Revista Cultura y Religión, Vol. V, Nº 1 (Abril del 2011) 80-94
Los jóvenes chilenos y la religión. Una mirada a partir de las Encuestas Nacionales de Juventud.
Chilean youth and religion. A look from National Youth Survey.
Javier Romero Ocampo[1]
Departamento de Sociología de la Universidad Católica Silva Henríquez
jaromero@uahurtado.cl, jromeroo@ucsh.cl
Recibido el 5 de septiembre del 2010
Aceptado el 5 de abril del 2011.
Resumen
El presente artículo muestra las tendencias de las principales dimensiones de la religiosidad de los jóvenes chilenos que han sido difundidas en las Encuestas Nacionales de Juventud realizadas por el Instituto Nacional de la Juventud. Dichas tendencias de cambio son parte de las transformaciones culturales que la sociedad chilena en su conjunto ha experimentado en el tiempo reciente.
Los cambios que nuestra sociedad ha vivido también impactan en el campo religioso y sus relaciones con el dinámico mundo de la cultura juvenil, es justamente en estos ámbitos en donde el presente artículo centra su mirada y pretende compartir algunas reflexiones en torno a las dimensiones de la religiosidad de los jóvenes chilenos desde la década de los noventas en adelante.
Palabras claves: Jóvenes-Religión-Dimensiones de la religiosidad-Cambios culturales.
La forma en que se relacionan el diverso mundo juvenil y el campo religioso es lo que pretende reseñar el presente artículo, basándose para ello en lo que muestran las seis Encuestas Nacionales de Juventud (ENJ) realizadas por el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV) hasta el momento. Dichas Encuestas han sido realizadas cada tres años aproximadamente con muestras nacionales entre los años 1994 y 2009. Todas ellas han abordado, entre otros temas, las dimensiones de la religiosidad de los jóvenes chilenos, lo que permite construir el presente análisis, que pretende establecer algunas tendencias en la dinámica de la relación jóvenes y religión.
El desarrollo sociocultural de Chile implica un entramado complejo de cambios en todos los ámbitos de la vida. La cultura en que viven los nuevos hijos de la democracia, se define en torno a la creciente apertura al cambio sociocultural, generando con ello contradicciones o paradojas propias de la desinstalación de antiguos patrones culturales que resisten su modificación, y en algunos casos su extinción. Esto implica desafíos colectivos e individuales que en su procesamiento pueden implicar una alta heterogeneidad en la conformación de los proyectos de vida de los sujetos en las diversos ámbitos de constitución de sus identidades tales como la relación con los valores, las creencias, etc.
Estamos ante nuevos procesos de subjetivación con los consiguientes efectos en las vivencias religiosas de los jóvenes, en medio de un acelerado proceso de individuación (Martuccelli y Araujo, 2010) y de pérdida de la confianza con las instituciones, lo que exacerba la elección de un curso de acción específico teniendo como eje fundamental de dichas decisiones al sujeto mismo. Estas lógicas individuales de apropiación de los modos de vida, pueden permitirse prescindir de toda forma tradicional de orientación de su acción poniendo el centro de las decisiones sobre los proyectos de vida lo sensible sobre lo racional. Las determinantes estructurales tiene ahora un peso relativo y su eficacia simbólica queda en entredicho, hay una transformación que genera inestabilidad y dudas acerca de los ejes sobre los cuales articular un discurso acerca de lo propio, lo que implica adecuaciones diversas que se extienden a todos los campos de la vida de los sujetos, por lo tanto también a lo relativo a lo religioso. Se valora con fuerza la gestión de sí mismo (Bajoit, 2003) con preeminencia respecto de otros ejes articuladores de sentido.
En el campo religioso las transformaciones, resumidas mente expuestas en los párrafos precedentes, implican resignificación de las relaciones del sujeto con la confianza en las instituciones eclesiales, las formas de práctica y de adscripción. La esfera religiosa queda sometida al mismo escrutinio racional que el resto de los campos de su vida. Producto de esto hay tendencias hacia la privatización de lo religioso, que son coherentes con el proceso de individuación, lo que implica una búsqueda de coherencias personales más allá de los discursos institucionales, reelaborando la tradición, prescindiendo de la socialización religiosa, haciendo emerger una hermenéutica personal al momento de pensar y sentir lo religioso, reequilibrando tradicionales campos tales como el concepto de la autoridad institucional de las organizaciones eclesiales, la orientación en temas valóricos o de moral sexual o familiar, entre los que mayor debate tienen en la actualidad.
Todo este proceso es acompañado por una mutación del campo religioso en el que aparece el pluralismo como un bien coherente con la democracia moderna, lo que genera una nueva concepción de la oferta de las diversas instituciones eclesiales y espirituales, sustentadas en marcos regulatorios que ponen en igualdad de condiciones a los oferentes, ante un sujeto que busca en lo religioso y lo espiritual con una avidez que niega las versiones secularizantes de una sociedad moderna desacralizada.
La presencia de nuevas iglesias se amplía en la medida de que estas nuevas ofertas son coherentes con los gustos personales, y llegan a ser tan amplias que van desde iglesias institucionalizadas como las diversas presencias del campo evangélico, en particular la difusión del pentecostalismo y los neo pentecostalismos, como también la exploración permanente en cultos de raíz oriental, las búsquedas espirituales ligadas a concepciones holísticas de la naturaleza, o bien en expresiones de neomagia, sanación y espiritualidad intimista.
