Revista Cultura y Religión, Vol. IV, Nº 2 (octubre del 2010) 20 - 38

 

Una praxis cristiana y popular en la población la Victoria de Santiago de Chile (1983-1988).

 

A popular Christian practice in the population and the Victory of Santiago de Chile (1983-1988).

 

 

Andrés Morasso

Universidad Diego Portales, Santiago, Chile

profandres_morasso@hotmail.com

  

                                                                                  Recibido el 24 de agosto del 2010

Aceptado el 2 de octubre del 2010.

                                                                                  .

Resumen

 

Este artículo presenta la relación entre residentes de la población La Victoria de Santiago de Chile y la Iglesia en el contexto del gobierno militar (1973-1990), durante protestas sociales contra el régimen y relaciones de solidaridad establecidas a causa de la persecución política del periodo. ¿De qué forma las Comunidades cristianas de Base ayudaron a la organización asistencial? ¿Qué papel tuvo la llamada “Iglesia Liberadora” en dicha población? ¿Qué rol jugaron sacerdotes como líderes en La Victoria en el contexto autoritario? Planteadas las preguntas anteriores, veremos las formas de resistencia cristiano-popular en cuanto a un contexto político, social y económico específico de la década de 1980.

 

Palabras clave: Protesta social, cristianos, Iglesia Liberadora.

 

Abstrac

 

This article introduces the relation between the residents of the town called “La Victoria de Santiago de Chile” and the Church in the context of the Military Government (1973 – 1990), during the social protest against the regimen and the relations of solidarity established because of the political persecution in that period. How did Christian base communities help to the care organization? What was the duty of the so call freedom church in such town? What role did priests play as leaders in La Victoria in the authoritarian context? According to these questions, we will see the forms of popular Christian resistance in terms of political, social and economic conditions of 1980s.

 

Key Words: Social protest, Christian, Freedom Church.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Introducción.

 

En el presente escrito se dará a conocer el comportamiento social que tuvo la población La Victoria de Santiago de Chile a partir del contexto autoritario que dicho sector popular vivió de antemano. En la fecha 11 de septiembre del año 1973 comenzó en Chile el gobierno autoritario dirigido por militares el cual señalamos. Luego de haber derrocado mediante un golpe de Estado al presidente socialista Salvador Allende, comenzó así una persecución política a toda oposición a los militares en el poder. En ese contexto, la Iglesia Católica jugó un rol especial en los años del gobierno militar. Su meta fue ayudar a los perseguidos y dar apoyo moral y espiritual a las personas que sufrían la represión. Para ello se crea el COPACHI (Comité de Cooperación para la Paz en Chile) y la Vicaría de la Solidaridad. El primer organismo fue disuelto a penas un año de su fundación por presiones de la dictadura, mientras que la Vicaría tuvo existencia apenas se autodisolvió el COPACHI hasta el término del régimen en 1990.

            En este escrito daremos cuenta de la situación particular de una población popular emblemática de la cuidad de Santiago de Chile: La Victoria. Allí se desarrolló toda especie de resistencias y situaciones que involucraron a la Iglesia en donde su organización y forma de tomar los acontecimientos sucedidos en las calles del sector fueron tomados como una experiencia de sobrevivencia y de solidaridad.

            La Victoria es una población pequeña, de no más de tres kilómetros cuadrados, con una población de treinta y dos mil habitantes. Esta fue una de las primeras tomas de terreno de Chile (Schneider, 1990:243). Nació en octubre de 1957 a partir del movimiento de población que venía del Zanjón de La Aguada, en donde, los Comités Sin Casa, se tomaron el terreno que hoy colinda con la actual avenida Clotario Blest (La Feria). Las familias que dieron origen a la población La Victoria provenían de un asentamiento tipo callampa; se trataba de grupos que habían ocupado los bordes del Zanjón de La Aguada aproximadamente desde 1945 (Espinoza, 1988:248). Desde el principio, por el relato de los pobladores, muchos eran cristianos en su mayoría católicos.

 

Creyentes, Curas, Pastores y las protestas en La Victoria.

 

            En este artículo analizaremos el tema de los cristianos en el periodo de las protestas, las acciones de tipo solidario llevadas a cabo por ellos y la labor asistencial para con los vecinos de la población.

Durante la década de 1980, el modelo económico impulsado por la dictatura mostró debilidades que habían sido advertidas por economistas de oposición. La política antiinflacionaria giró en torno a un dólar fijo de 39 pesos que se mantuvo desde junio de 1979 hasta mediados de 1982 (Ibíd., 1988:508). El llamado milagro económico chileno se veía frustrado por la crisis económica desatada. El escándalo que trajo el mal manejo de la economía hizo tambalear el régimen (Schneider, 1990:223). Así surgieron un número de protestas a causa de esto, tanto por la situación política como social del país.  La aparición de nuevas fuerzas opositoras y el ascenso de nuevos movimientos sociales no significaba que los más tradicionales se hubiesen extinguido. Al contrario, durante este periodo fue el movimiento sindical el que provocó mayores dolores de cabeza a la dictadura (Mouterde; Guillaudat, 1998:122). El movimiento sindical, partiendo por la CTC (Central de Trabajadores del Cobre), fue quien llamó a las primeras huelgas nacionales, lo que masificó y movilizó a las masas en las jornadas de protesta nacional entre 1983 y 1986 y luego animó la lucha plebiscitaria y de reconquista de la democracia política (Maza, 1999:390). Fue a partir de la crisis económica de 1983 que nació la coyuntura que provocó una escalada masiva de protestas contra el gobierno militar. Como plantea Sidney Tarrow (2004:9), “los movimientos sociales surgirían cuando hay oportunidades para la acción política” como por la negación de derechos y, según Joe Foweraker, la misma represión en vastos sectores de la sociedad. Estos sectores reestablecieron un “espacio” político para la sociedad civil (Garretón, 2001:303).

Con la crisis económica, muchos partidarios del régimen temieron por él, mientras que otros sectores opositores la confundieron con una crisis terminal (Garretón, 1993:405) de la dictadura militar. La prensa mirista lo relata así: “La jornada nacional de protesta social contra el régimen del once de mayo no ha hecho sino poner en evidencia la extensión y profundidad de la crisis. Ha quedado de manifiesto una nueva fase en que se ha iniciado la crisis del régimen militar” (El Rebelde, junio 1983:1)

            Este es el contexto donde comenzó a desenvolverse la población La Victoria a partir del 1983. Los pobladores cristianos, los curas y los pastores evangélicos desempeñaron varios roles en aquellos momentos. El Siglo relata la protesta nacional del 30 de octubre de 1984: “En la aguerrida población La Victoria, las barricadas y piquetes de autodefensa comenzaron a funcionar a las 4:30 de la mañana del 30 de octubre. Parte de la ya tradicional combatividad de que hacen gala los “victorianos” pusieron en práctica iniciativas de tipo militar que les rindieron los frutos esperados” (El Siglo, Nº 7592, s/f, 1984:9).

Una pobladora cristiana relata que: “El 30 de octubre del 84’ fue bastante duro, nos cercaron la población. Fue horroroso, las guaguas asfixiadas, no dejaban salir a las guaguas a la posta…se llevaron muchos detenidos”. “Se veían (sacerdotes en las protestas) de hecho, André Jarlán se tiraba al suelo para que no pasara el grupo policial, muchas veces se tiró al suelo, le pegaron y se lo llevaron muchas veces detenido. Ellos (los curas) llegaban primero a ayudarnos” (Matilde, católica y militante PC).

