
evangélicos
y romanos.[2] Esta cita fue tomada de un
artículo
del misionero Samuel Juárez García, con fecha de agosto de 1923, en la
revista
mensual El
Atalaya Bautista. Juárez
García trabajaba como misionero entre
los zapotecos en su
pueblo natal,
Tlacochahuaya, Oaxaca, durante los años 1920-1935.
Su congregación, la
Convención Nacional Bautista de México, era
una organización transnacional con oficinas en Puebla, Ciudad Juárez, Monterrey, Saltillo,
Glendale, Arizona, y El
Paso, Texas. En los
años 20s y 30s la
CNBM ofreció apoyo financiero y espiritual para un proyecto misionero
bautista
en Oaxaca, México. La iglesia bautista de Tlacochahuaya fue el primer
templo
bautista en el sur de México. Este trabajo analiza la
compleja
dinámica que rodea los inicios del crecimiento del protestantismo en
los Valles
de Oaxaca; examina también la interacción entre organizaciones
transnacionales
como la Convención Nacional Bautista, la identidad étnica, género y la memoria histórica. El crecimiento
del protestantismo ha creado
su propio sistema de mártires, memorias e historias de creación que
unen a
protestantes a través de las fronteras políticas y étnicas. El movimiento ha
redefinido qué significa ser
mexicano, ser indígena, y ser cristiano.
Aunque mi ensayo se enfoca más en una región de
Oaxaca y el impacto de
una organización protestante, también da un vistazo sobre los conflictos religiosos en
el sur de México. Empiezo con la historia de la
Convención Nacional Bautista y su
labor
misionera en el distrito de Tlacolula, Oaxaca.
Después, examino
el papel de la
Unión Nacional Femenil Bautista
en la
controversial edificación de un templo en Tlacochahuaya. Más tarde trataré la
violencia religiosa y
agrarista durante la
época cardenista y
sus implicaciones en dicho pueblo, hasta el día de hoy. Antecedentes Aunque la Convención Bautista
hizo
un plan para la evangelización de los indios en 1903, por causa de la
revolución mexicana, la Convención Bautista
se suspendió toda actividad misionera entre los
indígenas, de 1912 a 1920.
Fue hasta el otoño de 1920 que la Convención pudo reanudar pláticas para la evangelización de los
indígenas.[3] En una sesión nacional
reunida en Torreón,
Coahuila en Octubre 13 a 17 de 1920, el tema principal de la Convención
fue “¿Qué podemos
hacer por la
evangelización de los indios?” Esta pregunta, recuerda Alejandro
Treviño,
presidente de la Convención en aquel entonces, despertó en los
participantes el
“espíritu de liberalidad”.[4]
Como consecuencia, Sara Hale, una misionera bautista estadounidense que
trabajaba en el norte de México, se ofreció a contribuir con $300
dólares
anuales para la evangelización de las comunidades indígenas en México.
Satisfechos con el ofrecimiento de la Sra. Hale, los miembros de El norteamericano Dr. A.B.
