Revista
Cultura y Religión, Vol. V, Nº 1 (Abril del 2011) 193-195
Gozos de santo. Fiesta, Ecumenismo y Heteroglosia. Universidad Austral de Chile. Ediciones Kultrun, 2011. Valdivia.
Rodrigo Moulian
Javier Romero Ocampo[1]
El libro de Rodrigo Moulian Tesmer es sin duda un aporte que implica discutir algunas ideas comunes en nuestro país que señalan la ausencia de celebraciones y falta de un sentido carnavalesco de la vida. Esto implica hacer algunas salvedades, también comunes, como por ejemplo que el norte de nuestro país sería una excepción, ya que el sentido festivo se presenta en las expresiones celebrativas de los bailes religiosos. Estas afirmaciones comunes son puestas en tela de juicio a partir de la lectura del libro de Moulian, ya que se nos muestra la riqueza de expresiones festivas en el sur de Chile, específicamente en el territorio del pueblo mapuche-williche (“gente del sur”) desde la Provincia de Valdivia hasta el sur de la isla de Chiloé.
El libro muestra, con el texto y la abundante fotografía, la diversidad festiva, la conexión entre las comunidades y sus fiestas patronales, las implicancias en la vida cotidiana de una manera simple y profunda, dejando al lector la posibilidad de involucrarse con las imágenes captadas por las fotografías, haciendo partícipes a los eventuales lectores de un viaje de infinitas emociones y sentidos. El excelente registro fotográfico, acompañado de relatos textuales de una riqueza descriptiva de carácter etnográfico, dan la posibilidad a los lectores de viajar por el territorio williche reconociendo a sus actores principales y protagonistas: las comunidades celebrantes.
La fotografía se convierte en “… una herramienta del análisis social. Se dispara (la cámara) para congelar un instante o momento decisivo que permite luego ser visto, revisto, interpretado”[2], por ello la posibilidad que otorga el texto de Moulian es que el lector reconstruya la propia mirada de las diversas fiestas documentadas, abriendo la polifonía interpretativa a las hermenéuticas personales, y como el texto señala la “… capacidad de acoger la multivocidad y abrirse a diversos usos e interpretaciones de sentido” (p. 5) acogiendo lo que el autor nos propone desde el concepto de heteroglosia permitiendo diversas lecturas y aperturas de sentido.
El texto trae a la memoria los esfuerzos primarios de la antropología y la sociología de la religión por ocuparse de documentar e interpretar las diversas expresiones religiosas, describiendo en detalle lo observado y dar cuenta de la importancia de lo festivo en la vida de las comunidades. El tiempo festivo, aparece en el relato de Moulian, con las mismas formas de temporalidad diferenciada descritas en textos clásicos de la sociología de lo religioso, es así que es posible afirmar que hay una división del tiempo que establece fronteras entre el tiempo de la fiesta y el de la vida profana, “… No hay religión ni, en consecuencia, sociedad que no haya conocido y practicado esta división del tiempo en dos partes opuestas que alternan una con la otra según una ley variable con los pueblos y las civilizaciones”[3].