Dicho testimonio demuestra la presencia tanto de sacerdotes como de creyentes en las protestas que se efectuaron el la población. Algunos cristianos eran más radicalizados, construyendo zanjas, saliendo a buscar piedras y armándose con ondas. Las protestas netamente donde participaban cristianos eran “más pacíficas, porque ellos decían no nos tiremos hasta que veamos que nos vayan a pegar, ayudaban a calmar a la gente, porque la gente indignada empezaba primero y la comunidad cristiana estaba (diciendo) no todavía, ya va a llegar el momento, esperemos un poco, eso ayudó a que no hubieran más víctimas, eran más prudentes” (Matilde, Católica y militante PC). En algunas ocasiones no eran tomados en cuenta los reclamos del sacerdote de La Victoria, Pierre Dubois, que había increpado a los encapuchados que daban la “instrucción” con el fusil en plena vía pública (Álvarez, 2008:61). Hubo ocasiones que la violencia era desmedida por parte de algunos pobladores exaltados.

             “Casi siempre salía el padre con la juventud, la juventud cristiana (católica), el cura era el Pierre Dubois. Hacían en el día zanjas para que las tanquetas, todas esas que andaban quedaran atajadas, ahí ponían piedras los curas con los cabros. A veces (el cura) se ponía por delante para que el auto negro ese, para que la tanqueta no pasara” (Violeta, metodista-pentecostal).

            A diferencia de los curas, los pastores evangélicos no salían de forma tan directa a presenciar las protestas, o detener a las fuerzas de carabineros o militares y pocos cristianos evangélicos salían a las protestas. Los evangélicos expresa lo siguiente: “Los pastores evangélicos no salían a las protestas pero salían evangélicos, mis cabros…los míos (hijos) se juntaban con los otros que no eran evangélicos y se juntaban a gritar, eran grupos pequeños (de evangélicos), no todos, unos (no salían)  por miedo” (Violeta, metodista-pentecostal). El miedo invadió a muchos, sin tener en cuenta la religión o ideas políticas, como sentimiento humano natural se dio en varias familias de la población, siendo agudizado por la constante represión y la posibilidad de ser detenido o morir en algún enfrentamiento o escaramuza con carabineros o militares. La Iglesia Comunidad Cristiana, nos atestigua que: “No participé, mi marido salía a mirar, tomaba un poco parte, (pero) no participé por miedo porque disparaban” (Verónica, evangélica  y militante del PS).

La represión sobre los “victorianos” era pan de cada día y debieron convivir con ella modificando distintos hábitos de vida cristiana, como la predicación del Evangelio en las calles, misas y cultos especiales. Eso lo veremos más adelante.

El semanario El Siglo daba cuenta de lo duro de la represión en La Victoria y, por ende, la sensación de inseguridad y miedo entre sus vecinos: La Victoria, cercada policialmente y muy reprimida, su gente, sin embargo, se plegó totalmente a paro, encendió barricadas, realizó velatones y acciones de autodefensa. Se instalaron ollas comunes”. Y añade: “Se produjeron dramáticos incidentes cuando los militares intentaron impedir el ingreso a la población de los restos del joven de 22 años, Boris Vega, una de las tres víctimas fatales que ha cobrado la represión” (El Siglo, 4/7/86:3).

En primer lugar, hay que dar cuenta del actuar de cada uno de estos personajes cristianos en las protestas para el análisis más específico. Primeramente, el actuar de los feligreses católicos contaba con una heterogénea gama de posiciones y actitudes ante estos violentos acontecimientos de la población. Un grupo de católicos salían a protestar. Patricia, participante católica de esto relata sobre protestas donde netamente participaba feligresía: “En sí era pacífico (las protestas de católicos), pero cuando llegaban los pacos con las bombas lacrimógenas (empezaba todo)” (Patricia, católica y pro-PPD).

Otro grupo de cristianos “más radicales” que, justamente en su mayoría, eran militantes de algún partido político, actuaban de forma más directa que solo salir a las calles de la población. En una especie de estrategia “militar”, crearon sistemas, junto con otros pobladores no cristianos, que lograron frenar a fuerzas de carabineros donde inclusive se hicieron partícipes sacerdotes católicos. En el caso del laicado católico partícipe nos señalan que: “(A) comienzos de las protestas del 84’ teníamos más experiencia, rompimos el pavimento (haciendo) unos canales para que quedaran las tanquetas pa’ dentro, algo como lo que se hace para el alcantarillado, las tanquetas se quedaban pegadas, no podían pasar, eso lo aprendimos a hacer en todo lo que nos pegaron y nos trataron mal” (Matilde, Católica y militante PC). El semanario El Siglo da cuenta de la combatividad de algunos sectores poblacionales: “En la noche, la jornada tuvo máxima expresión en las poblaciones, donde se combatió a las fuerzas represivas hasta tarde” (El Siglo, 2º quincena de marzo, 1986:3).

Las acciones mayoritariamente llevadas a cabo eran levantar barricadas y marchas en las calles colindantes como acción de protesta contra el régimen y necesidades sociales entre otros. “Los pobladores levantaron barricadas y marcharon por sus poblaciones” (El Siglo, 2º quincena de mayo 1986:5) detalla la prensa.

Incluso estos en acciones de propaganda avisaban sobre las protestas que se llevarían a cabo en la población: “Íbamos a la Iglesia a avisar que había protesta y salíamos todos” (Matilde, católica y militante PC).

El saber cuándo y dónde había protesta significaba que la población estaba de cierta forma organizada para llevar a cabo acciones de ese tipo, allí estuvieron presentes numerosos cristianos. Otros, en cambio, salían organizados, pero en el sentido de estar atentos a lo que sucedía con la integridad física de algunos vecinos que participaban en los enfrenamientos callejeros. Los primeros auxilios a heridos fue una de las organizaciones asistenciales cristianas para las protestas muy importantes al momento de “salvar” a algún “victoriano”. Se testimonia que:

“Actuábamos juntos, en la Iglesia y en las protestas, ayudábamos a jóvenes que estaban heridos, hacíamos cursos de primeros auxilios, esto (fue) impulsado por la Iglesia (Matilde, católica y militante PC). Un poblador en una entrevista a revista Ercilla señalaba: “Aquí en La Victoria la protesta está organizada muy bien, uno o dos días antes de la fecha pa’ tocar las cacerolas, empiezan a aparecer neumáticos, palos y papelitos indicando qué es lo que hay que hacer y a qué hora”.

Otro grupo, no menor en importancia, no se hacía partícipe de esto, en algunos casos, por el miedo como dimos cuanta más arriba. Violeta, una pobladora evangélica relata: “Las protestas, teníamos que estar todos encerrados adentro, (ya que) en la noche en la calle pasaban los carabineros (y) hacían tira las ventanas... (a) algunos (evangélicos) se les decía que no salieran pero salían igual” (Violeta, metodista-pentecostal).

Hay que tener en cuenta que el llamado de las denominaciones protestantes (evangélicos) a intervenir en el mundo es muy diferente al catolicismo en muchos aspectos. Muchos pastores charlaban con la gente de que no era conveniente salir, y más bien, era más conveniente orar y dejar todo en las manos de Dios, ya que, según la teología evangélica, Dios permite los gobiernos del mundo y la justicia se le pedía a Él.[1] En todo caso, más adelante, daremos cuenta que esto es muy variado y que la intervención no es tan nula como se plantea o se piensa.  En palabras de un evangélico ante las protestas: “(Ojalá) uno estuviera en su casa y estar orando a Dios para que se vaya tranquilizando y para que no siga más eso, en la Iglesia (Evangélica) hay de todo, usted sabe, algunos (evangélicos) salían” (Violeta, metodista-pentecostal).

La señora Sara, una pobladora católica, señala: “(Por las protestas) protegía a los míos. Sentíamos impotencia de no poder hacer algo. Rezaba en las protestas, que no hubiera más muertes, por último que hirieran los militares, pero no matar” (Sara, católica).

