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Mauro
Meirelles Doctor en
Antropología Social © Universidade
Federal do Rio Grande do Sul, Porto Alegre,
Brasil RESUMEN En su libro "Ciudadanos de
dos mundos: el movimiento evangélico en la vida pública argentina,
1980-2001", Hilario Wynarczyk nos brinda una notable investigación
acerca
de la entrada en el espacio público, de varios grupos evangélicos
conservadores
bíblicos (de acuerdo con la nomenclatura del autor), en lo que fue un
movimiento de reclamo y protesta para garantizar la igualdad de culto
en un
país que constitucionalmente se declara católico. La investigación (originalmente su tesis doctoral)
se sitúa en línea con la preocupación presente en la sociología
contemporánea
por la emergencia de movimientos sociales en las esferas cívica y
política a
partir de iglesias protestantes conservadoras bíblicas, toda vez que
estas
iglesias son renuentes, de acuerdo con sus tradiciones históricas y la
constitución de su hábitus religioso, a la participación en ámbitos por
ellas considerados
como parte del “mundo”. De ahí se deriva como una de sus
características
principales, la abstención a la participación política, caracterizada
técnicamente por el autor como “fuga
mundi”. Con una sólida base de
informaciones empíricas, este investigador intenta en su texto
responder a dos
preguntas fundamentales. La primera busca comprender las razones o
factores que
llevaron a estos grupos –protagonistas de un movimiento
social de tipo religioso en auge en la Argentina pero notoriamente
ajenos sin
embargo, a la arena pública de tipo cívico y político– a dejar
el
aislamiento ascético marcado por su sistema de creencias, e ingresar en
la
esfera pública, ahora ya, como protagonistas de un movimiento de
protesta por
derechos que consideran que les son negados (mientras la Constitución y
las
leyes de la Argentina garantizan una posición de privilegio para la
Iglesia Católica).
La segunda, busca explicar en forma diacrónica, el proceso de abandono de la
conducta pietista, y el modo en el que esos
grupos religiosos pasan a movilizarse colectivamente decididos a
reivindicar
sus derechos con las herramientas del sistema jurídico y la agencia del
Estado.
De esta manera, el
estudio presenta
dos ciclos de movilización, uno de tipo religioso y otro de tipo
cívico. Pero el
estudio sostiene que entre ambos existe un vínculo funcional. El
proceso de
expansión religiosa creó las condiciones para un movimiento antisectas
y el
surgimiento de la protesta.
En el capítulo 1, a través de una
breve introducción, el autor comienza su curso de estudio mediante la
exposición de los encuadres teóricos básicos de la investigación.
Dentro de
este panorama se destaca en primer término la idea de un campo de
fuerzas
basada en la teoría general de los sistemas aplicada al dominio teórico
de los
fenómenos sociales. Esta perspectiva le permite presentar el conjunto
evangélico
como un campo polarizado entre dos posiciones, el polo
histórico-liberacionista
y el polo de los conservadores bíblicos. Este concepto será fundamental
posteriormente para el trazado de una taxonomía diacrónica de las
iglesias
evangélicas en la Argentina y especificar la dinámica de las relaciones
entre
los actores que componen el campo a la hora de la protesta cívica. De
los otros
dispositivos conceptuales, el más importante es la teoría de los movimientos sociales y los marcos
interpretativos de la acción
colectiva. Es precisamente sobre estos recursos analíticos que el
estudio puede
trazar una secuencia histórica de acciones y reacciones entre diversos
actores:
los evangélicos, los activistas antisectas, el periodismo, la
Secretaría de
Culto –de la Cancillería, dependiente del Poder Ejecutivo–, el Poder
Judicial y
el Poder Legislativo. La resolución técnica del vasto estudio se
articuló con un proceso de investigación bibliográfica, de materiales
periodísticos (evangélicos y seculares) de fuentes estadísticas, normas
legales
y documentación propia de las organizaciones involucradas, acompañado
de un estudio
de campo mediante investigación
participativa. Esta última fue posible toda vez que
el autor desempeñó
roles dentro del movimiento evangélico y la Secretaría de Culto de la
Cancillería. En esta última, fue integrante de un equipo de expertos
provenientes de diferentes pertenencias religiosas, encomendados por el
Estado
para escribir un proyecto de ley de culto que debería reemplazar la que
fue establecida
en 1978 por una dictadura militar. El lapso de 1999-2001, durante el
cual el
autor trabajó en dicho equipo de expertos, resulta crucial desde el
punto de
vista del movimiento de protesta de los evangélicos, porque fue
entonces que
alcanzó su auge con dos concentraciones multitudinarias en el centro de
Buenos
Aires. No obstante, el proyecto no llegó a ser enviado al Poder
Legislativo: la
inestabilidad política de la Argentina hizo que el gobierno de Fernando
de la
Rúa, del Partido Unión Cívica Radical, cayese en ese momento.