Rudd, a
la sazón representante de la iglesia bautista en México, subrayó el
potencial
de los frutos misioneros tanto en la zona tarasca de Michoacán, como en
territorio zapoteco de Oaxaca. El Dr. Rudd persuadió a La
región zapoteca El primero de noviembre de
1920, bajando
del tren Ferrocarril Mexicano del Sur en la
estación de Tlacolula, el joven misionero Samuel J. García se asombró al ver el potencial que quizás tendría su evangelización en la
región zapoteca. Se
notó que pronto el ferrocarril llegaría
de los Valles
Centrales al istmo de
Tehuantepec y Juchitán, regiones lejanas en las que él quería predicar
tan
pronto como su trabajo terminara en los valles centrales.[6] Según la correspondencia
que se conserva entre
el pastor Juárez García y los directivos de En
correspondencia con la Convención Bautista,
Samuel J. García describió su pueblo zapoteco en el tono de un
extranjero (educado
en el norte, fluido en español, y
protestante) pero también como un miembro
íntimo. Juárez
García admiraba los
logros arquitecturales de
los zapotecos
en el valle (en varias ocasiones le dedicó columnas alabando sitios
prehispánicos
como Monte Albán y Mitla)
y expresaba orgullo
por el proyecto que él había
tomado en su pueblo natal. Sin
embargo,
Juárez García fue
consistente en culpar
a la Iglesia Católica para los desafíos que enfrentó. A menudo Juárez García hace
alusión
a los retos que tuvo que enfrentar para convertir a sus paisanos
zapotecos a la
fe bautista, insistiendo una y otra vez que la identidad cultural de
los mismos
era en sí un impedimento para su conversión: “Sus ideas están tan
arraigadas,
que ante la razón y ante la Escritura no presentan más argumento que
este: ‘Así
es la costumbre del pueblo”.[7]
Concluye el pastor bautista que era su deber evangélico “despertar a
esta raza que
por cientos de años ha permanecido en profundo letargo. ¡Gracias a Dios
que el
evangelio ha comenzado a iluminar a esta oscura región donde Satán y el
romanismo imperan! La religión de los zapotecos es la que trajeron los
conquistadores: la religión romanista con su grosera idolatría”.[8]
Hacia el otoño de 1921,
la preocupación más grande para Samuel Juárez García era encontrar una
capilla
permanente para dar cabida a su feligresía, pues la casa donde vivía
era
alquilada y sólo disponía de un local pequeño para llevar a cabo sus
servicios
religiosos. Los visitantes de pueblos vecinos debían dormir al
descampado en la
plaza del pueblo, y esto causaba conflicto con las autoridades, quienes
los
multaban o encarcelaban, alegando que a ciertas horas de la noche, ya
nadie
debía estar fuera. Juárez García también llegó a quejarse de que la
dueña de la
casa que él rentaba, inventó pretextos para interrumpir los servicios
religiosos. Luego se supo que el cura del pueblo amenazó a la señora
con
negarle la boda religiosa a su hijo si ella no expulsaba del lugar al
pastor
protestante y a sus seguidores.[9] Papel
de la Unión Femenil Bautista Pensemos
por el momento quién es Cristo
para nosotras, mujeres cristianas. Él ha dignificado
a la mujer y a su
trabajo, ha sido su colaborador. ¡De cuántos privilegios gozamos! Pero
no
debemos ser egoístas, no debemos acostumbrarnos a poseer tantos
tesoros;
debemos dar a los demás de nuestra abundancia.
¡Que triste es la vida de una mujer que no tiene la
esperanza y el amor
del dulce Jesús![10] Esta cita fue tomada de un
artículo
de Esther G. de Montes en el boletín de la Unión Nacional Femenil
Bautista, con
fecha de enero de 1922. De Montes estaba pidiendo ayuda monetaria para
la
construcción de un templo bautista en Tlacochahuaya. En 1922, la Unión
Femenil
lanzó una campaña para reunir fondos a favor de la iglesia presidida
por Samuel
Juárez García. En un boletín fechado el 17 de enero de ese mismo año,
Esther G.
de Montes alabó el trabajo misionero del pastor bautista, porque
predicaba en
zapoteco y logró establecer su iglesia en un lugar difícil. Obviamente,
quienes
dirigían Es
triste y lamentable en verdad la situación en que se encuentran estos
hermanos
nuestros. No he tenido la oportunidad de visitar a los
Zapotecas, pero
varias veces he visitado muchos pueblos del Valle de México, y el corazón
se entristece al ver a nuestra clase indígena tan llena todavía
tanto fanatismo. Hay en su
religión
tanta mezcla de idolatría y superstición que le parece a uno estar en
tiempos
de la Conquista. ¿No les parece hermanas que el tiempo ha llegado
para que
nosotras contrarrestemos ese fanatismo y ayudemos a nuestros
hermanos
que han sido engañados por tantos años?[11] Para la Unión Femenil Bautista,
la
población indígena de México vivía atrapada en medio del fanatismo, y
era su
deber ayudar a las mujeres, y más si eran zapotecas. En su artículo, De
Montes
describía a las mujeres zapotecas como almas desafortunadas,
necesitadas de
ayuda por parte de sus hermanas mestizas, siempre más preparadas. De Montes les preguntó: “Cuántas hermanas aprovecharán ahora
esta oportunidad, recordando
las palabras de nuestro bendito maestro en San Mateo: ‘Lo que hagan por
uno de
mis hermanos más pequeños, lo hacen por mí’. No olvidemos rezar y
trabajar para
Cristo.”[12] Sus peticiones para ayuda
económica
surtieron efecto. Al
principio, su
organización había planeado donar la mitad de la construcción, pero
después
notificó a sus hermanas que podría absorber la totalidad de la obra,
indicando
que Sin embargo, una vez que la
Unión
Femenil aceptó costear la capilla, sus dirigentes se quejaban de la
lentitud
para poder terminarla. En un exasperado artículo que publicaron, la
Unión
Femenil declaraba: “No sabemos nada sobre los progresos de la misión
zapoteca.