Las instituciones religiosas, en general, deben especializarse y flexibilizarse en sus propias operaciones, para con ello, ofrecerles a los individuos opciones de entrada y salida más adecuadas a sus nuevas demandas y necesidades. Esto es parte de las nuevas tendencias que se muestran en las búsquedas religiosas de los jóvenes y que pretendemos evidenciar en el presente artículo
Para describir este contexto es necesario dejar en claro quienes son estos jóvenes de los que hablamos. Partamos diciendo que son diversos. Dicha heterogeneidad nos obliga a hablar de juventudes más que de juventud. Pero vamos por parte, y comencemos diciendo que representan casi un cuarto de la población actual de Chile (24,6%) en términos concretos son 4.090.425 de jóvenes entre los 15 a 29 años de edad según lo que indica la ENJ5, se distribuyen casi de igual manera según sexo[2] (mujeres 49,5%; hombres 50,5%), y sus tramos etarios, 15 a 19 años; 20 a 24 años; 25 años y más, son también muy similares en su peso porcentual con un 35,4%; 34,2% y un 30,4% respectivamente. Los jóvenes chilenos son eminentemente urbanos (87,3%), y en términos de niveles socioeconómicos son principalmente pertenecientes a la clase media (52% pertenecientes a los estratos C2 y C3), los estratos extremos representan valores menores en relación con el resto, es así que el estrato ABC1 tiene un peso porcentual de 6,6% y el estrato E un 9,0%; en cambio el estrato D representa un 30,1%. Del total de los jóvenes chilenos un 8% dice pertenecer a pueblos originarios, estando localizados fundamentalmente en las regiones IX y XV, regiones que presentan alta presencia mapuche y aymará respectivamente.
En cuanto a su inclusión en el sistema educativo las cifras señalan que los jóvenes de 15 a 29 años están estudiando en su mayoría (50,4%) con una pequeña diferencia a favor de los hombres, con mayor presencia del tramo etario más joven (15 a 19 años). En términos de nivel socioeconómico los jóvenes del estrato ABC1 son quienes están mayormente estudiando (70,6%), en cambio es en el estrato E donde se encuentra el menor porcentaje de jóvenes estudiando con un 39,6%. Quienes no estudian arguyen que los problemas o necesidades de tipo familiar o personal son la principal razón para no hacerlo (39,7%).
En cuanto al acceso al trabajo un 32,4% declara que se encuentra trabajando, y de ellos un 45,6% empezó a trabajar entre los 16 y 18 años siendo una mayor proporción de hombres quienes acceden al trabajo. Quienes trabajan con contrato indefinido representan un 24,3%.
La mayor fuente de ingresos de los jóvenes chilenos es el aporte que le dan sus padres (59,3%). Quienes declaran vivir de ingresos generados por sí mimos son un 18,9%.
Un tema especialmente relevante en el análisis de los jóvenes chilenos es la temprana forma de inserción en el mercado del consumo, fundamentalmente a través de la ampliación progresiva del crédito, lo que tiene como resultado que un 50,6% de los jóvenes dicen tener deudas impagas o por pagar, estas deudas son principalmente con tiendas comerciales (57,3%), presentando niveles mayores de endeudamiento los jóvenes pertenecientes a los estratos C2 y C3. Quienes ya no están en condiciones de pagar por este consumo llegan a 29,2%, estos jóvenes morosos integran una creciente “lista negra” de consumidores jóvenes que aún sin haber salido del sistema escolar ya son deudores, fenómeno muy pocas veces visto en generaciones precedentes.
En otro orden de cosas, en cuanto a lo que piensan sobre las formas de gobierno las cifras indican que valoran la democracia como sistema de gobierno en un 43% con un mayor apoyo en el estrato ABC1 alcanzando un 64,3% en dicho estrato. A un 28,8% de los jóvenes les da lo mismo un régimen democrático o uno no democrático, y un 9,8% señala que en “algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático”. En cambio, al ser consultados por su satisfacción con la democracia, se ubican preferentemente en la indiferencia (ni satisfecho, ni insatisfecho) con un 39,1%, quienes si están satisfechos llegan a un 27,3%, y los insatisfechos a un 24,1%. En relación con esto se les consultó sobre su propia definición de ciudadanía, siendo la principal “cumplir con las leyes de mi país” con un 47,1%, quedando en segundo lugar “participar activamente en los asuntos de la comunidad” con un 28,7%, ambas opciones son más elegidas en la medida que nos acercamos a los tramos etarios mayores y a los estratos más altos de los niveles socioeconómicos. Otro tema que ha sido de interés público respecto de los jóvenes, es su apatía para incorporarse al sistema político mediante la inscripción electoral, esto se ve reflejado en que un 78,2% de los jóvenes que están en condiciones de votar no se han inscrito en los registros electorales, siendo esto mayor en la medida que descendemos en los estratos de los niveles socioeconómicos, esgrimiendo como razón fundamental el no interés en la política (34,7%), lo que es congruente con la opinión acerca de la eventual participación en partidos políticos donde se observa una amplia mayoría que opina negativamente frente a esta proposición (89,1%). Sin embargo los jóvenes participan de otras iniciativas, es así que un 28,5% ha participado de actividades comunitarias, un 21,3% en campañas por internet, siendo estas las dos formas de participación mayoritaria. La participación en organizaciones se focaliza fundamentalmente en las de tipo deportivas (25,5%), luego las comunidades o grupos virtuales (12,5%), y las organizaciones o agrupaciones culturales con un 11,5%. Sus espacios de sociabilidad son mayormente en los círculos cercanos, es así que señalan que se reúnen con sus amigos preferentemente en sus casas (75,1%), en lugares públicos recibe un 41,7% de las opiniones. En su tiempo libre, al que dedican el 35,7% del total del tempo disponible, se dedican de manera preferencial a estar con la familia (90,7%), ver tv o videos (88,9%), y escuchar radio o música (88,5%) sin existir diferencias mayores por sexo, edad, nivel educacional o nivel socioeconómico.
Al ser consultados cómo ven al país, se les propusieron pares de conceptos en los que debían posicionarse, el resultado general indica que los con mayor elección son consumista (66%), clasista (64,5%), democrático (60,4%), discriminador (57,0%), inseguro (55,0%), vinculando conceptos positivos y negativos en la construcción de esta imagen. Ven el futuro con optimismo y el 50,8% cree que el país estará mejor que ahora, lo mismo que la propia juventud con un 84,6%, asimismo sus expectativas respecto de las condiciones de vida en comparación con los propios padres también aparece “mejor” con un (84,8%).