Simultáneamente
aún, en su investigación Wynarczyk aplicó entrevistas extensas a
actores de
todos los segmentos religiosos y políticos del fenómeno estudiado. Ya en el capítulo 2, titulado
"El campo evangélico argentino hasta la década de 1970. Formación y
dinámica", trata Wynarczyk la forma en que se dio la constitución del
campo evangélico hasta 1980, buscando destacar la gran heterogeneidad
interna
que forma parte de su propia constitución histórica. En este sentido,
hace evidentes
las relaciones de tensión del campo evangélico con respecto al gobierno
de
Perón en la segunda posguerra. Pero muestra luego
que las relaciones que este segmento
religioso mantuvo con el peronismo, particularmente alrededor del año
1954 con
motivo de la campaña de Tommy Hicks –autorizada por el propio Perón– les
sirvieron a los evangélicos hasta cierto punto para saltar por primera
vez por
encima de algunas barreras institucionales y sociales existentes, y
para afirmar
su propia identidad colectiva. En ese momento, tuvo lugar la primera
aparición
pública de las grandes movilizaciones religiosas de sanidad evangélica.
No
obstante, el estudio deja ver que dichas relaciones, llamativamente
instrumentales, fueron marcadas por la agencia de Perón con respecto a
los
principales actores religiosos de la Argentina, en un momento de
decadencia de
su poder político y tensión con el segmento católico. Posteriormente,
dentro
del concepto de “separación binaria del campo evangélico”, destaca la
fractura
del campo en lo que denomina dos polos, en la década del 60, al
situarse el
campo evangélico en contacto con las disputas ideológicas de la Guerra
Fría, un
fenómeno de polarizaciones que va más allá del espacio nacional de la
Argentina.
En esta fase del estudio, pasa revista a los congresos evangélicos
internacionales y hace notar la presencia de un sector reformista
dentro del
polo conservador bíblico. El capítulo
3, que lleva por título "El evangelio de poder", introduce otro
dispositivo teórico, consistente en la aplicación de la teoría de los
mercados ajustada
de un modo específico al campo religioso sobre la base del
reconocimiento de
ciertos isomorfismos funcionales. Posteriormente analiza el impacto que
los
cambios introducidos por el pentecostalismo y las campañas de
“Argentina para
Cristo” del evangelista Carlos Annacondia, tuvieron en el surgimiento
de un
nuevo conjunto de marcos interpretativos, que le permitirían al
movimiento
religioso incorporar a su conjunto de creencias, renovados elementos
útiles para
la acción colectiva. En este punto el autor analiza las condiciones
contextuales de carácter sociopolítico favorables al auge evangélico y
expone
los sistemas de creencias del “igrecrecimiento”, la unción, la guerra
espiritual, la teología de la prosperidad y la restauración del
ministerio
apostólico. Asimismo, estudia el impacto que estas innovaciones de
marcos
interpretativos para la acción colectiva (así considerados desde una
perspectiva sociológica) tuvieron sobre las organizaciones evangélicas,
con la
aparición del trabajo en red por encima de las fronteras
denominacionales, la
formación de megaiglesias que por su vez funcionan como grandes “nodos”
o ejes de
redes, dotados de un notable nivel de autonomía, y la incorporación de
funciones sociales en forma de agencias paraeclesiásticas, industrias
culturales y servicios comunitarios. De esta forma queda trazado un
mapa de actores
y conceptos que se utilizarán en lo que sigue del texto. Dicho esto, tenemos entonces que
el autor divide el capítulo 4, titulado "Crecimiento y amenaza”, en dos
partes. Una primera, dedicada
al
"crecimiento", traza mediante el uso de estadísticas (con notable
habilidad metodológica para obtener provecho de los recursos
disponibles en un
contexto donde las cifras religiosas son escasas y de discutible
calidad, según
el autor), un panorama de la expansión del campo evangélico, motorizado
básicamente por los conservadores bíblicos, y por los pentecostales y
neopentecostales en especial. Este fenómeno que tiene lugar en la
década de
1980, a partir del restablecimiento del sistema democrático sobre todo
(1983) trae
como consecuencia que las iglesias del polo conservador bíblico
constituido por
los evangelicales y pentecostales, se harán más
presentes en la esfera pública religiosa a
partir de la década de 1990. En particular un reflejo mensurable de
estas
circunstancias se encontrará en el crecimiento de la presencia
evangélica en los
registros de la Secretaría de Culto de la Nación. En este caso se
destaca la
importante concentración de registros correspondientes a la Provincia
de Buenos
Aires, y especialmente la del Area Metropolitana, constituida por la
Ciudad
Autónoma de Buenos Aires (Capital Federal) y el Conurbano Bonaerense.