Desde nuestro punto de vista, a partir de los relatos anteriores de pobladores, hubo cristianos que “aportaban” en las protestas desde sus casas en oración por los que sí estaban afuera. Aquí tanto evangélicos como católicos acompañaban en su fe tanto a sus vecinos creyentes como no creyentes, para que no les aconteciera algún tipo de mal, no salieran heridos o muertos y para que la situación de violencia se fuera calmando. Tenemos grupos de feligreses que no salían, tanto por el miedo o por sus formas de ver los dogmas cristianos, como otros que sí salían y incluso no solo gritaban consignas, por decirlo de alguna manera sino que, además, organizaban estrategias contra las fuerzas represivas incluso enfrentándose a ellas. Se va ratificando nuestra idea planteada al principio.

En el caso de los sacerdotes y pastores, quienes son responsables de feligresías cristianas, el tema es variado. En La Victoria tenemos la presencia de ciertos íconos y acciones importantes en el quehacer de estos personajes religiosos en situaciones de protesta y violencia.

Frente a las protestas de los años 80’, la jerarquía eclesiástica reaccionó con una estrategia que agudizó aún más la confrontación Iglesia-Estado. Por un lado la Conferencia Episcopal de Chile expresó su preocupación por la violencia que acompañaba las manifestaciones y su represión, pero por el otro legitimaba las protestas como forma de descontento popular (Cruz, 2004:20). Aún más, sectores significativos de la Iglesia (sacerdotes, religiosas, seminaristas, novicias y laicos) participaron activamente en las movilizaciones y sufrieron también la violencia de Estado que se utilizaba para desactivarlas (Ibíd., 2004:20). Muchos curas se “enfrentaban” a carabineros durante jornadas de protestas. Presentes, en medio de las barricadas, actuaban sin violencia donde paralelamente se manifestaban grupos de creyentes y no creyentes. Por otro lado, los pastores presenciaban de forma sigilosa los acontecimientos para actuar de una manera muy especial.

¿Los sacerdotes católicos podían participar en política o en las manifestaciones contra o a favor de algún gobierno determinado? Esta pregunta ha originado grandes debates desde los inicios del cristianismo, pero en Chile el debate se hizo agudo desde la creación de Cristianos por el Socialismo en 1971. Los obispos católicos planteaban que los sacerdotes podían tener una preferencia política, pero no podían adoptar públicamente posiciones partidistas (Amorós, 2005:113). Para el catolicismo, las opciones políticas de un sacerdote hechas públicas atentan contra la libertad de decisión del cristiano ya que el sacerdote aparece como eje de una feligresía determinada. La Conferencia Episcopal ya había planteado lo siguiente por la aparición del grupo Cristianos por el Socialismo en los tiempos de la Unidad Popular: “la opción política del sacerdote, si se presenta, como en este caso, a modo de lógica e ineludible consecuencia de su fe cristiana, condena implícitamente cualquier otra opción y atenta contra la libertad de los otros cristianos” (Ibíd.). Para la gente de la Vicaría de la Solidaridad y parte de la feligresía católica durante la dictadura, los sacerdotes no participaban en política, sino que lo hacían en torno a una misión para con la sociedad ante la situación de represión y violación sistemática de los Derechos Humanos. Los sacerdotes se hacían participes de las protestas, pero no de forma “combativa” como se dio cuenta en el análisis que se hizo más arriba. Cabe decir que esto no significaba que el actuar de los sacerdotes católicos fuera algo pasivo ni a nivel nacional ni en La Victoria. En el ámbito nacional, había mucha oposición a cierto actuar de la Iglesia Católica desde los políticos que apoyaban al gobierno. El gremialista Jaime Guzmán y fundador de la Unión Demócrata Independiente (UDI), un católico conservador con posturas contrarias al Concilio Vaticano II, en una carta al director para la revista Ercilla planteaba que: “Las inquietudes de la Iglesia en torno a los Derechos Humanos, pienso que ellas se ha(n) visto frecuentemente empañadas por el indiscriminado compromiso político contingente de vastos sectores eclesiásticos” (Ercilla, 25 al 31 de mayo 1983:10). Dicha crítica de Guzmán giró en torno a la necesidad de diferenciar que  defender los Derechos Humanos sería una cosa y defender los llamados “terroristas marxistas” sería otra. El problema residió en que los roces de la jerarquía católica y el gobierno se debieron a las opiniones, en su rol de oposición ante el receso de los partidos políticos, que dieron los sacerdotes a causa de políticas de diferente índole que llevó a cabo la dictadura, como también la detención de sacerdotes dentro de manifestaciones contra Pinochet. Prensa contemporánea relata: “(En) manifestaciones en la vía pública en la que habían sido detenidos (sacerdotes), (por) reparto de volantes también políticos, (que tenían) llamados a resistir el cumplimiento de las órdenes de la autoridad desde recintos eclesiásticos” (Ercilla, 23 al 29 de marzo1983:8).

También se enfatizaba el contexto en donde fueron detenidos, en medio de disturbios: “En el curso de los incidentes fueron detenidos los sacerdotes Darry Healey, natural de Irlanda, y Pablo Fontaine, chileno. Los religiosos fueron puestos en libertad en la Nunciatura apostólica, luego de una reunión del representante de la Santa Sede con el Ministro del Interior” (Ibíd., 1983:7). Podemos ver que no solo a nivel de La Victoria los sacerdotes se hacían partícipes de alguna forma de estas acciones, sino que era un fenómeno a nivel nacional. Hubo entrega de panfletos denunciando represión donde se incentivaba a las conciencias sobre lo que debía tener un cristiano en el contexto dictatorial por el cual estaba pasando el país. Las críticas de la jerarquía a veces eran un trago amargo para los comandantes en jefe, quienes se habían proclamado como defensores de los valores cristianos ante el marxismo. Desde la Vicaría de la Solidaridad las críticas se hacían cada vez más agudas por el aumento de la represión a causa del “levantamiento popular” que causó la crisis económica. Es por eso que uno de los que fue Vicario de la Solidaridad, Monseñor Juan de Castro, señalaba en una entrevista que: “Es cierto que la gente de la Vicaría es, en general, de mentalidad política de izquierda. Eso ocurre por que hay una vergüenza: los cristianos de derecha no se interesan por los Derechos Humanos ni por los pobres” (Ercilla, 15 al 21 de junio

1983:9).

A nivel poblacional, los sacerdotes no se quedaron atrás en el actuar en la protestas, como ya vimos lo que sucedía con eclesiásticos a nivel nacional. Los “grandes íconos” de La Victoria fueron los padres Pierre Dubois y André Jarlán. El primero posteriormente expulsado del país y el segundo muerto en 1984 por un tiro certero en la nuca realizado por Carabineros de Chile. La figura de Dubois fue importante al momento del desarrollo de protestas en la población. La pobladora evangélica Verónica relata al respecto que: “El padre Pierre  salía con los jóvenes a protestar, salía a cuidar de los jóvenes, siempre cuidaba de los jóvenes de la poblada, que no cayeran, él ponía su cuerpo para salvarlos del ataque de los carabineros”. (Verónica, evangélica). Se añade también: “Muchos murieron en los brazos de él, cuando estaban heridos se los llevaba a la parroquia y les prestaba (primeros) auxilios” (Sara, católica).