En cuanto a su autopercepción el 90,3% considera que las personas jóvenes son un aporte importante para la sociedad, cuestión que es mayor en los estratos superiores de nivel socioeconómico, contrastando con la opinión del 53,9% que dice estar de acuerdo con que la juventud no se siente parte de las sociedad chilena, sensación que también es mayor en la medida que se asciende en los estratos de nivel socioeconómico. Cuando se les consulta sobre qué es la juventud un 42,5% considera que es un periodo para tomar decisiones sobre qué hacer en la vida, en esto no se observan diferencias por sexo, edad, o niveles socioeconómicos o educacionales. Asimismo, al ser consultados por una palabra que los definiría eligen entre las cuatro primeras las siguientes: sociable, trabajador, tranquilo, y solidario respectivamente. En vistas de sus autodefiniciones aparece una mirada muy positiva sobre sí mismos, cuestión que es reafirmada cuando se constata que un 70% cree ser muy feliz o bastante feliz, identificando que los factores para lograrlo son construir una buena familia o relación de pareja, y en segundo lugar tener un buen trabajo o profesión, factores para tener éxito que se sitúan en la esfera de las capacidades y méritos propios más que en los análisis que enfatizan los problemas de las sociedad y su capacidad de integración social.
Los problemas más importantes de la juventud chilena, que los jóvenes encuestados señalan, son el consumo de alcohol y drogas, y las dificultades para encontrar trabajo. En cierta forma estos problemas se reiteran cuando se les consulta sobre los problemas personales más importantes, ellos señalan la dificultad para encontrar trabajo, las deudas y problemas económicos, y el riesgo de ser víctima de delincuencia y/o violencia.
Confían, a nivel institucional, en los sistemas de educación ya que ponen en primer lugar de confianza a las Universidades, en segundo lugar las Escuelas y Liceos, y en tercer lugar a Carabineros. Ahora bien cuando se les consulta sobre la confianza en personas encabezan la lista los familiares, luego las amistades y en tercer lugar los compañeros de estudio o trabajo.
Un tema de reciente importancia es la incorporación de tecnología en su vida cotidiana, en el caso del uso del computador tenemos que un 59,8% lo usa con frecuencia diaria o casi todos los días, esto es de mayor frecuencia entre los hombres, al disminuir la edad, al aumentar el nivel socioeconómico, y entre quienes tienen mayor nivel educacional. Para el caso de internet, que en general declaran usarlo un 56,7%, los que lo hacen todos o casi todos los días son un 19,7% con mayor presencia entre los jóvenes de menor y de mayor edad, mayores niveles socioeconómicos y educacionales, la mayor parte (51,5%) lo usa para buscar información, y un 50,2% lo usa para enviar o recibir correos electrónicos.
Las cifras sobre la sexualidad de los jóvenes indican que la mayoría (75,7%) ha tenido relaciones sexuales, iniciando su vida sexual en promedio a los 16,72 años, siendo en los niveles socioeconómicos bajos donde dicha iniciación es más temprana. El uso de métodos anticonceptivos lo declaran un 54,4% al momento de ser consultados por la primera relación sexual, y asciende a un 74,3% cuando se les consulta por la última relación sexual. Un 6,7% se ha realizado un aborto. La gran mayoría está soltero (92,2%), un 4,8% está casado, y el conjunto de los separados de hecho, divorciados y anulados no alcanzan el 8%. De los que se han casado un 55,3% lo hizo por el civil, un 0,5% por la Iglesia, y un 40,9% lo hizo por ambas.
La mayor parte vive en casa con sus padres (74,9%), un 14,2% vive en su casa propia ya sea comprada o arrendada. Hay dos momentos en los que se reporta la salida desde la casa de los padres, entre los 15 a 19 años (28,8%) y entre los 20 y 24 años (27,5%). Tiene un alto grado de acuerdo con sus padres, a nivel de planes y proyectos futuros (69,8% de acuerdo y muy de acuerdo).
Al ser consultados si se ha sentido discriminados no hay evidencias que indiquen que los factores propuestos tengan ese efecto por sí solos, sin embargo al agrupar dichos factores en los conceptos de “apariencia”, “condición socioeconómica” y “la juventud” se observa que casi un tercio de los jóvenes se han sentido discriminado. Para las mujeres la apariencia física, el sexo y la edad son motivos de discriminación, Quienes pertenecen a estratos socioeconómicos más bajos sienten discriminación por el lugar donde residen. Al ser consultados por quienes no les gustaría tener de vecinos aparecen en primer lugar los neonazis (68%), alcohólicos y drogadictos (58%) y en tercer lugar skin head (45,5%), siendo más fuerte la intolerancia a grupos étnicos y extranjeros en los hombres, quienes son de segmentos socioeconómicos más bajos, quienes tienen menor edad y menor nivel educacional.
En las cuestiones relativas a las relaciones de género, podemos decir que hay un alto nivel de acuerdo con todas las imágenes de igualdad entre hombres y mujeres, partiendo por igualdad de sueldos, igual capacidad para ejercer cargos directivos, las mismas habilidades para ocupar cargos políticos, y compartir labores domésticas, todas ellas tienen por sobre el 85% de acuerdo.
En cuanto a los temas valóricos hay un favorable acuerdo, sobre el 50%, con eliminar restricciones para divorciarse, entregar y distribuir sin restricciones la píldora del día después, con que el matrimonio es una institución para toda la vida, y el aborto terapéutico. Los mayores acuerdos de las mujeres son en torno a los temas de divorcio y matrimonio homosexual; los hombres en cambio, tienen mayor acuerdo con eliminar restricciones para entrega de píldora del día después y la legalización de la marihuana. Si aumenta la edad aumenta el acuerdo con el matrimonio para toda la vida, eutanasia, pena de muerte y el aborto. A mayor nivel socioeconómico y nivel educativo hay mayor acuerdo con facilitar el divorcio, entregar la píldora del día después, aborto terapéutico, matrimonio homosexual y legalización de la marihuana.