Este
Conurbano es un cinturón de municipios que rodea la Capital Federal,
pertenecen
a la Provincia de Buenos Aires y contienen una numerosa población de
menores
recursos. El análisis muestra, por otra parte, la importante
correlación que
existe entre la ubicación de las personas en los sectores populares y
la
presencia pentecostal, de una forma que confirma teorías precedentes
acerca del
crecimiento del pentecostalismo a través de líneas de clase. En este
punto el
autor estudia la lectura que los evangélicos hacen de este crecimiento
como una
señal del avivamiento espiritual en la Argentina, y desarrolla una
casuística
enfocada sobre el dinamismo de las campañas de evangelismo y sanidad
del predicador
Carlos Annacondia, cuyo ministerio “Mensaje de Salvación” tiene sede en
el
Municipio de Quilmes, del Conurbano Bonaerense. En un segundo momento dentro del
capítulo 5, Wynarczyk estudia las reacciones de control social
motorizadas
desde un contramarco que denomina la “teoría del Caballo de Troya”,
según la
cual los evangélicos serían una avanzada del imperialismo y las “sectas
de
Reagan”. El autor estudia el desarrollo histórico de la teoría de la
conspiración evangélica y otro enfoque posterior a aquella, el del
“lavado de
cerebros”, pero también considera los modos en que el enfoque
antisectario se procesó
dentro del propio campo evangélico y en sus dos polos, histórico
liberacionista
y conservador bíblico (para este último las sectas eran las religiones
ocultistas, afroamerindias y así por el estilo). Finalmente hace una
discusión
sobre la consistencia empírica del argumento del Caballo de Troya,
mostrando
que en varios aspectos es insostenible como explicación del auge
evangélico en
la Argentina y de las funciones sociales de las iglesias evangélicas en
la
sociedad y la política locales. Un argumento básico (entre otros) es
que existe
una reconocida afinidad electiva entre los públicos pentecostales y el
voto a
favor del Partido Justicialista (el peronismo).
En el capítulo 5, titulado
“Del pánico moral a la arena
jurídica”, el autor desarrolla la estructura jurídica que encuadra a
las
iglesias en la Argentina, las estrategias y acciones de los activistas
antisectas (poco numerosos pero muy productivos), la presencia del tema
de las
sectas en el periodismo y la deflagración de un clima de “pánico moral”
que
llamó la atención a los actores del Estado. Así, el estudio muestra los
intentos de crear proyectos de ley de culto y finalmente la
intervención de la
Secretaría de Culto, dirigida por intelectuales católicos con vasta
experiencia
en la gestión jurídica de las relaciones del Estado con las iglesias,
interesados
en un estatus más democrático por medio de un nuevo proyecto de ley,
que sin
embargo preservaría algunos privilegios básicos de la Iglesia Católica. El capítulo 6, lleva por
título "El movimiento stricto sensu
", y esto señala el
enfoque
sostenido por el autor a través de todo el libro, toda vez que sitúa al
movimiento evangélico como un movimiento social, de carácter religioso
al
principio (movimiento social, lo denomina, en lato
sensu) y de protesta (stricto
sensu) cuando ingresa en la arena pública de carácter cívico.
En primer
término el capítulo muestra la creación de un nuevo marco
interpretativo, el
“concepto de unidad”, y la creación de una federación de federaciones
evangélicas como interlocutor único frente al Estado, que habitualmente
se
relacionaba con el campo católico como una unidad. Luego estudia el crescendo de acciones públicas de los
evangélicos, y le dedica un espacio a la Reforma Constitucional de
1994. Esta
fue una oportunidad tenida en cuenta por los líderes evangélicos y un
momento
en el que mantuvieron diferentes tipos de relaciones con la Reforma
quienes
provenían del polo histórico liberacionista y el compromiso con la
defensa de
los derechos humanos, y quienes provenían del polo conservador bíblico.