            Los sacerdotes participaban en forma asistencial a los vecinos ayudando sobre todo a los heridos “los (que) llevaban a la Iglesia cuando estaban heridos, le prestaban primeros auxilios y cuando había necesidades el padre los llevaba en su camioneta a la posta, donde tuviera que llevarlos de urgencia” (Sara, católica). En cuanto a los “enfrentamientos” entre Dubois y las fuerzas de orden público: “El (cura) miraba de más atrás. Él se los quitaba de las manos a los carabineros, se los quitaba de las manos a los chiquillos”, se añade, “casi nunca se llevaban a nadie por que el cura iba a hablar para que no se los llevaran detenidos” (Patricia, católica y pro-PPD). Por lo tanto el sacerdote ayudó a que la represión no cobrara más vidas al ayudar a los heridos, ni posteriores detenciones. Dubois como Jarlán se hacían parte exponiendo su vida para salvar otras y en otros casos, para que no pudieran entrar a la población. Anteriormente vimos como sacerdotes ayudaban a pobladores en la construcción de zanjas para que las tanquetas no pudieran pasar. Los sacerdotes  “íconos” para los pobladores de La Victoria están personalizados en estos dos nombres. En palabras de los mismos vecinos, eran signos de aliento para ellos. Matilde señala que: “Si ellos lo hicieron, mayor razón que lo hiciéramos los católicos, eran como si mi padre lo hiciera, como no lo íbamos a hacer nosotros” (Matilde, católica y militante PC).

            De cierta forma, la participación de los sacerdotes en las protestas era una manera de influencia indirecta hacia la conciencia de los católicos, la cual pasaba desde la ayuda asistencial a la intervención misma en las manifestaciones evitando detenciones. Para la mentalidad de los católicos de La Victoria, que un clérigo se hiciera partícipe en protestas no era cualquier cosa, sino que era un ejemplo a seguir. Por su parte los pastores evangélicos de La Victoria no tenían una participación tan clara como los curas. No era cosa que estuvieran allí en medio de la manifestación, pero aportaron mucho en la asistencia solidaria sobre todo, y al igual que los sacerdotes católicos, en el tema de la gente que salía herida de las protestas. Comandados por un pastor, la Iglesia Evangélica tenía feligreses que se especializaban en primeros auxilios siendo, en algunos casos, mujeres que eran enfermeras. Violeta, que es evangélica, da testimonio sobre “un Pastor (que) tenía unas chicas que eran enfermeras y siempre que llegaban heridos los atendían” se añade “El Pastor curaba a los enfermos (heridos) en las protestas” (Violeta, metodista-pentecostal). 

            Mientras hay pobladores que apelaban a que salían algunos evangélicos a las protestas, como Violeta, otros como Verónica nos dicen que “no se veía evangélicos en las marchas…los pastores no decían nada, el que quería salía” (Verónica, evangélica). Podríamos decir que una minoría evangélica salía a protestar, como lo confirmó Violeta anteriormente con respecto a sus hijos evangélicos que protestaban. La presencia de pastores y evangélicos no era “ni tan notorio como los sacerdotes.” (Sara, católica). La influencia indirecta para los evangélicos sobre las protestas era sobre el tema de la solidaridad y la asistencia a vecinos netamente. Esta no es de ir donde se está protestando ni menos establecer diálogos o “enfrentamientos” con fuerzas de orden sean carabineros o militares. Lo interesante es ver la particular praxis evangélica durante la dictadura ya que de igual forma colaboraron.

Ante los ataques si los sacerdotes eran “comunistas” o no, el gobierno no vaciló en catalogarlos directamente de agentes marxistas. Los pobladores “victorianos” tuvieron sus propias conclusiones al respecto. Violeta no creyó nunca que los sacerdotes fueran comunistas. Matilde nos dice que “a los curas (se) los acusó que eran todos comunistas, entre comillas, muy difícil que un cura sea comunista tira la pueblo, pero no (eran comunistas)” (Matilde, católica y militante PC). La señora Verónica, que es evangélica, recalca que “Pinochet pensaba harto mal, (los sacerdotes) no eran comunistas, había tanto abuso y la gente quería salir del abuso del gobierno militar. (Los sacerdotes) se hacían parte por el abuso, no por política, él (Pinochet) se tomó el gobierno, como en Cuba que solo la enfermedad ha parado a Fidel, acá hubiera pasado lo mismo si la gente no se rebela, era para defender vidas que por algo político” (Verónica, evangélica). Sara dice que “no eran de izquierda, no se trataba que eran de izquierda o de derecha era por el contraste de fuerzas que había con los milicos. (La acusación) era una chapa no más y para perseguirlos también. Defenderse del más poderoso no es que uno sea comunista” (Sara, católica). A esto Manuel agrega que “(los sacerdotes) eran más solidarios, más cercanos a los pobres, a nosotros” (Manuel, católico y militante del PC).

 Los pobladores en sus testimonios recalcan los siguientes aspectos: “poderoso”, “abuso”, “cercanos a los pobres”, “pueblo”. Podríamos decir que había dos aspectos de influencia indirecta sobre pobladores cristianos en el actuar de estos clérigos. El primero, es que los pobladores tenían claro en sus conciencias, que los sacerdotes no eran comunistas, que era una acusación falsa. Estos pobladores señalan el aspecto sobre la represión, para ellos un abuso, y por eso el deber de actuar y defender la vida. Lo segundo, es que se recalca también las referencias a los “pobres” y al “poderoso”. Claramente podemos decir que los pobladores estaban influenciados por ideas sobre la opción preferencial por lo pobres, que especialmente hacían estos sacerdotes, Dubois y Jarlán para el caso de La Victoria. Sobre esa opción no podemos precisar si es por la Teología de la Liberación, la Iglesia Liberadora o netamente por el Concilio. Podríamos decir que es una mezcla entre todas estas manifestaciones, que estuvieron de por si presentes en la población, siendo más de tipo conciliar en los cristianos no militantes en partidos políticos mientras que en lo que eran cristianos y comunistas a la vez por ejemplo, un lenguaje parecido al de la Iglesia Liberadora y la Teología de la Liberación. Esto se debe a la época y el contexto histórico en donde se estuvieron desenvolviendo estos pobladores cristianos.

            La situación a nivel poblacional no escapó a lo que sucedía, por ende, a nivel nacional. En primer, lugar los feligreses “victorianos” sufrieron ataques tanto a sus templos como a ellos mismos. Los mismos ataques que tenía registrado un reporte de la Vicaría a la Iglesia se repitieron en La Victoria. Violeta relata que “(En la Iglesia Evangélica) pasaban por afuera no más (los militares), las Iglesias católicas amanecían rayadas, por que los curas se metían” (Verónica, evangélica). Manuel rectifica lo que plantea Violeta: “Muchas veces encontrábamos rayones en la Iglesia, te vamos a amasar (sic) comunista de mierda” (Manuel, católico y militante del PC). Las amenazas a pobladores cristianos, no cristianos y a sacerdotes “victorianos” era fruto de la intervención de estos en las protestas y a la labor que reflejó la Vicaría a nivel nacional. En el caso de los evangélicos, las fuerzas represivas tenían un poco más de consideración.