Estos datos expuestos en la VI ENJ, son el piso necesario para construir una serie de narrativas acerca de los jóvenes en donde hay elementos comunes que dan un marco a las caracterizaciones de la juventud. El segmento juvenil de nuestra sociedad ha experimentado en un lugar privilegiado los cambios recientes, por ello la velocidad de las transformaciones, acompañada de la velocidad de las comunicaciones y el desarrollo de la virtualidad los dejan en una inmejorable posición de favorabilidad a las experiencias de cambio e inestabilidad, así es posible para ellos sacar provecho del cambio cultural del que en cierta forma han sido protagonistas. El manejo que los jóvenes tienen de los nuevos códigos simbólicos asociados a las nuevas tecnologías los hace tener un sentido de lo global y de la interconexión que ninguna otra generación ha tenido. A pesar de esto, los resultados anteriormente expuestos, muestran que sus preocupaciones y deseos se sitúan en cuestiones tradicionales para la consecución de felicidad, como son tener una buena familia, y un buen trabajo. Esto en medio de un alto grado de integración de los jóvenes al consumo y a la educación, jamás visto en generaciones precedentes. Están integrados al mercado, pero distantes de mejores accesos al trabajo, la vivienda y la salud que son las áreas más difíciles encarar cuando se habla de integración social de los jóvenes. Viven su vida con escepticismo respecto de las figuras de poder sobre las que otras generaciones asentaban sus formas de vida, como lo fueron la Iglesia y el sistema de partidos, pero también cuestionan con mayor fuerza el poder de las instituciones y sus capacidades de moldeamiento de la vida de los sujetos.
Esta serie de transformaciones, aun en desarrollo, son el telón de fondo sobre el que se desarrolla la relación de estos jóvenes con la religión, la intención del presente artículo es aportar en esta comprensión tomando como base las Encuesta Nacionales de Juventud que han consultado sobre las diversas dimensiones generales de la religiosidad de los jóvenes chilenos.
Lo que dicen las Encuestas Nacionales de Juventud (ENJ) sobre religiosidad
1.- La participación de los jóvenes y la importancia de las organizaciones religiosas
Una cuestión general que destaca en las ENJ realizadas es que en todas al momento de consultar por el tipo de organizaciones en las que participan, las organizaciones religiosas están dentro de las tres primeras menciones, sin olvidar que la mayoría de los jóvenes no participa en ningún tipo de organización. Las mediciones constatan variaciones que van desde una cierta preeminencia inicial de las organizaciones religiosas, en concreto a nivel local a partir de las parroquias, que es compartida con organizaciones de carácter deportivo, que en las últimas dos ENJ se rompe al aparecer una nueva forma de participación que asume mayor importancia cada vez: los grupos virtuales. Es importante señalar que la participación en grupos religiosos alcanza en las ENJ niveles cercanos al 14% con pequeñas variaciones en las sucesivas mediciones y entre nos acercamos a la Sexta ENJ su lugar de privilegio inicial se pierde. En la ENJ5 se constata que las agrupaciones que concentran el mayor nivel de participación efectiva de las y los jóvenes son los clubes deportivos (25,5%), las comunidades virtuales o de hobbies (12,5%) y las organizaciones artísticas o culturales (11,7%). (ENJ6, p. 128).
Quienes participan de los grupos religiosos son jóvenes tanto del primer tramo de los grupos etarios como del último, con mayor presencia en los niveles socioeconómicos medios, pero en esto se debe considerar que si miramos las ENJ realizadas hasta el 2003 hay un mayor importancia de grupos de menor nivel socioeconómico, pero luego en las ENJ aparecen con mayor importancia de los grupos medios y altos. Por lo tanto podemos suponer que la participación en organizaciones eclesiales es un punto de encuentro entre jóvenes de diferentes proveniencias socioeconómicas y culturales, e incluso generacionales. En esto también debemos ver la importancia de las organizaciones como espacios de “protección” de los jóvenes ante el discurso público mayoritario de desconfianza y de temor al otro.
2.- La confianza en las Instituciones Eclesiales
Otro aspecto relacionado con su grado de cercanía o lejanía de lo institucional es el grado de confianza que tienen hacia la Iglesia, teniendo en cuenta que las ENJ han preguntado mayoritariamente por la Iglesia Católica. En este aspecto es notorio el cambio de opinión de los jóvenes que en las primeras tres ENJ sitúan a la iglesia como la institución con mayor grado de confianza por parte de los jóvenes, por ejemplo en la primera ENJ alcanza un 38% de “mucha confianza” por sobre carabineros con un 22,8%, esta confianza aumenta en tanto descendemos de nivel socioeconómico. En la ENJ2 y 3 se mantiene con muy alto grado de confianza compitiendo en esto con carabineros, profesores y la familia. Esta tendencia se rompe desde la ENJ4 en adelante donde la iglesia católica obtiene un 53,2% quedando en sexto lugar, en primer lugar está la familia con un 96,9%, y en segundo las universidades con un 81,6% (ENJ4, p. 52). Se constata que este nivel de confianza disminuye con la edad, y en cambio se incrementa en la medida que bajamos de nivel socioeconómico, también se observan diferencias en cuanto a género ya que la confianza en la iglesia católica es más alta entre las mujeres. Esta tendencia a la baja en la confianza se ha confirmado en la ENJ5 y 6 donde la iglesia católica obtiene resultados a la baja con un 35% en la ENJ5 y un 24,6% en la ENJ6. En los primeros lugares de confianza quedan las universidades, carabineros y la familia.
Al ser consultados por personas que les inspiran confianza, los sacerdotes, pastores y monjas obtienen un 51,5% de confianza quedando en sexto lugar de una lista que encabezan los profesores con un 83,4%. (ENJ4, p 56). En las mediciones de las ENJ5 y 6 se confirma el grado de confianza que los jóvenes tienen en torno a “sacerdotes y monjas” situándolos en niveles intermedios.