Debemos suponer que el hermano Samuel está muy ocupado en la
construcción de la
capilla y por ello no le ha sido posible enviarnos alguna información
financiera sobre dichos trabajos.”[13]
Cuando 1925 llegaba a su fin, Samuel Juárez García les hacía saber con
pena que
la capilla no había podido terminarse en Tlacochahuaya. Les explicaba
que el
trabajo se había atrasado debido a la abundancia de lluvias en A finales de diciembre la Unión
Femenil se negó a entregar más fondos hasta recibir confirmación de que
el
trabajo de construcción estaba avanzando. El permiso de construcción
para la
capilla iba a caducar y la Unión Femenil se preguntaba cómo era posible
que el
presupuesto para el templo se hubiese cuadruplicado; más aún, la
dirigencia de
la Unión se
cuestionaba por qué Juárez
García no había podido encontrar un contratista más capaz para poder
concluir
la obra. La capilla se inauguró por fin
el 30
de mayo de 1926, y su foto engalanaba la portada de “El
Atalaya Bautista”. El costo total del templo ascendió a
$2,300
pesos, que
Algunos
miembros de la Unión Femenil viajaron hasta Oaxaca para la inauguración
de la
capilla, quedando satisfechas con los resultados del templo pero
guardando
algunos prejuicios sobre las prácticas religiosas de los zapotecos. El 17 de junio de 1926, en
una sección de El Atalaya Bautista,
El
pueblo Zapoteca es una raza fuerte y limpia; pero su ignorancia la ha
llevado y la sigue llevando a la ruina.
Todas sus costumbres son hijas de su
religión…..Cuando algún niño se
enferma y naturalmente esta decaído y triste, dicen: a ese niño ya se
la salió
el alma, y entonces se ponen a pensar e investigar en que lugar se le
saldría
el alma por algún golpe o susto……
Respecto a la condición de la mujer zapoteca es más
triste de lo que
podéis imaginar. Yo
tuve oportunidad de
ver que es tan despreciada, como inferior al hombre….[18]
Sin
embargo, y a pesar de la nueva iglesia y el interés creciente por
mejorar la
vida de mujeres y hombres de la raza zapoteca, y también el apoyo
político en
el nivel nacional, una serie de conflictos violentos entre católicos y
protestantes en Oaxaca impidió el crecimiento de los bautistas en el
estado.[19]
Luego de la apertura de la nueva capilla, los conflictos entre
católicos y
protestantes se volvieron cada día más frecuentes. Conflicto
con los católicos Cuando Samuel García
hacía planes para construir la primera iglesia bautista en el sur de
México, se
desató el conflicto con la iglesia católica. Obviamente, la floreciente
comunidad bautista se aprovechó
de
La Revista
Oficial, publicación mensual de la diócesis, alertaba a sus
lectores para
que tuvieran cuidado de los “amistosos” misioneros protestantes, así
como de
los nexos de dichas iglesias con el socialismo. El arzobispo Núñez
y
Zárate se refirió
abiertamente
al protestantismo como “antipatriótico”, porque su propaganda venía
sobre todo
de Estados Unidos, y sólo servía para dividir a la nación mexicana. En
especial, la revista publicó una nota de precaución para los padres
acerca de
prohibir a sus hijos aceptar regalos como biblias, lápices, o dulces de
misioneros protestantes.[21] En Oaxaca, como muchas partes
de
México durante la época Cardenista, el crecimiento de las escuelas
socialistas
y marchas durante los 30s era común. Tlacochahuaya era una locación
importante
para el movimiento anti-clerical.