La jerarquía evangélica nunca fue tan directa, tampoco en su participación desde el COPACHI. Una pobladora evangélica nos señala que: “Al menos nunca a los evangélicos, no los atacaban, no rayaban las iglesias y bombas menos, pasaban, miraban para dentro y seguían” (Verónica, evangélica). Sobre lo que se señala sobre bombas, la parroquia de La Victoria un día domingo en plena misa fue atacada con bombas lacrimógenas, siguiendo la política de amedrentamiento y amenazas tanto a sacerdotes como creyentes, de que no se metieran en los asuntos del régimen militar. Jaime señala que la Iglesia fue perseguida “porque fue la única institución que se fue en contra, ayudó a los perseguidos. (Además) un día domingo a las 10 de la mañana hicieron tira la puerta, allanaron la iglesia porque decían que tenían armas, en plena misa, echaron a toda la gente”, (Jaime, cristiano sin denominación) a esto se agrega: “Nos tiraron bombas dentro de la iglesia, rayaron casi todas las capillas, las casas” (Matilde, católica y militante PC). En un reporte de la revista católica Mensaje, que trata el tema si se persiguió realmente a la Iglesia Católica en Chile, dando cuenta de cada uno de los atentados sufridos por parte de fuerzas de orden público contra templos y locales de la Vicaría de la Solidaridad. Sobre La Victoria se aprecia un relato que habla de cómo carabineros intentaron llegar a quemar la parroquia de la población. El artículo señalaba: “Los carabineros intentaron quemar la parroquia de La Victoria, en 11 y 12 (de agosto), sin lograrlo.” (Hevia, 1986:351). Amedrentamiento, templos rayados y bombas lacrimógenas durante misas fue con lo que debieron convivir los cristianos de La Victoria. Un punto importante dentro de esto, es que todo este clima de miedo y de represión configuró de cierta forma la vida practicante de las feligresías “victorianas”. En este punto, los evangélicos fueron los más afectados en su vida cotidiana, ya que se veían sobrepasados por la represión cuando pretendían salir a predicar el evangelio. Se reunían grupos de unos diez evangélicos a caminar por los pasajes de la población llevando “la buena nueva”. Estos se vieron frenados por fuerzas policiales, que no permitían este tipo de concentración de personas en las calles, ya que se les acusaba de estar haciendo política. Una pobladora evangélica nos relata de cómo hubo trabas a las prédicas en las calles: “A otros se les decía que salieran a predicar y no salían a predicar por lo mismo, por el miedo, que le podía pasar algo en la calle cuando estaban en grupo, era prohibido ver grupos en las calles, había reuniones más cortas también. En la noche iba a veces, no se podía hacer reunión, veían a gente amontonada y pensaban que se hacía política” (Violeta, metodista-pentecostal). 

            La situación de la represión y el miedo constante provocaron que los evangélicos no pudieran desenvolver su vida cristiana como cotidianamente lo habían hecho en la población. Debieron acortar las prédicas y los servicios que no eran dentro del templo por la sensación de una vida que sufrió contante represión, tanto por el miedo causado como por las acusaciones que pesaban sobre grupos supuestamente haciendo política. A las trabas a la vida cristiano-evangélica, se suman las que afectaron a la vida cristiano-católica. Los que estaban encargados del orden público insistían en que tanto fuera como dentro de los templos se hacían manifestaciones políticas y no solo religiosas contra el gobierno donde se llamaba a la incitación por parte de los sacerdotes, llegando a catalogarse de “incitación marxista”. Algunos sacerdotes de la población fueron expulsados, detenidos o relegados. El padre Jesús Herreros sufrió una detención en La Victoria. Ya detenido, sufrió una serie de insultos y acusaciones. Él cuenta que para los carabineros “(los curas) son los que incitan a la gente en las misas, enseñan puro marxismo” (Herreros, 1983:644).A los sacerdotes se les vio truncada su labor como pastores ya que se les prohibió dar misas especial o en ciertos momentos del año, también algunos fueron hasta expulsados del país como lo fue el caso de Pierre Dubois el cual veremos más adelante. Se cuenta que “no les daban (espacio) para que dijeran misas especiales, los castigaban, relegaron a muchos sacerdotes” (Matilde, católica y militante PC). La vida religiosa católica se vio afectada cuando se realizaban algunos actos. Un poblador católico relata como el miedo y la incertidumbre reinaron en las ceremonias del calendario litúrgico católico, especialmente aquellas que se hacían en las calles como los Vía Crucis: “Hacíamos los vía crucis, antes de la muerte de André Jarlán era uno, luego de la muerte fue otro, más expresivo. No estábamos libres de nada. Siempre (los carabineros) nos vigilaban, ellos a veces nos encerraban aquí” (Manuel, católico y militante del PC). Los Vía Crucis populares fueron una de las actividades más importantes de la corriente liberadora en tanto transformaba las ceremonias de Semana Santa en momentos de denuncia pública de la represión política (Cruz, 2004:25).

También cuando se reunía mucha gente a orar fuera de la capilla por la violencia que imperaba en la población. Sobre todo cuando algún vecino perdía la vida en alguna manifestación. Manuel relata: “La gente cristiana se junto a orar fuera de la Iglesia, tiraron una lacrimógena” (Manuel, católico y militante del PC). Los pobladores cristianos no pudieron desarrollar su vida practicante de forma regular. Tanto evangélicos como católicos se vieron afectados por la represión. Menos gente en las iglesias, menos gente predicando por los pasajes, etc.

            El 4 de septiembre de 1984 es un día marcado en la memoria de La Victoria. La muerte del padre André Jarlán Puorcel, sacerdote francés de 44 años, querido por la gente de La Victoria, asesinado por disparos de carabineros. El padre André llegó a la parroquia Nuestra Señora de La Victoria en febrero de 1983. Murió en la tarde del 4 de septiembre, mientras rezaba y leía su Biblia (Grupo de trabajo de la población La Victoria, 2007:147). El hecho fue condenado por la Conferencia Episcopal de Chile, que definió al sacerdote asesinado como una de las nuevas víctimas del odio (Cruz, 2004:21). Anteriormente vimos el desempeño que tuvo André Jarlán en el tema de las protestas para con los vecinos de la población. Ahora, su figura es un emblema para la población, convirtiéndose en una especie de mártir para muchos. Así lo recuerdan los pobladores:

“En la muerte del 4 de septiembre de André Jarlán, estábamos tranquilos y de repente llegó la represalia, no nos dimos ni cuenta y empezaron a disparar y una hermana de arriba dijo que el padre estaba muerto. Para mí fue terrible la indignación…estaba todo ensangrentado encima de la Biblia(Matilde, católica y militante PC).

“Los hermanos (evangélicos) encontrábamos para que lo habían matado, él andaba en las protestas, evitaba que vinieran a buscar gente” (Violeta, metodista-pentecostal). 

“La reacción fue de mucha histeria y dolor, dicen que estaba en oración y le pasó eso”  (Verónica, evangélica).

“En la noche empezaron a tocar las campanas y así supimos que habían disparado y que le había llegado al padre el balazo” (Sara, católica).

            Sobre quién era Jarlán, los testimonios de Jaime y Manuel nos señalan varios aspectos a analizar: “Era muy buen cura, era un cura que ayudaba, era un verdadero cura, ayudaba a los pobres… no eran de esos curas hola y chao… el era un emblema acá, era muy respetado, era como un caudillo…era más solidario, más cercano a los pobres, a nosotros” (Jaime, cristiano sin denominación).