Este ámbito está en proceso de transformación en medio de grandes discusiones públicas en las que la Iglesia Católica ha levantado un discurso relativo a cuestiones valóricas y de moral sexual y familiar que a los jóvenes al menos les es ajeno y representa una lejanía cada vez mayor. También hay que considerar en esto la conformación de un discurso público donde los temas de seguridad se han vuelto más importantes que los relativos a la justicia social y la igualdad, terreno en el que la iglesia católica construyó un discurso de mucha cercanía con la gente en la década de los ochentas, lo que en la década siguiente no tuvo gran visibilidad en relación con los temas que abrió la vuelta a la democracia como lo eran las llamadas cuestiones valóricas y de moral sexual y familiar asociadas a la ley de divorcio, el aborto, el uso de anticoncepción, entre otras. Hay que considerar en esto también un fenómeno que es reciente pero no menos importante como es el cuestionamiento público generalizado al comportamiento sexual de una parte del personal consagrado, con ello se construye una imagen pública de la iglesia y los sacerdotes que en definitiva expresa también una pérdida de confianza.
En este análisis también se debe considerar el proceso de desinstitucionalización creciente de los jóvenes, lo que implica entre otras cosas desconfianza, lejanía y sospecha sobre las instituciones, frente a lo que no escapa la iglesia.
3.- La importancia de Dios y las creencias de los jóvenes chilenos:
En todas las ENJ realizadas la creencia en Dios es muy alta entre los jóvenes, así encontramos que la cifra de creencia declarada en Dios no baja de 89%. También es necesario decir que la figura de Dios es importante al momento de pensar en la noción de éxito en la vida que sostienen los jóvenes, esto ya que cuando hablan de los factores para tener éxito en la vida aparece dentro de los cuatro primeros tener fe en Dios en al menos tres de las ENJ (3, 4 y 5).
Ahora bien, en la espiritualidad juvenil, fundamentalmente cristiana, como ya dijimos tiene una centralidad la importancia de Dios, también se mencionan con alta importancia la figura de Jesucristo, los ángeles y los santos. Hombres y mujeres creen en porcentajes similares en todas las figuras divinas mencionadas habiendo un pequeño porcentaje a favor de las mujeres que en algunas encuestas alcanza a un 9% más de favorabilidad. También las creencias en las figuras mencionadas son algo más fuertes en jóvenes de estratos bajos. Hay que mencionar que la creencia en el Diablo está algunos puntos porcentuales más bajo que el conjunto de las figuras mencionadas alcanzando niveles de creencia que van por sobre el 40% en todas las ENJ alcanzando un 47,5% en la ENJ6.
Cuando hablamos de la apertura de los jóvenes a creencias que tienen una raíz no cristiana, encontramos que la creencia en extraterrestres, astrología, reencarnación o la magia llegan a niveles de creencia que superan el 20%, llegando incluso en el caso de la ENJ4 de un 47% que declara que cree en extraterrestres. Ahora bien este es un fenómeno con mayor arraigo en jóvenes típicamente urbanos donde también las creencias alcanzan otros temas como la reencarnación, la práctica del Iching o el tarot. En la ENJ5 se señala que estas creencias en divinidades no cristianas son mayormente observables en jóvenes de los más altos estratos socioeconómicos, se asegura asimismo que las creencias de alrededor de un 35% de los jóvenes muestran influencias claras en aspectos típicos de la llamada Nueva Era (ENJ5 p. 147). Es evidente esta apertura progresiva de las creencias de los jóvenes chilenos, lo que se verifica en los resultados entregados por la ENJ6 donde se menciona que la creencia en la reencarnación alcanza a un 36,2%, en la astrología 35%, en la magia 27,1%, tarot 21,8%, y en el chamanismo una 12,2%, aparece algo más bajo el Iching con un 6,2%.
Lo que observamos es un núcleo fuerte e importante de creencias cristianas que son mayoritarias entre los jóvenes, que están siendo acompañadas lentamente por una serie de creencias no necesariamente cristianas que responden a otras matrices culturales que incluso tienen existencia milenaria en culturas de oriente, pero también aparecen rasgos relacionados a creencias emparentadas con nuevas formas de comprensión asociadas a la llamada nueva era. Todas estas creencias de una matriz no cristiana si bien aún no tiene fuerza entre los jóvenes al menos ya hay rasgos de su presencia entre ellos ampliando su marco de sentidos progresivamente y que seguramente tendrá un impacto importante en la relación que empiezan a construir con lo divino. En este contexto de alta creencia juvenil hay que mencionar que la no creencia alcanza niveles de 4,8% ENJ3, y en la ENJ5 alcanza a un 8% de personas no creyentes.
4.- La pertenencia religiosa de los jóvenes chilenos.
Al momento de consultar por la pertenencia religiosa se debe dejar en claro que es mayoritaria entre los jóvenes alcanzando en la ENJ6 un 65,5% de jóvenes que dicen pertenecer o identificarse con alguna religión, esto tiene mayor representación entre las mujeres, los jóvenes con menor nivel educativo y socioeconómico. Quienes dicen no tener ninguna identificación religiosa es un porcentaje creciente de jóvenes que en la ENJ1 y 2 alcanza niveles cercanos al 10%, pero en la ENJ3 alcanza un 31,1%. La ENJ4 señala que el 23,1% no está cercano a ninguna religión. En la ENJ6 este porcentaje llega a un 36,7% de jóvenes que dicen no tener pertenencia o identificación religiosa. Es necesario aclarar que estos jóvenes sin pertenencia o identificación religiosa pueden ser los típicos “creyentes sin religión” o sin pertenencia eclesial, esto se da mayormente en jóvenes hombres, de los niveles socioeconómicos altos y con mayores niveles educativos. Estos jóvenes ya están fuera de la influencia eclesial y quizás en sus búsquedas ronden otras ofertas religiosas haciendo esta relación sin la tutela organizativa, siendo más coincidente con búsquedas individualizadas. En esta tendencia creciente a la desinstitucionalización encontramos los rasgos más propiamente representativos de jóvenes altamente individualizados con referencias normativas y accesos culturales más amplios por su mayor experiencia en el sistema educativo y en cuanto a los accesos que les permite su pertenencia a niveles socioeconómicos más altos.