En este
proceso los líderes evangélicos fueron adaptando el lenguaje a la arena
cívica,
jurídica y social, hicieron consultas con cientistas sociales (entre
quienes se
contaba el autor del libro que estamos resumiendo) y llegaron a plasmar
sus
propios intentos de proyectos de ley de culto. El libro presenta el
impacto que
tuvo el asesinato de un soldado conscripto, pentecostal, y la
finalización del
servicio militar obligatorio, en la Argentina. Finalmente describe en
forma
detallada y sistemática el desarrollo de las dos concentraciones de los
evangélicos en el obelisco de la Plaza de la República, en 1999 y 2001,
que
constituyeron el punto máximo del proceso de movilización de protesta.
El
capítulo cierra sosteniendo que el movimiento social no consiguió su
objetivo
central, esto es, la derogación de la ley culto de la dictadura y la
creación
de un nuevo estatuto jurídico para las organizaciones religiosas, más
ventajoso
para los evangélicos, por consiguiente. Pero plasmó, sin embargo, la
constitución de un sujeto colectivo con una presencia cívica y
religiosa
reconocida por el periodismo, el Estado y hasta cierto punto la
sociedad
argentina. Finalmente el capítulo 7,
titulado “Conclusiones finales” sostiene la validez del modelo teórico
aplicado,
sobre todo el de los movimientos sociales y los marcos interpretativos
de la
acción colectiva, para darle respuesta a las preguntas originales
planteadas en
el capítulo primero. En definitiva, el estudio permite, entre sus
principales
hallazgos, comprender la importancia de las acciones de control social
como
detonadores del deslizamiento de los movimientos religiosos evangélicos
conservadores hacia la movilización social
de protesta en defensa de derechos que los actores
consideran
conculcados por una autoridad injusta. Por otra parte, permite observar
la
manera en la que, a lo largo de su proceso de adaptación a las
condiciones
ambientales, un movimiento religioso reconstruye sus marcos
interpretativos,
reorganiza sus redes institucionales y le da formas nuevas a su
discurso,
adaptándolo a la arena de debate de tipo jurídico y político. En este
proceso,
las interacciones entre los segmentos de históricos liberacionistas y
conservadores bíblicos (de acuerdo con la terminología del autor)
cobran otro
carácter, tendiendo a una fusión e intercambios de capitales
intelectuales y
demográficos. De igual modo, deja ver la importancia de las condiciones
ambientales de tipo político y jurídico sobre la movilización social. La bibliografía final, da
cuenta del vasto corpus de
materiales
existentes en los países del Cono Sur, y otros ámbitos de producción
académica
significativos para el tema de religión evangélica y movimientos
sociales. En las presentaciones
públicas del libro promovidas por UNSAM EDITA, la editorial de la
Universidad
Nacional de San Martín, sostuvo
el
sociólogo Alejandro Frigerio (del CONICET, Consejo Nacional de
Investigaciones
Científicas y Técnicas) que este libro está destinado a ser un clásico,
y que
en realidad ya es, desde este momento, un clásico. Nosotros compartimos
esa
valoración de la obra que aquí intentamos resumir. Hilario Wynarczyk es
profesor titular de metodología y taller de tesis en la Universidad
Nacional de
San Martín. Posee credenciales académicas de Doctor en Sociología por
la la
Universidad Católica Argentina (UCA), Máster en Ciencia Política con
orientación en teoría y método por la Universidade Federal de Minas
Gerais
(UFMG, Brasil) y Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos
Aires
(UBA). Pertenece a los consejos directivos, respectivamente, de la
Asociación
de Cientistas Sociales de la Religión en el MERCOSUR y el Consejo
Argentino
para la Libertad Religiosa (CALIR) del cual es uno de los fundadores.
También es
miembro de la Red Latinoamericana de Estudios Pentecostales, RELEP, y
del
Programa Latinoamericano de Estudios Socioreligiosos, PROLADES. [1] Los
interesados en obtener ejemplares del libro pueden averiguar
condiciones
dirigiéndose a: Señor Agustín López, UNSAM EDITA, despachos vía Correo
Argentino. ventas@unsam.edu.ar.
Señor
Alejandro Romero, Distribuidora Certeza, despachos vía DHL. alejandro@distribuidoracerteza.com |