            La figura de Jarlán en la población era importante para los pobladores, una especie de caudillo, pero no en el sentido de que fuera carismático, sino que por las acciones que prestó a los vecinos durante los años que vivió en La Victoria. Muchos lo calificaban en una frase: “él era un cura de verdad”. Ese sentido a lo verdadero que le dieron los pobladores tenía que ver con concepciones e influencias de la Iglesia Liberadora presentes en la población representada en los íconos de ella que fueron, como vimos en el tema de las protestas, tanto Dubois como Jarlán. Para la concepción cristiana de los pobladores la real misión de los sacerdotes era defender al pueblo y a los pobres. Si defendía a los pobres, para el “victoriano”, era un cura verdadero, si no, era alguien alejado de las personas. Otra de las influencias que dejó este sacerdote en los pobladores fue el involucrarse directamente en las protestas y en las acciones solidarias con los vecinos. Eso tuvo gran impacto en la feligresía. Antes vimos lo que decía la señora Matilde, que si el sacerdote era capaz de hacerlo, era como un padre para ellos, y si el padre lo hacía con mayor razón se entusiasmaban los ánimos de los cristianos e incluyo no creyentes a actuar. El otro “gran” acontecimiento, luego de la muerte de Jarlán, fue en el que se vio involucrado el otro sacerdote ícono de La Victoria: Pierre Dubois. En septiembre de año 1986, el padre Dubois y otros dos sacerdotes, Daniel Carvette y Jaime Lancelot, fueron expulsados de Chile después de ser detenidos en un allanamiento que fue vinculado a las acciones posteriores de un atentado contra Pinochet en septiembre de ese año (Grupo de trabajo de la población La Victoria, 2007:160). Ante la expulsión de los tres sacerdotes la Conferencia Episcopal de Chile la calificó como “no solo dolorosa, sino hasta ofensiva para la Iglesia” (Cruz, 2004:18). El comunicado de la Vicaría señaló lo siguiente: “El 8 de septiembre, un día después del atentado a Pinochet, en La Victoria se desarrolló, como en otras poblaciones, un operativo militar tras las huellas de los autores del atentado. Los uniformados allanaron ilegalmente la parroquia, el domicilio de los sacerdotes (entre ellos el padre Pierre Dubois, la Casa de la Cultura André Jarlán y la Casa de la Juventud (Solidaridad, 29 de agosto al 16 de septiembre 1987:22). (Se nombró al) padre Pablo Masson como administrador parroquial mientras dure la ausencia del párroco Pierre Dubois” (Solidaridad, 18 al 31 de marzo 1988:2). La persecución por parte del gobierno a los sacerdotes se dio también en el ámbito poblacional. La Victoria perdía a sus dos emblemas que los alentaban a seguir adelante, quienes crearon los caminos de esperanzas en aquellos momentos represivos que se vivieron expresados, como se dio cuenta más arriba, por los testimonios y recuerdos que tuvieron los pobladores cristianos de estos eclesiásticos. Así lo recuerda Manuel ante la expulsión: “Siempre al padre Pierre lo confundieron con comunista. Para mí, él trató de mantener la cordura para que no hubiera tanta confrontación. Él nos ayudó mucho en la forma de organizarnos” (Manuel, católico y militante del PC). 

            Patricia señala que “cuando echaron al Pierre, la gente más decidida se enfrentó. Hicieron una delegación, iban a ir a La Moneda pero no pudieron ir porque los carabineros no dejaron, los esparcieron con bombas” (Patricia, católica y pro-PPD).

Vemos que tanto a nivel nacional como a nivel poblacional, los roces que tuvieron ciertos personeros de la Iglesia con el gobierno se dejaron sentir fuertemente. Sacerdotes amenazados, expulsados e incluso la muerte de uno de ellos, la de Jarlán, no dejaron de ser sucesos impactantes para los pobladores cristianos de La Victoria, quienes a su vez, por la represión y la sensación de temor, se vieron obligados a configurar su vida cristiano-practicante. La influencias indirectas de los sacerdotes se ven presentes en el lenguaje que poseen los testimonios de los pobladores que perduran hasta el día de hoy, pasadas dos décadas de los sucesos acontecidos, donde el énfasis en lo que debería hacer un cura o la defensa del pueblo pobre son esenciales para poder decir que la presencia del discurso de la Iglesia Liberadora (cercana a ideas de la Teología de la Liberación) estuvo rondando en La Victoria. Esto se comprueba con la praxis de aquellos años rescatada a partir vivencias que compartieron los pobladores para este análisis.

 

Acciones solidarias y asistencia a vecinos.

 

            En este punto se da cuenta de la organización de base en las que participaron cristianos y, a la vez, el impulso que dio tanto la Iglesia Católica como la Evangélica en estos aspectos, recalcando el punto sobre la solidaridad que se practicó hacia los vecinos, especialmente con la presencia y la ayuda que aportó la Vicaría de la Solidaridad en la población. Para Manuel Antonio Carretón (2001) las movilizaciones dieron a los pobres, marginados social y económicamente, un sentido de participación y de pertenencia y afirmó sus identidades individuales y sociales. Las Iglesias Católica y Evangélica de La Victoria se unieron también para consolidar la resistencia de los pobladores. Trataban de preservar el alma, el cuerpo y la dignidad humana (Grupo de trabajo de la población La Victoria, 2007:115). María Antonieta Huerta (1988) recalca, complementando a Garretón, que la Iglesia frente a la desarticulación de la sociedad, fue un elemento clave en la paulatina recuperación de la capacidad de organización de grandes sectores de la comunidad nacional. Según el testimonio de la entonces dirigente poblacional Claudina Núñez: “Estaba la Vicaría de la Solidaridad, también la Iglesia Evangélica. Las evangélicas crearon su propia vicaría, pero dependiendo de la Iglesia Evangélica y se llamó Servicio Evangélico para el Desarrollo: SEDAPE. Entonces la primera unidad que se dio en la base: católicos, evangélicos, creyentes y no creyentes” (Grupo de trabajo de la población La Victoria, 2007:121).

            También había un Comando en La Victoria donde todos los actores de la población confluyeron para la organización desde las bases. La pobladora Gloria Rodríguez nos refiere a esa organización: “Nosotros conformamos un Comando en La Victoria, conformado por la Iglesia Católica, la Iglesia Evangélica y los partidos políticos existentes. Ellos se llamaron “CUR”, Comando Unitario de Recursos, y ellos administraron las platas” (Ibíd., 2007:122-123).

            También estaba el llamado “Comprando Juntos”. Manuel señala al respecto: “Comprando Juntos, una agrupación, hacíamos  grupos de base y juntábamos plata y comprábamos cosas juntos. Comprábamos también planchas de zinc, cosas para las casas, era bien estable en la Iglesia Católica. La Iglesia tomó la iniciativa de que necesitaba la gente. La necesidad te mueve a hacer cosas” (Manuel, católico y militante del PC).

            La presencia de la Vicaría de la Solidaridad en la población La Victoria era de ayuda y asistencia en conjunto con la simultánea organización de los “victorianos” desde las bases como lo fue la ayuda material, las ollas comunes o conmemoraciones. La Vicaría de la Solidaridad en La Victoria ayudó especialmente a las personas que eran perseguidas por la dictadura como también la entrega de alimentos y ayuda a las familias pobres, sobre todo durante la crisis económica. Para Teresa Valdés la red de organizaciones populares forma parte del proceso de activación de la vida poblacional (Valdés, 1988:7). Es lo que Guillermo Campero (1987) llama como “la nueva fase organizativa”.

            Primeramente, veamos la ayuda que prestó a los perseguidos en La Victoria la Vicaría de la Solidaridad. Los pobladores fueron ayudados por ella, los recursos de amparo y el fácil acceso de ellos fue algo fundamental a la hora de proteger una vida amenazada por la represión. Sobre la ayuda de la Vicaría los pobladores nos relatan sus testimonios:

“Era buena la relación (con la Vicaría), teníamos fácil acceso con los sacerdotes, sobre todo si éramos de esta población” (Matilde, católica y militante PC). 

“La gente que tenía problemas de desaparecidos, ellos se acercaban y esta Vicaría los ayudaba mucho” (Verónica, evangélica).

            “Nosotros siempre andábamos con recursos de amparo, a mi me allanaron cinco veces. El día del atentado a Pinochet me allanaron. Me avisaron eso y tuve que arrancar” (Manuel, católico y militante del PC).

“Cualquier problema que ellos tenían iban a ser ayudados, tenían muchas esperanzas en la Vicaría, un conocido fue ayudado por ellos. (De) la Vicaría venía gente a hacer charlas, ellos daban a conocer el problema que pasa y el cuidado que podían tener. Tenían abogados para las personas y que estaban a nuestra disposición” (Jaime, cristiano sin denominación).