Aunque la tendencia descrita está en marcha, lo que podemos aseverar es que los jóvenes chilenos son mayoritariamente católicos, la pertenencia a la Iglesia católica en las sucesivas mediciones alcanza su menor porcentaje en la ENJ4 con un 53,9 habiendo variaciones que llegan a su porcentaje más alto en la última ENJ con un 72,5%. La mayor presencia de quienes se declaran católicos se encuentra entre las mujeres, jóvenes menores de 24 años, y en la medida que sube el nivel socioeconómico y educacional.
La presencia evangélica mantiene porcentajes de adhesión mayores a 11% llegando en la ENJ6 a un 19,0%, este porcentaje es el más alto que registra la adhesión evangélica que ha ido subiendo progresivamente desde niveles cercanos al 11% de las primeras encuestas y luego ascendiendo a porcentajes superiores al 16% con ciertas oscilaciones en torno a esta cifra. La presencia evangélica es casi igual entre mujeres y varones, es mayor su presencia en grupos etarios mayores de 24 años, y de niveles socioeconómicos y educativos bajos.
La pertenencia e identificación religiosa es menor cuando hablamos de otras instituciones eclesiales como los mormones que alcanzan porcentajes en torno al 1,8%, los Testigos de Jehová en torno al 1,3% y otras menciones menores al 1% para los Adventistas, y menores del 0,5% para los judíos, budistas y taoístas.
5.- La práctica religiosa de los jóvenes
En este ámbito es donde se observa concretamente la evidencia de una lejanía creciente entre jóvenes y religión. En este análisis se debe tener en consideración que siendo este un ámbito en el que la población general también muestra históricamente una baja práctica, no hay que sobrevalorar su importancia ni minimizarla. La baja de la práctica religiosa confirma un desencuentro entre creencia, adhesión y práctica religiosa que muestran los datos que hemos expuesto en el presente artículo, es decir estas dimensiones corren paralelas, mostrando alta creencia y adhesión y baja práctica religiosa. Los jóvenes no necesitarían de la práctica ritual para sentirse parte de un colectivo mayor o también es posible sospechar que emergen otras prácticas más intimistas, incluso más tradicionales de la práctica religiosa que son más coherentes con las búsquedas personales tales como el rezo en solitario prescindiendo de una práctica más anclada en la comunidad de creyentes.
En medio de este análisis no hay que olvidar el éxito que tienen las búsquedas personales en la actualidad, por ello los libros u ofertas de autoayuda tienen un alto interés no solo entre los jóvenes, las búsquedas solitarias o que al menos requieren de un grado de formalización menor de vínculo entre sujeto e institución han tenido mucho mayor diversificación y aceptación entre los jóvenes. La creciente participación de jóvenes en actos masivos como caminatas, peregrinaciones, actos culturales que implican un alto grado de anonimato y una compromiso acotado en el tiempo y en la responsabilidad siguen atrayendo a los jóvenes cada vez más, pero también poco a poco las actividades de voluntariado directo con quienes sufren son parte de la nueva ritualidad juvenil en donde la práctica religiosa muchas veces se ha vuelto a descubrir.
Las ENJ muestran que hay una permanente merma de quienes acceden a la práctica de su fe, en el caso de la ENJ1 un 33% de quienes se declaran religiosos no asisten nunca a su iglesia y sólo un 21,3% lo hace semanalmente. Para el caso de quienes asisten con frecuencia mensual la ENJ2 señala que la asistencia a iglesia es de 42% siendo más frecuente las mujeres y los niveles socioeconómicos altos (ENJ2, p. 67). Estas tendencias se mantienen similares en las ENJ3 y 4 señalando que en términos del grupo etario son los jóvenes entre 15 y 19 años quienes más asisten a celebraciones. Es un 23,5% de los jóvenes quienes señalan asistir semanalmente o a lo menos una vez al mes a sus ceremonias o templos religiosos. (ENJ5, p. 148).
Las últimas ENJ confirman esta tendencia estableciendo que es sólo el 13,4% de las y los jóvenes quienes dicen asistir una vez a la semana a una iglesia o templo, un 6,7% una vez al mes, el 33,7% sólo ocasionalmente y el 44,1% nunca. Quienes más asisten a ceremonias en sus templos son un grupo integrado mayormente por jóvenes entre 15 y 19 años, preferentemente mujeres, con nivel secundario de enseñanza, de niveles socioeconómicos altos y medio altos (ABC1 y C2). Quienes no asisten nunca a un templo o iglesia son mayoritariamente hombres, con similar distribución en los tramos etarios y en los niveles socioeconómicos con un ligero porcentaje de mayor favorabilidad de los segmentos altos. Como era de esperar los jóvenes evangélicos son quienes asisten con mayor frecuencia a un templo, un 46,6% lo hace semanalmente o al menos una vez al mes estableciendo diferencias en la centralidad que tiene la celebración comunitaria y el ritual en las formas de pertenencia a la institución eclesial con respecto de los jóvenes católicos.
Como se puede observar las cifras afirman que hay una forma de actualización de la práctica que no depende de alta frecuencia de asistencia, sino que de asistencia menos frecuente. Quizás sea suficiente para sentir la pertenencia necesaria, pero también como ya decíamos anteriormente es importante tener en cuenta que es posible que la pertenencia de los jóvenes a una institución eclesial se relacione más bien con cuestiones subjetivas más que las manifestaciones objetivas que exige la práctica ritual. Los jóvenes dentro de la práctica religiosa estarían optando por formas rituales mayormente intimistas e individualizadas. Sin perder de vista que también asisten cada vez más a celebraciones masivas donde el grado de anonimato es superior lo que facilita formas de práctica que no conllevan mayor adhesión posterior.