Ubicada en los Valles Centrales, a 25 kilómetros al
sureste de la ciudad
de Oaxaca, los
Protestantes
participaron quemando
las imágenes de los
santos Católicos y demandando
una auditoría de la
iglesia católica. Cada
grupo declaró experimentar temor a los asesinatos y a la obstrucción de
recursos y transportes. Por
otro lado,
los protestantes dijeron que los católicos dejaron de apoyar las reglas
de la
constitución, y la educación laica.[22] Nacido en 1922, católico
Carlos Martínez se acuerda de muchos de los conflictos entre
protestantes y
católicos. Martínez dijo: Los
protestantes nos llamaron búhos porque íbamos a la misa muy
temprano, antes del amanecer. En
los
30s, empezaron a quemar imágenes de los santos.
Yo tenía 13 años en 1935 y me acuerdo que cuando los
católicos hicieron
sus procesiones,
los protestantes
trataban de ofender a los católicos durante el día 30 de septiembre, el
día de
San Jerónimo. Empezaron
a marchar y
colectar imágenes de
los santos. Gritaban,
“¡aquí va otra!” ¿Yo
te pregunto si esto es evidencia de
progreso e inteligencia para nuestro pueblo?
No éramos agraristas
porque no
queríamos ser tan habladores. Sin
embargo, lo chistoso es que aunque dicen que nosotros andamos con el
diablo
porque tomamos, ellos no tienen pena de aceptar el mezcal en una fiesta
cuando
este es gratis. Pero,
no hacen
donaciones porque se escudan atrás de su religión.[23] Eliseo Manzano, uno de los
primeros
conversos de Juárez García, escribió una biografía del ministro
bautista, y en
ella recuerda que el ministro protestante molestó a los católicos al
invitar a sus
feligreses bautistas de
los pueblos vecinos para que visitaran su casa y admiraran su nuevo
templo.
Además de los 50 feligreses locales que asistían a sus clases de
biblia, venían
evangélicos de Etla, Abasolo e Ixtepec, quienes participaban
regularmente en
retiros que llegaban a durar hasta tres días. Añade también Manzano
que, si
bien el padre Ignacio Morales, párroco de Tlacochahuaya en esa época,
aceptaba
de mala gana los debates teológicos con Samuel Juárez García, durante
buena
parte de los años 20s y más precisamente hacia 1928, luego llegó al
pueblo un
sacerdote menos tolerante hacia los evangélicos. Según el relato de Manzano,
este
párroco sospechaba de las actividades del pastor bautista y llegó a
quejarse
con la Arquidiócesis de Oaxaca sobre el proselitismo que realizaban los
protestantes. Manzano asegura que ese párroco, el padre Enrique López,
fue
responsable por ordenar el asesinado del misionero Samuel Juárez García
en
1935: A Enrique López le
disgustaba
mucho el hecho de que el pueblo se estaba volviendo protestante. Él
comenzó su
trabajo clerical atrayendo a los vagos, borrachos y
asesinos; esa gente le informó que Samuel era
muy popular. Al igual que su predecesor,
él también quiso hacerse amigo del pastor bautista indígena, pero de
una manera
muy hipócrita. Buscó la amistad del hermano Samuel y hasta lo
acompañaba en sus
giras. En realidad, lo que López buscaba era aprender los métodos
usados por
Samuel Juárez para convertir a los zapotecos y enterarse de sus rutinas
diarias.[24]
Sin
embargo, los bautistas que entreviste y
según los reportes históricos de la iglesia bautista, no menciona en su
reporte
los sucesos que desembocaron en el asesinato del pastor bautista y de
sus
seguidores. Por ejemplo, empezando en el año 1928 y especialmente
durante la
época Cardenista de 1934-1940, el
pueblo
se dividió entre católicos populares y Protestantes agraristas. Damián Ángeles, dirigente
de la Asociación
Católica, había sido asesinado exactamente un año antes que Samuel
Juárez
García; le dispararon seis tiros en la espalda mientras trabajaba en su
parcela
donde cultivaba ajos. Con la asistencia de la Asociación Católica, los
católicos del pueblo escribieron cartas para quejarse a la Corte de
Distrito,
al gobernador de Oaxaca, a los diarios locales y posteriormente al
presidente
de la república en 1934.[25] De hecho, en octubre de 1934, El Oaxaqueño reportaba que los vecinos
católicos “esperaban
que las autoridades
superiores abran una investigación seria para probar que hay individuos
en el
pueblo que malentendieron los objetivos del agrarismo, y han tomado la
ley por
sus propias manos”.[26] Además, el 1 de enero de
1935, El Informador reportaba que
de acuerdo a
los católicos, el predicador evangélico de Tlacochahuaya Samuel Juárez
García
provocó el prejuicio y se ganó adversarios.