            La solidaridad de la Vicaría, tanto a pobladores cristianos como a los que no lo eran, tuvo una fuerte presencia, en este caso, por el tema de la represión y la persecución a “victorianos”. Se señala además la facilidad con que tenían el acceso, dando cuenta del compromiso real que había para con la población, así como el conocimiento a partir de la información que iban a dar funcionarios de la Vicaría a La Victoria, señalando los mecanismos y procedimientos que contaban ellos para la protección de las personas. La Vicaría de la Solidaridad también ayudó a las organizaciones de base de la población. Para la olla común se obtenían de la Vicaría donaciones y ventas a “precios solidarios” (Espinoza, 1986:40) a partir de la necesidad e iniciativas colectivas de subsistencia. La crisis económica provocó hambre en los sectores populares quienes se vieron obligados a tener organizaciones de subsistencia y asistencial como para temas especiales que fue el caso de la vivienda. Las ollas comunes, que habían aparecido en La Victoria antes de la crisis económica de la década de 1980, se multiplicaron por la necesidad inmediata que necesitaban los pobladores. El reporte de la Vicaría señala: “A la ayuda permanente de la Vicaría se han sumado mil kilos de alimentos donados por Cáritas y casi diez mil kilos que ha entregado el Canal 13, junto con dos mil litros de parafina… (de la Vicaría de la Solidaridad han) recibido aportes en alimentos, a los que se suma lo recolectado por los propios pobladores en ferias y negocios” (Revista Solidaridad, 31 de julio al 14 de agosto 1987:5). Los aportes que hacía la Vicaría en torno a productos sirvieron de mucho a las necesidades que tenían los “victorianos”. Se enfatiza que: “(La Vicaría) siempre estuvo presente, aparte de eso nos hacían cartas para ir a conseguir leche, de todas esas cosas, se dio mucho la mano de la Iglesia, no había diferencia si era creyente, si era poblador, no se preguntó que ideología tenía” (Matilde, católica y militante PC). Una pobladora evangélica enfatiza que: La Vicaría ayudó mucho acá, (con) alimentos (y) leche… yo como evangélica siempre ayudaba, lo que nosotros como cuadra recibíamos leche y la preparaba cada día una vecina y yo lo repartía (a) los vecinos de la cuadra” (Verónica, evangélica). Los cristianos participaron activamente en la repartición y ayuda solidaria para sus vecinos a través de lo que aportaba la Vicaría de la Solidaridad. A parte de la ayuda prestada, las bases también realizaron tipos de actividades. En el tema de las protestas en La Victoria, vimos como la organización de base de tipo asistencial para los vecinos fue el de prestar primeros auxilios, tanto por parte de feligreses y pastores como sacerdotes. En este caso, la otra organización de base en la que hubo participación de cristianos, tanto evangélicos como católicos, fue en las llamadas ollas comunes, las cuales respondieron a situaciones de emergencia, en este caso el hambre que azotaba a la población. Parte significativa de los pobladores, a causa de la crisis económica, estaban cesantes o si trabajaban lo hacían por un sueldo muy bajo. En conjunto con la ayuda que llegaba de la Vicaría, los “victorianos” participaron moviéndose desde la población. La organización cristiana de base fue tanto inspirada por la conciencia moral cristiana solidaria que tenían los pobladores creyentes, como por su necesidad inmediata. Para las ollas comunes, creyentes, pastores y curas se repartieron diferentes funciones: unos recolectaban el alimento, otros cocinaban, distribuían y vigilaban. En el caso de las iglesias evangélicas, sus comunidades asumieron un rol de asistencia para con sus vecinos en la población. La revista Pastoral Popular da cuenta de la labor de protestantes: “En estos últimos años, dado la crítica situación de pobreza, las iglesias evangélicas han asumido constantes acciones de servicio, sobre todo en el marco de la asistencialidad… en su interior algunas dan espacio para que funcionen organizaciones populares, ollas comunes, jardines infantiles, centros abiertos, comedores populares y centros de salud” (Revista Pastoral Popular, 1988:31). Una pobladora evangélica nos relata con respecto a esa labor asistencial y solidaria: La Iglesia (Evangélica) tenía harta participación con la gente, incluso había un jardín infantil, (se) ayudaba bastante a la comunidad de niños… se preocupaban de la entrega de leche y juguetes a final de año” (Verónica, evangélica). En el caso de las ollas comunes nos entregan testimonio que “se hacían ollas comunes en la misma Iglesia, en los patios. La gente iba a comer allá mismo, se daba una hora y llegaba cada uno con su olla, algunos se quedaban a comer en la Iglesia (Violeta, metodista-pentecostal). La organización de base de los evangélicos para las ollas comunes fue de la siguiente manera: primeramente, los feligreses y los pastores de La Victoria iban en la búsqueda de alimentos, aportando algunos con medios de trasporte para este caso, para llevarlos al centro de operaciones que era el mismo templo. Allí otra parte de creyentes comenzaban a cocinar los alimentos en conjunto con los profesores de la “Escuela Dominical”.[2] Toda la Iglesia Evangélica se incentivaba mutuamente a organizarse, tanto pastores como creyentes basándose en los términos solidarios de Cristo y a las necesidades urgentes de los vecinos. Los pobladores evangélicos de La Victoria atestiguan sobre su organización de base: “Llegaban de “la vega” o del “matadero”, otros andaban pidiendo la comida, otros iban en la mañana a hacer cosas para los niños o para los mismos evangélicos… iban los pastores a buscar comida también, los que tenían camioneta ayudaban, los profesores de “Escuela Dominical” iban a hacer la comida y otros hacían ofrendas en las reuniones (culto)” (Violeta, metodista-pentecostal). Otros evangélicos que no tenían necesidad, ya que no fueron golpeados de forma fuerte por la crisis, de igual forma ayudaron. Este es el caso del actuar de la feligresía evangélica se señala al respecto: “Siempre fuimos varios (evangélicos) a ayudar, necesidad de participar en las ollas comunes (algunos) no tuvimos, (otros) no tenían comida (y) tenían que acercarse a estas ollas comunes” (Verónica, evangélica).

            Para el caso de la Iglesia Católica en La Victoria, las labores no fueron muy diferentes a las prestadas por los evangélicos. La organización de base católica también recolectó, cocinó y distribuyó alimentos. La diferencia es que mayoritariamente la Iglesia Católica hizo las ollas comunes tanto en su templo como en las calles de la población, a diferencia de los protestantes que hacían sus ollas comunes casi exclusivamente en el patio de su templo. Se podría decir que los católicos fueron más abiertos en estos casos: “Los que practicábamos la olla común veíamos a la gente que trabajaba y que tenía necesidad. Se movían con plata y mendigando. Mucha gente que iba a la Iglesia participaba en las ollas comunes” (Manuel, católico y militante del PC). La organización solidaria católica de base para las ollas comunes no difería de la evangélica. Feligreses y curas buscaban comida, otros eran encargados de cocinar y otros de distribuir: “Las ollas comunes fueron muy buenas, se ayudó mucho con las ollas comunes. Íbamos a Lo Valledor y traíamos carretones de verduras. Se hacían grandes fondos…íbamos en una camioneta, los que trabajaban en la feria prestaban los vehículos, ahí se iba a buscar…había hermanitas y sacerdotes (que) nos acompañaban a todos lados, fuimos para Las Condes, para arriba, a traer comida…ayudábamos a los vecinos que no tenían comida por ejemplo, preocupándonos donde había niños que tomaban leche, llegábamos con leche y un poco de pan que nos conseguíamos en las panaderías” (Matilde, católica y militante PC). Luego de la recolección, el templo era el centro donde llegaba toda esa mercadería, la que era recolectada por católicos y sacerdotes. Sara, quien participó en las ollas comunes señala al respecto: “La gente de la Iglesia se juntaba por grupo a hacer la comida y después la repartían a las personas, hacían filas con sus ollitas y repartían según el número de personas de las familias… (Los curas) vigilaban las ollas comunes para que la gente no se aprovechara” (Sara, católica). A esto se agrega lo siguiente: “Se repartían las cosas en la Iglesia, la repartíamos por lista, era muy organizado esto” (Matilde, católica y militante PC). La participación y el incentivo de hacerlo era tanto por las necesidades del momento, como atestiguaron tanto evangélicos como católicos, como por la influencia en las misas de sacerdotes que llamaban a cooperar. A uno de estos llamados respondieron católicos como Patricia: “Yo de repente iba  ayudar. La gente antigua, la juventud, el padre aportaba, en sus misas pedía cooperaciones para poder ayudar y aportar en las ollas comunes” (Patricia, católica y pro-PPD). Podemos ver que la organización cristiana de base se dio tanto por las necesidades de urgencia que padecían muchos pobladores, como por la acción solidaria inspirada por la moral cristiana, como por la participación activa, influida tanto directa como indirecta, por la acción de pastores y sacerdotes que orientaron en lo que se debía aportar.

