Ciudadanos de dos mundos: el movimiento evangélico en la vida pública argentina 1980-2001. Buenos Aires. Editorial USAM, 2009. 391 p. Wynarczyk, Hilario[1].

 

Mauro Meirelles

Doctor en Antropología Social ©

Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Porto Alegre, Brasil

 

 

RESUMEN

 

En su libro "Ciudadanos de dos mundos: el movimiento evangélico en la vida pública argentina, 1980-2001", Hilario Wynarczyk nos brinda una notable investigación acerca de la entrada en el espacio público, de varios grupos evangélicos conservadores bíblicos (de acuerdo con la nomenclatura del autor), en lo que fue un movimiento de reclamo y protesta para garantizar la igualdad de culto en un país que constitucionalmente se declara católico.

 

La investigación (originalmente su tesis doctoral) se sitúa en línea con la preocupación presente en la sociología contemporánea por la emergencia de movimientos sociales en las esferas cívica y política a partir de iglesias protestantes conservadoras bíblicas, toda vez que estas iglesias son renuentes, de acuerdo con sus tradiciones históricas y la constitución de su hábitus religioso, a la participación en ámbitos por ellas considerados como parte del “mundo”. De ahí se deriva como una de sus características principales, la abstención a la participación política, caracterizada técnicamente por el autor como “fuga mundi”.

 

Con una sólida base de informaciones empíricas, este investigador intenta en su texto responder a dos preguntas fundamentales. La primera busca comprender las razones o factores que llevaron a estos grupos protagonistas de un movimiento social de tipo religioso en auge en la Argentina pero notoriamente ajenos sin embargo, a la arena pública de tipo cívico y político a dejar el aislamiento ascético marcado por su sistema de creencias, e ingresar en la esfera pública, ahora ya, como protagonistas de un movimiento de protesta por derechos que consideran que les son negados (mientras la Constitución y las leyes de la Argentina garantizan una posición de privilegio para la Iglesia Católica). La segunda, busca explicar en forma diacrónica, el proceso de abandono de la conducta pietista, y el modo en el que esos grupos religiosos pasan a movilizarse colectivamente decididos a reivindicar sus derechos con las herramientas del sistema jurídico y la agencia del Estado. De esta manera, el estudio presenta dos ciclos de movilización, uno de tipo religioso y otro de tipo cívico. Pero el estudio sostiene que entre ambos existe un vínculo funcional. El proceso de expansión religiosa creó las condiciones para un movimiento antisectas y el surgimiento de la protesta.

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En el capítulo 1, a través de una breve introducción, el autor comienza su curso de estudio mediante la exposición de los encuadres teóricos básicos de la investigación. Dentro de este panorama se destaca en primer término la idea de un campo de fuerzas basada en la teoría general de los sistemas aplicada al dominio teórico de los fenómenos sociales. Esta perspectiva le permite presentar el conjunto evangélico como un campo polarizado entre dos posiciones, el polo histórico-liberacionista y el polo de los conservadores bíblicos. Este concepto será fundamental posteriormente para el trazado de una taxonomía diacrónica de las iglesias evangélicas en la Argentina y especificar la dinámica de las relaciones entre los actores que componen el campo a la hora de la protesta cívica. De los otros dispositivos conceptuales, el más importante es la teoría de los movimientos sociales y los marcos interpretativos de la acción colectiva. Es precisamente sobre estos recursos analíticos que el estudio puede trazar una secuencia histórica de acciones y reacciones entre diversos actores: los evangélicos, los activistas antisectas, el periodismo, la Secretaría de Culto –de la Cancillería, dependiente del Poder Ejecutivo–, el Poder Judicial y el Poder Legislativo.