6.- Controversias valóricas
Desde el punto de vista de la relación de los jóvenes con lo religioso hay un ámbito que compete a las acciones que estos sujetos realizan en la vida cotidiana que se espera estén influidos por la creencia y adscripción que hagan de alguna religión en particular. Pues bien en el caso de los jóvenes los llamados temas valóricos y de moral sexual y familiar han sido un ámbito en el que se ha estudiado el grado de consecuencialidad que existe entre la adscripción y/o creencia religiosa y lo que se piensa con respecto por ejemplo al aborto, divorcio, matrimonio homosexual, métodos anticonceptivos. Para dar una visión panorámica sobre esto hemos seleccionado alguno de estos temas que las ENJ han consultado permanentemente, las opiniones de los jóvenes sobre el matrimonio, los métodos de anticoncepción, y el aborto.
La primera ENJ enfoca su mirada sobre algunos temas que serán de importancia en las sucecivas aplicaciones posteriores y que indican cambios importantes en la forma en que los jóvenes se ubican frente a ellos. Para el 78,3% de los jóvenes encuestados el matrimonio es un compromiso para toda la vida, asimismo un 52,4% señala que la fidelidad es un compromiso difícil de respetar. En la ENJ2 la tendencia favorable al matrimonio se mantiene, un 79% de los encuestados lo considera un compromiso para toda la vida, y en un 90% señalan acuerdo con que el matrimonio se pueda modificar, mostrando una flexibilidad en cuanto a la separación que es más alta que el grado de compromiso que se asume con el matrimonio para toda la vida. Lo mismo ocurre en la ENJ3 donde se valora altamente el matrimonio como institución para toda la vida, pero también con la flexibilidad suficiente como para terminar con dicha relación. Las ENJ4 y 5 coinciden con la tendencia a la alta valoración de la permanencia del matrimonio, lo que también se reafirma cuando se les consulta sobre la importancia de la familia y expresan la alta importancia de ella por sobre el 90%. La ENJ5 muestra niveles algo más bajos de acuerdo con la afirmación de que el matrimonio es una institución para toda la vida, que llegan casi al 50%, y sigue la tendencia paralela de acuerdo con el divorcio habiendo algunas diferencias en dicha valoración. La alta valoración del matrimonio para toda la vida se concentra en las mujeres, en los tramos etarios mayores y los segmentos socioeconómicos altos. La última ENJ mantiene los porcentajes de acuerdo con el matrimonio para toda la vida, asimismo en lo referido a la eliminación de las restricciones para acceder al divorcio, siendo mayor el porcentaje de apoyo entre los hombres, los tramos de mayor edad y los niveles socioeconómicos más altos. Los mayores defensores del matrimonio en cambio son los grupos socioeconómicos bajos. Es necesario decir que ante la pregunta sobre el matrimonio homosexual hay una mayoría de jóvenes que aceptarían dicha situación habiendo diferencias muy pequeñas en niveles socioeconómicos.
En relación con el aborto, las opiniones de los jóvenes en la ENJ1 muestran que un 51,9% dice que no debe permitirse bajo ninguna circunstancia, y un 41,9% indica que es aplicable en casos especiales, siendo el peligro de la vida de la madre y el embarazo producto de una violación los casos especiales más nombrados. En la ENJ2 esta tendencia se mantiene respecto del aborto mostrando aceptación en casos especiales de un 46% y rechazo en un 43%. Un grupo muy minoritario de 9% acepta el aborto en cualquier circunstancia. Quienes son menos favorables al aborto son los jóvenes de estrato bajo, menores de 24 años. Las ENJ3 y 4 mantienen la misma tendencia en torno al aborto, acompañado de una baja relativa en la favorabilidad hacia el uso de anticonceptivos que la cuarta ENJ alcanza un 65,8% de los jóvenes, usando preferentemente la píldora y en un porcentaje algo más bajo el condón. Las últimas ENJ señalan una tendencia a admitir con mayor facilidad el aborto terapeútico llegando a niveles de 50% de acuerdo siendo más favorables las mujeres y los estratos altos. Es importante notar que cuando se consulta genéricamente por el aborto el nivel de acuerdo baja a porcentajes menores al 20%. La entrega de la píldora del día después recibe acuerdos por sobre el 50%, sin haber diferencias en cuanto a tramos de edad, pero claramente al ir subiendo hacia los estratos altos hay mayor favorabilidad a su distribución libre.
Todos estos datos muestran como se manifiestan radicalmente las diferencias entre la orientación institucional y la individual. No hay posibilidad de influir en las cuestiones valóricas por parte de las instituciones en medio de la pérdida de confianza, de credibilidad de ellas y, por otro lado de la radicalidad que han tenido los procesos de autonomización de las decisiones de los sujetos sin tutela institucional radicalizando la perspectiva individual. No importando la adscripción religiosa los porcentajes de aceptación suelen ser muy similares, hay mínimas diferencias en torno al tema del aborto.
Habría un proceso de autonomización que está operando más allá de la relación que los jóvenes tengan con el mundo religioso, hay autonomía de las esferas de la vida que permiten que un sujeto pueda adscribir con parte de la oferta religiosa, y con partes de la oferta valórica aunque incluso estas ofertas vayan en sentido contrario, se vinculan en un conjunto que puede soportar las contradicciones admitiendo la heterogeneidad.
Comentarios finales
Asistimos a un momento especial dentro de lo que se pueden denominar los cambios y transformaciones de la religiosidad en nuestro país, esto debido fundamentalmente a que las tendencias marcan con fuerza algunos aspectos donde dicho cambio se está instalando. Todo esto se da en un contexto de cambio general de la sociedad, que abarca mutaciones que afectan las costumbres y mentalidades de todos nosotros. De esto no es ajeno el mundo religioso y eso hemos intentado plasmar en la mirada panorámica propuesta en le presente artículo.