            Los cristianos también realizaron acciones de asistencia a vecinos en el caso de los allanamientos, en los cuales se tomaban detenidas a gran número de personas dentro del contexto de persecución política que vivía el país. Dichos procedimientos eran inesperados y tenían un doble fin: por una parte, desactivar algún tipo de organización política o simplemente causar temor en la población para que no actuara en manifestaciones contra el gobierno. La Vicaría señaló en aquel entonces: “(Se) criticó los allanamientos, algunos de los cuales afectaron a casas parroquiales…crean un clima de temor y desconfianza en los pobladores…registros masivos de viviendas fueron realizados en…La Victoria (Revista Solidaridad, 17 al 30 de julio, 1987:6).   “Pobladores de La Victoria denunciaron malos tratos y vejaciones durante allanamiento…de madrugada, con altavoces o golpes en las puertas, varones de 14 años fueron conminados por civiles y carabineros a abandonar sus casas y prestarse a un chequeo policial” (Ibíd., 1983:5). El poblador Mario da cuenta de ello: “Nos sacaban a todos los hombre en fila.” (Mario, católico y militante PC). Se añade: “En un allanamiento los habían llevado al Estadio y después los soltaban” (Mario, católico y militante PC). Pierre Dubois, ayudaba a sus vecinos en estos casos. “Cuando se venía algún allanamiento, el padre Pierre se llevaba a todos los hombres al fondo (de la población) donde está la línea del tren (y) los mandaba para el sur…cuando tomaban a (alguno), las mismas mamás de los chiquillos iban a buscar (a Dubois) a la Iglesia para que los ayudara” (Patricia, católica y pro-PPD). Los allanamientos para los evangélicos no eran tan violentos ni humillantes como para el resto de la población católica y no católica. Se nos enseña las siguientes razones: “Cuando pasaban allanando, a una hermana, el carabinero que entró vio la Biblia y miró y no hizo nada, los evangélicos eran como más respetados. A una hermana igual le desarmaron todo, algunos decían que eran evangélicos (a los carabineros) y miraban y se iban, saben que (los evangélicos y los pastores) no se meten en esas cosas como los católicos...una vez cayeron todos los hermanos, no escapó nadie” (Violeta, metodista-pentecostal). No había una persecución especial contra los evangélicos, de hecho la prensa no menciona hasta el plebiscito formas de coacción o amedrentamiento a este grupo cristiano. Esto por la lógica de algunos protestantes de la “no intervención” en el sentido que los evangélicos no buscaban desestabilizar el régimen. Su praxis era de ayuda social y no combativa. Por esta razón no se sospechaba mucho de ellos.

 Otras acciones solidarias de los pobladores cristianos fue esconder vecinos, ayudarlos espiritualmente, etc. Sara, que ayudó de esta forma, cuenta que “todos nos ayudábamos como familia, los vecinos, nos ayudábamos materialmente o aconsejando, hablando con la gente que le pasaba algo” (Sara, católica). Otros pobladores como Matilde escondieron gente tanto en la capilla como en su propia casa. “Las casas estaban llenas de gente, yo tuve jóvenes  comunistas, unos católicos, chiquillos mezclados, no todos los católicos eran comunistas… (también) escondíamos gente en la Iglesia, debajo de la capilla, cuando venían a alguien siguiendo uno les abría la puerta o la Iglesia (Matilde, católica y militante PC). 

 

Conclusiones.

 

            En este escrito dimos cuenta de cómo los cristianos se hicieron partícipes en las protestas de la década de 1980 y sus diferentes formas de actuar: combatividad, labores de primeros auxilios y haciendo constantes oraciones en sus hogares por los que protestaban. También se vio como en la población hubo organizaciones cristianas de base que se dedicaron a la asistencia a los vecinos de la población ya fuera en ollas comunes, repartición de alimentos, etc. alentados por personeros de las iglesias cristianas del sector. Dentro del análisis se dio cuenta como hubo influencias indirectas de los sacerdotes a cristianos “victorianos” en su actuar dejando claro, por el lenguaje de los pobladores, la notoria presencia tanto del discurso de la Iglesia Liberadora como de los parámetros sociales dejados por la renovación de la Iglesia en el Concilio Vaticano II que, sin lugar a dudas, fueron practicados por los sacerdotes iconos de La Victoria: André Jarlán y Pierre Dubois. La acción de solidaridad de los sacerdotes, los pastores y los cristianos dio un impulso progresivo a organizarse en torno a las problemáticas específicas señaladas anteriormente en forma de resistencia popular amparadas en cada una de las comunidades eclesiales, sean católicas o evangélicas.

 

 

 

 

 

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I-Fuentes Primarias.

 

-Fuentes Impresas:

 

El Siglo (1982-1988).

 

Ercilla (1982-1988).

 

El Rebelde (1982-1983).

 

Proposiciones. (1986 y 1990).

 

Pastoral Popular (1983-1990).

 

Mensaje (1982-1990).

 

Solidaridad (1982-1990).

 

-Fuentes Orales.

 

Arias, Violeta. Cristiana, de denominación evangélica, rama: la Iglesia Metodista-Pentecostal. Sin militancia política.

 

Ávila, Verónica. Cristiana, evangélica de la Iglesia Comunidad Cristiana (tendencia Pentecostal). Militante del PS.

 

Banda, Sara. Cristiana, de denominación Católica Apostólica Romana. Sin militancia política.

 

Bastías, Manuel. Cristiano, de denominación Católica Apostólica Romana. Militante del PC.

 

Montecinos, Mario. Cristiano, de denominación Católica Apostólica Romana. Militante del PC.

 

Rosario, Matilde del. Cristiana, de denominación Católica Apostólica Romana, Militante del PC.

 

Toledo, Jaime. Cristiano, no se adjudica a ninguna denominación. Sin militancia política.

 

Vilches, Patricia. Cristiana, de denominación Católica Apostólica Romana. Sin militancia política pero simpatizante y participante en temas ligados al PPD.

 

 



[1] Pensamiento de la no intervención en el mundo varia según la denominación protestante ya sea por la interpretación literal de Romanos 13.1 o Mateo 4.8.

[2] Los profesores de Escuela Dominical son personeros de la Iglesia Evangélica que se encargan de enseñar la teología evangélica basada en la interpretación literal de la Biblia. Esta labor se desempeña con frecuencia los días domingo.

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