 

La resolución técnica del vasto estudio se articuló con un proceso de investigación bibliográfica, de materiales periodísticos (evangélicos y seculares) de fuentes estadísticas, normas legales y documentación propia de las organizaciones involucradas, acompañado de un estudio de campo mediante investigación  participativa. Esta última fue posible toda vez que el autor desempeñó roles dentro del movimiento evangélico y la Secretaría de Culto de la Cancillería. En esta última, fue integrante de un equipo de expertos provenientes de diferentes pertenencias religiosas, encomendados por el Estado para escribir un proyecto de ley de culto que debería reemplazar la que fue establecida en 1978 por una dictadura militar. El lapso de 1999-2001, durante el cual el autor trabajó en dicho equipo de expertos, resulta crucial desde el punto de vista del movimiento de protesta de los evangélicos, porque fue entonces que alcanzó su auge con dos concentraciones multitudinarias en el centro de Buenos Aires. No obstante, el proyecto no llegó a ser enviado al Poder Legislativo: la inestabilidad política de la Argentina hizo que el gobierno de Fernando de la Rúa, del Partido Unión Cívica Radical, cayese en ese momento. Simultáneamente aún, en su investigación Wynarczyk aplicó entrevistas extensas a actores de todos los segmentos religiosos y políticos del fenómeno estudiado. 

 

Ya en el capítulo 2, titulado "El campo evangélico argentino hasta la década de 1970. Formación y dinámica", trata Wynarczyk la forma en que se dio la constitución del campo evangélico hasta 1980, buscando destacar la gran heterogeneidad interna que forma parte de su propia constitución histórica. En este sentido, hace evidentes las relaciones de tensión del campo evangélico con respecto al gobierno de Perón en la segunda posguerra. Pero muestra luego  que las relaciones que este segmento religioso mantuvo con el peronismo, particularmente alrededor del año 1954 con motivo de la campaña de Tommy Hicks autorizada por el propio Perón les sirvieron a los evangélicos hasta cierto punto para saltar por primera vez por encima de algunas barreras institucionales y sociales existentes, y para afirmar su propia identidad colectiva. En ese momento, tuvo lugar la primera aparición pública de las grandes movilizaciones religiosas de sanidad evangélica. No obstante, el estudio deja ver que dichas relaciones, llamativamente instrumentales, fueron marcadas por la agencia de Perón con respecto a los principales actores religiosos de la Argentina, en un momento de decadencia de su poder político y tensión con el segmento católico. Posteriormente, dentro del concepto de “separación binaria del campo evangélico”, destaca la fractura del campo en lo que denomina dos polos, en la década del 60, al situarse el campo evangélico en contacto con las disputas ideológicas de la Guerra Fría, un fenómeno de polarizaciones que va más allá del espacio nacional de la Argentina. En esta fase del estudio, pasa revista a los congresos evangélicos internacionales y hace notar la presencia de un sector reformista dentro del polo conservador bíblico.

 

El capítulo 3, que lleva por título "El evangelio de poder", introduce otro dispositivo teórico, consistente en la aplicación de la teoría de los mercados ajustada de un modo específico al campo religioso sobre la base del reconocimiento de ciertos isomorfismos funcionales. Posteriormente analiza el impacto que los cambios introducidos por el pentecostalismo y las campañas de “Argentina para Cristo” del evangelista Carlos Annacondia, tuvieron en el surgimiento de un nuevo conjunto de marcos interpretativos, que le permitirían al movimiento religioso incorporar a su conjunto de creencias, renovados elementos útiles para la acción colectiva. En este punto el autor analiza las condiciones contextuales de carácter sociopolítico favorables al auge evangélico y expone los sistemas de creencias del “igrecrecimiento”, la unción, la guerra espiritual, la teología de la prosperidad y la restauración del ministerio apostólico. Asimismo, estudia el impacto que estas innovaciones de marcos interpretativos para la acción colectiva (así considerados desde una perspectiva sociológica) tuvieron sobre las organizaciones evangélicas, con la aparición del trabajo en red por encima de las fronteras denominacionales, la formación de megaiglesias que por su vez funcionan como grandes “nodos” o ejes de redes, dotados de un notable nivel de autonomía, y la incorporación de funciones sociales en forma de agencias paraeclesiásticas, industrias culturales y servicios comunitarios. De esta forma queda trazado un mapa de actores y conceptos que se utilizarán en lo que sigue del texto.