En primer lugar es importante hacer notar que si bien hoy se discute sobre el alcance de los procesos secularizadores la evidencia en el caso de la relación jóvenes y religión indica que, al menos en lo referido a las creencias religiosas, nos encontramos con un panorama que dista mucho de la ausencia de lo religioso, hay una mayoría de jóvenes que asevera creer en Dios. Si bien hay un aumento progresivo de quienes afirman no creer, la no creencia absoluta se encuentra en rangos porcentuales muy bajos aún. Esta creencia mayoritaria en Dios es fundamentalmente cristiana en donde destacan las figuras de Jesucristo y los santos, pero hay que decir que la novedad en este ámbito es que se han ido abriendo paulatinamente espacios para acoger nuevas figuras y actividades en las que se puede creer. Para el imaginario juvenil las figuras asociadas con la magia, el tarot, aspectos de la nueva era y el cosmos son admitidas sin problemas. Estos nuevos contenidos ensanchan las formas de creencia, se constituye un espacio más plural donde incluso la creencia en uno no excluye la posibilidad de creencia en otra deidad o práctica en particular.
La necesidad de creencia religiosa sigue presente, y ella también se expresa a un nivel más restringido como es la adscripción a una institución eclesial. Los datos nos dicen que también es mayoritaria esta identificación, y que si bien sigue habiendo un mayoritario porcentaje de jóvenes que se sienten católicos, hay una creciente movilidad que implica en buenas cuentas la mayor adscripción religiosa del mundo evangélico, pero también de quienes dicen creer evitando la pertenencia eclesial, radicalizando la vía individualizada. Los jóvenes aún se sienten parte de las tradicionales iglesias que existen en nuestro país, pero poco a poco han ido experimentando algunos cambios en dicha orientación, cambios que a pesar de la lentitud se han ido transformando en tendencias que ya hoy estamos viendo su concreción en la pluralidad incipiente que se deja entrever en el mundo religioso.
Por otra parte es también importante señalar que en el ámbito de lo religioso está operando una clave de comprensión que es coherente con los proceso de individuación que estamos viviendo, esto es la falta de un compromiso concreto que lleve a la práctica religiosa como un camino lógico. Asistimos a un proceso de desvinculación en lo objetivo que se traduce en una práctica, no solo juvenil muy escasa, que se vuelve coherente con las búsquedas individuales que evitan los compromisos no solo religiosos sino también con el otro en el ámbito del matrimonio, con las participación política, con el sentido de lo público, etc. La práctica religiosa escasa es acompañada de la revaloración de otras formas de participación que guardan el anonimato en las expresiones masivas como son las caminatas y peregrinaciones, o en acciones de intervención inmediata y de efecto concreto como es el voluntariado, pero también en expresiones íntimas como es el rezo personal. Hay una multiplicidad de formas de practicar y experimentar la religión que van más allá de la asistencia al culto y el cumplimiento de los sacramentos, son formas que siempre han existido pero que hoy se escenifican estéticamente en clave juvenil, por ello no es extraño fundir conciertos de rock con celebraciones litúrgicas. Las nuevas búsquedas, en el marco creciente de mayor presencia de nuevas ofertas religiosas, hacen que la práctica religiosa también se instale en cuestiones vinculadas con la sanación, la conexión con lo interior, la búsqueda de armonía personal y cósmica, estas formas de práctica religiosa son nuevas en este escenario, pero son altamente coherentes con la individuación de los sujetos, y son coherentes con las búsquedas del bienestar personal ante todo.
La desinstitucionalización en el ámbito religioso es de antigua data, baste recordar una terminología de uso común como es hablar del “cristiano o católico a su manera” que expresa la radicalidad de la desvinculación, que busca distancia para lo propio, y en términos generales cumplir con lo que se pueda o se tenga ganas de hacer. Esta lógica de acción ya estaba presente en muchas otras generaciones de creyentes a su manera, pero hoy se acompaña por un contexto en el que la desintitucionalización y la crítica a las funciones normativizadoras de las instituciones religiosas y sus agentes es más fuerte, abierta y pública, lo que permite incluso que se dé un marco en el que los jóvenes puedan optar por la no creencia con total libertad. Esto se expresa también en la fuerza del mensaje público de las instituciones eclesiales y de cómo se plasma esto en el actuar de los sujetos, las cifras presentadas demuestran que en los jóvenes la consecuencialidad se da solo en los ámbitos donde les es plausible hacerlo sin alterar lo que se siente y piensa aunque la institución eclesial oriente su discurso en una dirección contraria al pensamiento personal. La crítica a las iglesias es coherente con el predominio de una cultura que crece sobre la base de la libertad y el imperio de la democracia, es posible elegir libremente desde sí mismos incluso en contra del orden doctrinal que imponen las instituciones eclesiales. No hay conexión global entre adhesión religiosa y práctica lo que importa es la experiencia religiosa más que la militancia, estar consigo mismo en armonía y equilibrio con otros y con el cosmos, en medio de un contexto de privatización creciente de la fe desvinculada de lo institucional, pero sostenida en una alta creencia en lo divino.
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[1] Profesor de Historia y Geografía, Sociólogo y Psicólogo, Doctor © en Estudios Americanos. Investigador en el Centro de Investigaciones Socioculturales (CISOC) de la Universidad Alberto Hurtado. Profesor en el Departamento de Sociología de la Universidad Católica Silva Henríquez
Correos electrónicos: jaromero@uahurtado.cl jromeroo@ucsh.cl
[2] Todos los datos generales sobre juventud que se exponen son los entregados en el documento digital “Sexta Encuesta Nacional de Juventud. Principales resultados” disponible en http://www.injuv.gob.cl/pdf/VI_Encuesta_Nacional_de_Juventud_Principales_Resultados_2009.pdf