Según El Informador, Los
católicos: “Creen que de Samuel García, dependen cientos despojos que
han
estado sufriendo.” Por tanto la
explicación simplista de Manzano de que el padre López se sintió
amenazado por
la presencia de Juárez García es insuficiente.[27]
Queda claro que por más de una década, las tensiones entre católicos y
protestantes habían aumentado y se habían agravado. Samuel J. García y
muchos
de sus seguidores eran agraristas y sus ideas no llevaban bien con las
prácticas de los católicos populares.
En 2009, tuve la oportunidad de
entrevistar a Elvira García acerca de los conflictos religiosos el
pueblo.
Elvira, todavía es residente de Tlacochahuaya e hija de
las primeras familias en convertirse a la fe
bautista. Su padre
asistía a las clases
nocturnas en el lugar que el pastor Samuel rentaba y su madre conoció a
las
mujeres norteñas de la Unión
Femenil. El
día de hoy, Elvira, de 77 años, es una de
las sobrevivientes de más edad entre los bautistas de Tlacochahuaya. Su
historia es un ejemplo importante del papel de memoria y la historia. Como el relato de Manzano,
Elvira
alega que todo iba bien hasta el día en que llegó el nuevo párroco al
pueblo, advirtiendo
a sus feligreses que guardaran distancia del pastor
Samuel Juárez García.
“Todo estuvo bien hasta no sé exactamente el
año que llegó un cura, y ese cura es el que empezó a provocar, a
empezar
disturbios aquí. Empezó a meterle ideas a la gente del pueblo de que no
les
convenía la amistad con el difunto, con Samuel Juárez García.”[28]
Según
la recolección de Elvira, el padre López celebraba una misa de vigilia
la noche
del 4 de octubre de 1935. Esa misma mañana, antes del amanecer, un
grupo de católicos
se dieron cita fuera de la iglesia y llevaron a cabo los asesinatos de
Samuel
Juárez García y de cinco de sus seguidores, todos ellos personas
activas en la
fe evangélica. (Ella
no menciona o no se
acuerda que también los difuntos eran miembros de la asociación
agraria.) Elvira García tenía sólo dos
años de
edad cuando esos acontecimientos sucedieron en 1935, pero se acuerda
que su
madre le contaba sobre la mañana del 5 de octubre de aquel año: “Y
esto, lo que
pasó allí, yo lo sé por mi mamá, porque mi mamá fue al molino a esa
hora, en la
casa de Samuel, sí, el molino de nixtamal con su vecina.” Elvira afirmaba: “Las dos
mujeres entraron
cuando vieron los cuerpos allí tirados, dice, pues los dejaron
horribles, pues
al difunto le dieron de balazos”.
Elvira
asegura que una de las mujeres católicas aplastó la cabeza de Samuel
con un
metate después de que había muerto, dejando una mancha en la pared
detrás de
él. Afirma que la mancha de sangre sigue allí todavía, sin importar que
hayan
pintado muchas veces la vieja casa de Juárez García: Lo
que pasó en el año que mataron al difunto Samuel es muy, cómo le
diré, muy recordado. Pues allá en donde él se recargó sobre esos
bultos,
entonces cuando le pegaron, entonces pues, se golpeó su cabeza y
entonces salpicó
la masa encefálica en la pared y por más que lo quitaron esa vez, pues
me
imagino que sí lo limpiaron o quién sabe, pero nunca desapareció.