 

Dicho esto, tenemos entonces que el autor divide el capítulo 4, titulado "Crecimiento y amenaza”, en dos partes. Una primera,  dedicada al "crecimiento", traza mediante el uso de estadísticas (con notable habilidad metodológica para obtener provecho de los recursos disponibles en un contexto donde las cifras religiosas son escasas y de discutible calidad, según el autor), un panorama de la expansión del campo evangélico, motorizado básicamente por los conservadores bíblicos, y por los pentecostales y neopentecostales en especial. Este fenómeno que tiene lugar en la década de 1980, a partir del restablecimiento del sistema democrático sobre todo (1983) trae como consecuencia que las iglesias del polo conservador bíblico constituido por los evangelicales y pentecostales, se harán  más presentes en la esfera pública religiosa a partir de la década de 1990. En particular un reflejo mensurable de estas circunstancias se encontrará en el crecimiento de la presencia evangélica en los registros de la Secretaría de Culto de la Nación. En este caso se destaca la importante concentración de registros correspondientes a la Provincia de Buenos Aires, y especialmente la del Area Metropolitana, constituida por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Capital Federal) y el Conurbano Bonaerense. Este Conurbano es un cinturón de municipios que rodea la Capital Federal, pertenecen a la Provincia de Buenos Aires y contienen una numerosa población de menores recursos. El análisis muestra, por otra parte, la importante correlación que existe entre la ubicación de las personas en los sectores populares y la presencia pentecostal, de una forma que confirma teorías precedentes acerca del crecimiento del pentecostalismo a través de líneas de clase. En este punto el autor estudia la lectura que los evangélicos hacen de este crecimiento como una señal del avivamiento espiritual en la Argentina, y desarrolla una casuística enfocada sobre el dinamismo de las campañas de evangelismo y sanidad del predicador Carlos Annacondia, cuyo ministerio “Mensaje de Salvación” tiene sede en el Municipio de Quilmes, del Conurbano Bonaerense.

 

En un segundo momento dentro del capítulo 5, Wynarczyk estudia las reacciones de control social motorizadas desde un contramarco que denomina la “teoría del Caballo de Troya”, según la cual los evangélicos serían una avanzada del imperialismo y las “sectas de Reagan”. El autor estudia el desarrollo histórico de la teoría de la conspiración evangélica y otro enfoque posterior a aquella, el del “lavado de cerebros”, pero también considera los modos en que el enfoque antisectario se procesó dentro del propio campo evangélico y en sus dos polos, histórico liberacionista y conservador bíblico (para este último las sectas eran las religiones ocultistas, afroamerindias y así por el estilo). Finalmente hace una discusión sobre la consistencia empírica del argumento del Caballo de Troya, mostrando que en varios aspectos es insostenible como explicación del auge evangélico en la Argentina y de las funciones sociales de las iglesias evangélicas en la sociedad y la política locales. Un argumento básico (entre otros) es que existe una reconocida afinidad electiva entre los públicos pentecostales y el voto a favor del Partido Justicialista (el peronismo).

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En el capítulo 5, titulado “Del pánico moral a la arena jurídica”, el autor desarrolla la estructura jurídica que encuadra a las iglesias en la Argentina, las estrategias y acciones de los activistas antisectas (poco numerosos pero muy productivos), la presencia del tema de las sectas en el periodismo y la deflagración de un clima de “pánico moral” que llamó la atención a los actores del Estado. Así, el estudio muestra los intentos de crear proyectos de ley de culto y finalmente la intervención de la Secretaría de Culto, dirigida por intelectuales católicos con vasta experiencia en la gestión jurídica de las relaciones del Estado con las iglesias, interesados en un estatus más democrático por medio de un nuevo proyecto de ley, que sin embargo preservaría algunos privilegios básicos de la Iglesia Católica.

 