Entonces mi
suegro estuvo dando mantenimiento a esa casa, y ese cuarto, dice mi
suegro, lo
dice muchas veces, lo pintó y lo repintó pero jamás se quitó. Por eso
digo que
la sangre está clamando justicia aún, todavía.[29]
Finalmente, soldados federales
llegaron a la escena del crimen en Tlacochahuaya, detuvieron a varios
sospechosos y luego recomendaron que se enterrara a Samuel Juárez García con honores en el
panteón municipal.[30]
Como Juárez García había sido administrador de correos en Tlacochahuaya
y
también un masón, el General Maximino Ávila Camacho hizo arreglos para
pagar su
funeral.[31]
Los soldados ocuparon el pueblo por varios meses. Carlos Martínez,
católico del
lugar, tenía 13 años en aquel entonces y recuerda que muchos ciudadanos
abandonaron el pueblo para buscar refugio en la ciudad de Oaxaca, otros
se
marcharon a trabajar a México, DF. Su propia familia se ausentó del
pueblo por
seis meses, por miedo a más violencia. Finalmente, la Convención
Nacional
Bautista decidió abandonar su trabajo misionero en Oaxaca por varias
décadas.[32] Conclusión
y legado
del protestantismo en Tlacochahuaya Al día de hoy, el proselitismo
protestante continúa siendo un tema controversial en muchas comunidades
indígenas. El estado de Oaxaca muestra el más rápido crecimiento de
protestantismo en México (basado en un estudio que abarca desde 1970
hasta el
año 2000).[33]
Además,
el 10 por ciento de los presidentes municipales del periodo 2006-2009
eran
también evangélicos.[34]
Pero el debate de si la tradición indígena y el protestantismo son
compatibles,
es todavía un asunto delicado. Aunque mi ensayo no se enfoca
exclusivamente en la identidad indígena, en un trabajo más amplio sobre
protestantismo en Oaxaca, señalo cómo los católicos indígenas
presentaban ante
los evangélicos el argumento de que dicha religión es incompatible con
sus
viejas costumbres y ritos.[35]
Estas prácticas incluyen la cooperación monetaria para la fiesta
patronal cada
año, la participación regular en el tequio (trabajo comunitario) y el
cumplimiento de cargos públicos. Los protestantes, por su parte,
objetan que
los ritos comunitarios tienen que ver con el abuso de alcohol, bailes y
trabajos colectivos en templos católicos, a los cuales ellos ya no
pertenecen. Volviendo al tema central de
este
artículo, Samuel
Juárez García fue
asesinado en octubre de 1935, y su iglesia quedó abandonada por casi 70
años.
Actualmente, sin embargo, 75 años más tarde, las mujeres bautistas en
Tlacochahuaya se esfuerzan por renovar
el legado de Juárez García, al reconstruir su iglesia y conmemorar su
muerte
presentándolo como un ejemplo de mártir evangélico en Oaxaca. Dicen que
aunque
no tuvieron un pastor por muchos años, seguían haciendo cultos en sus
casas hasta
que tuvieran el apoyo de la ley
y la diversidad
religiosa en México. Elvira
y su familia continúan trabajando
activamente con la Convención Bautista para restaurar la fachada del
templo (o
al menos buscar su reconocimiento para que el Instituto Nacional de
Antropología e Historia lo
declare
Patrimonio Nacional Histórico) y celebrar de nuevo el culto en el
edificio
original o más probablemente, atrás del antiguo templo.
Y, ¿cuál es el
legado de la Unión Nacional Femenil Bautista
en Oaxaca? Aún se
recuerda en diversas
publicaciones a ambos lados de la frontera, aunque ya sin las
exageradas
actitudes paternalistas que caracterizaron sus declaraciones en los
años
30s. La diferencia
es que ahora Elvira y
las 20 mujeres que asisten el culto bautista dicen que ellas mismas
están en
control del culto y no ven su cultura como un obstáculo a la religión
como
decía la Unión Femenil Bautista del norte de país.
También, hay una revitalización del idioma y
una salud tradicional en su pueblo.
Los bautistas de Tlacochahuaya
reciben hoy día la ayuda legal de expertos de la Defensa Evangélica y
otras
organizaciones misioneras, tales como el grupo “Ministerios Vayan y
Digan”,
cuya base está en Brownsville, Texas.[36]
A pesar de la negativa de una vecina del pueblo para conceder un
terreno anexo
al templo bautista, la congregación confía en que el asunto se
resolverá este
año. Elvira ha sido
una persona clave
dentro de los esfuerzos de la iglesia bautista para presentar a Samuel
Juárez García como
el primer indígena
mártir de la religión
protestante en
México. Al describir su muerte, siempre
la
asocia con imágenes del maíz: Samuel Juárez García
cayendo contra la pared con mazorcas
rodeándolo, como si él mismo se mezclara con el maíz y pretendiera
regresar a
la tierra. Para Elvira García, la sobreviviente bautista de mayor edad
en
Tlacochahuaya, el protestantismo trajo progreso a su pueblo, y alega
que su
familia siempre ha sido capaz de combinar los valores de la religión
bautista
con las tradiciones indígenas en su pueblo natal. Por
ejemplo, su marido, cuando fue regidor y
más tarde presidente municipal, tomaba parte en las festividades y
ofrecía
atole y tamales en su casa durante la fiesta, pero nunca sirvió
alcohol. Ella
confirma que sus hermanas bautistas todavía participan en el tequio y
conservan
su idioma natal. Sin
embargo, para
Carlos Martínez, 88 años de edad y miembro de la organización católica
Sociedad pro-Tlacochahuaya,
el
protestantismo nunca trajo progreso al pueblo, sino sólo largas décadas
de
división, la cual aún se percibe hoy en día.
Los conflictos
religiosos siguen en muchas comunidades de Oaxaca, aun mas hoy en
comunidades
con altos niveles de grupos neo-protestantes como los testigos de
Jehová o los
adventistas.[37]
Tlacochahuaya
solamente es un caso
pero demuestra la intersección de organizaciones multinacionales,
identidad,
tradición y memoria.
El
templo bautista en 1926
El
templo bautista hoy (autora)
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Impiety in Revolutionary Mexico. Matthew Butler ed. New York:
Palgrave. Patterson, Frank W. 1979. A
Century
of Baptist Work in Mexico. El Paso, Tex: Casa Bautista de
Publicaciones.
Treviño, Alejandro. 1939. Historia
de los
trabajos Bautistas en México. El
Paso, Tex. : Casa Bautista de
Publicaciones. Entrevistas: Carlos Martínez, 24 de agosto
2009,
Tlacochahuaya, Oaxaca. Elvira García, 2 Octubre, 2009,
Tlacochahuaya,
Oaxaca. Joaquín Rodríguez Palacios, 14
Febrero de 2009,
Cuidad Administrativa, Oaxaca. [1] Candidata
doctoral en Historia en la Universidad de
Nuevo México, Albuquerque. kmcintyr@unm.edu [2] Samuel J. García, El Atalya Bautista, 2 Agosto 1923. [3] Josué G. Bautista, “Historia de las misiones bautistas entre los indios de México,” El Atalaya Bautista, 1 de diciembre, 1921. El Paso, Texas. [4]
Alejandro
Treviño, Historia de los trabajos Bautistas
en
México. El Paso, Tex.: Casa Bautista de Publicaciones,
1939.367. [5]
Treviño, Historia de los
trabajos
Bautistas, 368. [6] Samuel J. García, “Entre los
zapotecas,” El Atalaya Bautista, 23
de enero 1923. [7]