El capítulo 6, lleva por título "El movimiento stricto sensu ", y  esto señala el enfoque sostenido por el autor a través de todo el libro, toda vez que sitúa al movimiento evangélico como un movimiento social, de carácter religioso al principio (movimiento social, lo denomina, en lato sensu) y de protesta (stricto sensu) cuando ingresa en la arena pública de carácter cívico. En primer término el capítulo muestra la creación de un nuevo marco interpretativo, el “concepto de unidad”, y la creación de una federación de federaciones evangélicas como interlocutor único frente al Estado, que habitualmente se relacionaba con el campo católico como una unidad. Luego estudia el crescendo de acciones públicas de los evangélicos, y le dedica un espacio a la Reforma Constitucional de 1994. Esta fue una oportunidad tenida en cuenta por los líderes evangélicos y un momento en el que mantuvieron diferentes tipos de relaciones con la Reforma quienes provenían del polo histórico liberacionista y el compromiso con la defensa de los derechos humanos, y quienes provenían del polo conservador bíblico. En este proceso los líderes evangélicos fueron adaptando el lenguaje a la arena cívica, jurídica y social, hicieron consultas con cientistas sociales (entre quienes se contaba el autor del libro que estamos resumiendo) y llegaron a plasmar sus propios intentos de proyectos de ley de culto. El libro presenta el impacto que tuvo el asesinato de un soldado conscripto, pentecostal, y la finalización del servicio militar obligatorio, en la Argentina. Finalmente describe en forma detallada y sistemática el desarrollo de las dos concentraciones de los evangélicos en el obelisco de la Plaza de la República, en 1999 y 2001, que constituyeron el punto máximo del proceso de movilización de protesta. El capítulo cierra sosteniendo que el movimiento social no consiguió su objetivo central, esto es, la derogación de la ley culto de la dictadura y la creación de un nuevo estatuto jurídico para las organizaciones religiosas, más ventajoso para los evangélicos, por consiguiente. Pero plasmó, sin embargo, la constitución de un sujeto colectivo con una presencia cívica y religiosa reconocida por el periodismo, el Estado y hasta cierto punto la sociedad argentina.

 

Finalmente el capítulo 7, titulado “Conclusiones finales” sostiene la validez del modelo teórico aplicado, sobre todo el de los movimientos sociales y los marcos interpretativos de la acción colectiva, para darle respuesta a las preguntas originales planteadas en el capítulo primero. En definitiva, el estudio permite, entre sus principales hallazgos, comprender la importancia de las acciones de control social como detonadores del deslizamiento de los movimientos religiosos evangélicos conservadores hacia la movilización social  de protesta en defensa de derechos que los actores consideran conculcados por una autoridad injusta. Por otra parte, permite observar la manera en la que, a lo largo de su proceso de adaptación a las condiciones ambientales, un movimiento religioso reconstruye sus marcos interpretativos, reorganiza sus redes institucionales y le da formas nuevas a su discurso, adaptándolo a la arena de debate de tipo jurídico y político. En este proceso, las interacciones entre los segmentos de históricos liberacionistas y conservadores bíblicos (de acuerdo con la terminología del autor) cobran otro carácter, tendiendo a una fusión e intercambios de capitales intelectuales y demográficos. De igual modo, deja ver la importancia de las condiciones ambientales de tipo político y jurídico sobre la movilización social.

 

La bibliografía final, da cuenta del vasto corpus de materiales existentes en los países del Cono Sur, y otros ámbitos de producción académica significativos para el tema de religión evangélica y movimientos sociales.

 

En las presentaciones públicas del libro promovidas por UNSAM EDITA, la editorial de la Universidad Nacional de San Martín,  sostuvo el sociólogo Alejandro Frigerio (del CONICET, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) que este libro está destinado a ser un clásico, y que en realidad ya es, desde este momento, un clásico. Nosotros compartimos esa valoración de la obra que aquí intentamos resumir.

 

Hilario Wynarczyk es profesor titular de metodología y taller de tesis en la Universidad Nacional de San Martín. Posee credenciales académicas de Doctor en Sociología por la la Universidad Católica Argentina (UCA), Máster en Ciencia Política con orientación en teoría y método por la Universidade Federal de Minas Gerais (UFMG, Brasil) y Licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Pertenece a los consejos directivos, respectivamente, de la Asociación de Cientistas Sociales de la Religión en el MERCOSUR y el Consejo Argentino para la Libertad Religiosa (CALIR) del cual es uno de los fundadores. También es miembro de la Red Latinoamericana de Estudios Pentecostales, RELEP, y del Programa Latinoamericano de Estudios Socioreligiosos, PROLADES.

 

 



[1] Los interesados en obtener ejemplares del libro pueden averiguar condiciones dirigiéndose a: Señor Agustín López, UNSAM EDITA, despachos vía Correo Argentino. ventas@unsam.edu.ar. Señor Alejandro Romero, Distribuidora Certeza, despachos vía DHL. alejandro@distribuidoracerteza.com