Samuel J. García,
El Atalya Bautista, “Entre
los
Zapotecos,” 5-6, 15 Marzo 1921 [8] El Atalaya Bautista, “Informe Anual de la Junta Misionera: La obra entre los Indios,” 15 Julio, 1921, 812. [9]
El
Atalaya Bautista, “Capilla Bautista de Tlacochahuaya, Oaxaca,” 29
Julio 1926, número 30,
564. [10]
El
Atalaya Bautista, “Un Llamado a la Mujer Cristiana Mexicana,” 17
enero 1922, 73. [11]
El Atalaya Bautista, “Un Llamado,” 73. [12]
El
Atalaya Bautista, “Un Llamado a la Mujer Cristiana Mexicana,” 17
enero 1922, 73 [13]
El
Atalaya Bautista, 17 diciembre, 1925. [14]
Ibid. [15]
El
Atalaya Bautista, “Capilla Bautista de Tlacochahuaya, Oaxaca,” 29
Julio 1926, número 30,
564. [16] El
Atalaya, 564. [17] “Todo estaba
listo
para el 30 de mayo, pero, ꜟoh,
Satanás que no descansas! La víspera de la dedicación fue colocada una
estopa
impregnada de petróleo en la puerta de la capilla la que se consumió
sin haber
dado los resultados deseados. Esto fue
un verdadero milagro del Señor. ꜟGloria
a Él! Samuel
J. Garcia, “Capilla
Bautista de Tlacochahuaya, Oax.,” El
Atalaya Bautista, 29 julio de 1926, 564. [18]
El
Atalaya Bautista, “Costumbres Típicas de los Zapotecas,” 17 Junio
1926, número 24,
468-469. [19] Véase
a Jean Meyer, “Religious Conflict and
Catholic Resistance in 1930s Oaxaca,”
en
Matthew Butler, ed., Faith and Impiety in
Revolutionary Mexico, Palgrave, 2007 para un contexto
histórico más amplio
de los conflictos religiosos en la época
Cardenista en Oaxaca. [20] Revista Oficial del Archidiócesis de Oaxaca, Junio, 1924. [21]
Ibid. [22]
En mi trabajo más
amplio, analizo
las peticiones y reportes al nivel estatal y federal hasta 1969 en
Tlacochahuaya. [23] Entrevista con
Carlos
Martínez, 24 de agosto 2009, Tlacochahuaya, Oaxaca.
[24] Eliseo Manzano, Samuel J. García, Mártir, 1958. [25] AGAO, Dirección Jurídica y de Gobierno, Pleitos Religiosos, 1934. [26] El Oaxaqueño, “Asesinato Cometido en Tlacochahuaya: Un Grupo de Hombres Asaltó a Damián Ángeles,” 4 Octubre 1934. [27]El Informador, “Pugna
Política en
Tlacochahuaya,” 19 Enero 1935. [28]
Entrevista con
Elvira García,
Tlacochahuaya, Oaxaca, 2 Octubre, 2009.
[29]
Entrevista con
Elvira García,
Tlacochahuaya, Oaxaca, 2 Octubre, 2009 [30] Periódico Oficial. Octubre, 1935. [31] Maximino Ávila Camacho luego
fue
gobernador del estado de Puebla, 1937-1941.
Su hermano, Manuel Ávila Camacho fue presidente de
México 1940-1946. [32]
CNBM estableció
el semanario
bautista G.H. Lacy en Tlacolula,
Oaxaca 1938-1943 y lo mudó a la
cuidad de Oaxaca1960-presente.
Sin
embargo, no reanudaron sus misiones en Tlacochahuaya hasta 2005. http://www.seminariolacy.org/
[33]
INEGI, Censo General de Población y Vivienda en Oaxaca.
1970- 2000. México:
INEGI [34]
Entrevista con
Joaquín Rodríguez
Palacios, subsecretario de gobierno de Oaxaca, septiembre 2009. [35] Kathleen M.
McIntyre, “The
Rise of Protestantism in Oaxaca, 1920-1994,” Doctoral Thesis in
progress,
University of New Mexico. [36]
http://www.goandtellmexico.org/Ministries/The_Oaxaca_Project/ [37]
Enrique
Marroquín, Él conflicto religioso: Oaxaca
1976-1992. Universidad
Nacional Autónoma de México,
2007.
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