La fiesta como elemento ordenador establece un ciclo de regularidad de la vida social, lo festivo aparece ligado a lo religioso en un amasijo complejo de convivencia, con un alcance en la vida social de gran amplitud, el mismo Durkheim señala que “… la idea misma de una ceremonia religiosa de cierta importancia despierta naturalmente la idea de fiesta. Inversamente, toda fiesta, aun cuando sea puramente laica por sus orígenes, tienen ciertos caracteres de la ceremonia religiosa, pues, en todos los casos, tiene por efecto acercar a los individuos, poner en movimiento a las masas y suscitar así un estado de efervescencia, a veces hasta de delirio, que no carece de parentesco con el estado religioso. El hombre es transportado fuera de sí, distraído de sus ocupaciones y de sus preocupaciones ordinarias. Por eso se observan en todas partes las mismas manifestaciones: gritos, cantos, música, movimientos violentos, danzas, búsqueda de excitantes que levanten el nivel vital, etc. Se ha notado a menudo que las fiestas populares arrastran al exceso, hacen perder de vista el límite que separa lo lícito y de lo ilícito.”[4]
Los sagrado y lo profano tienen expresión en temporalidades que no son lineales, los intervalos están claramente establecidos, la fiesta como demarcatorio temporal se hace presente en la comunidad, pero la fiesta religiosa implica una forma de volver al origen de dicha comunidad, Eliade señala que “… toda fiesta religiosa, todo Tiempo litúrgico, consiste en la reactualización de un acontecimiento sagrado que tuvo lugar en un pasado mítico, «al comienzo». Participar religiosamente en una fiesta implica el salir de la duración temporal «ordinaria» para reintegrar el Tiempo mítico reactualizado por la fiesta misma.”[5] Este tiempo del origen es una búsqueda individual y colectiva que de manera ritual se expresan en las diversas fiestas que el texto nos hace revivir, en dichas fiestas hay una búsqueda de conexión con la experiencia religiosa que remite necesariamente a la restauración de un origen común, donde lo sagrado actualiza en el presente dicho relato que es colectivo en tanto la fiesta proporciona el espacio y las claves para que se difunda y se renueve.
La fiesta religiosa es transmisión de cultura, es la colectivización de una forma de aprendizaje mutuo de la historia, de la identidad popular, de las jerarquías y el orden social y natural, en buenas cuentas la fiesta religiosa como espacio comunicativo son “… son espacios en los que se intensifica y amplía la comunicación social, se activan encuentros, contactos, se potencian las interacciones sociales en general, tanto las de naturaleza programada como las de índole azarosa.
Las fiestas religiosas son manifestaciones culturales que transforman el sentido y la decoración de los espacios públicos. Plazas y calles se llenan de bullicio popular que carga simbólicamente sus espacios otorgándoles características que desaparecerán con el final de la fiesta. Durante las celebraciones, la decoración de las calles y plazas incorpora oficios y saberes diferenciados y objetivados en artesanías y otros productos, además de señales alegóricas que informan sobre los contenidos atribuidos a las festividades.”[6] Se entremezclan los sujetos, sus culturas, se vivifica y dinamiza el intercambio que renueva el relato común y se incorporan nuevos elementos que actualizan el sentido de la fiesta, por ello no es de extrañar la larga persistencia de las celebraciones que muestra el texto de Moulian. La antigua data de dichas celebraciones permite conexión con formas de vida que han ido quedando atrás en el relato histórico, pero que a nivel local son parte de las coordenadas que ayudan a reconocerse como una comunidad, una historia en común, una forma de vida en claves reconocibles por los individuos, que en la fiesta comparten dichos elementos comunes.
El libro “Gozos de Santo…” ofrece una variada gama de ejemplos de fiestas religiosas que, en su persistencia en la renovación de los espacios sagrados, muestran además las infinitas formas sincréticas de un territorio habitado por entidades culturales diversas, que en la fiesta también expresan sus formas de celebración. Esta religiosidad popular del sur de nuestro país es también una particular forma de conocer el mundo rural que aparece lejano y desconocido al conjunto de la población, pero que en las historias personales y colectivas es reconocible en las historias familiares que sin duda en algún momento se encuentran nuevamente con el mundo rural.
El texto además ofrece un recorrido, que perfectamente puede ser un recorrido turístico, por la memoria y por la geografía de los pueblos del sur, y aunque no se acompaña un necesario mapa de dicho viaje, es posible recorrer con el autor los diversos pueblos y sus fiestas casi como una suerte de peregrinación virtual, donde vemos rostros, imaginamos sonidos, comidas, músicas y bailes con los que la comunidad revive su origen, sus creencias y sus lealtades.
El libro no es solo recomendable por su innegable calidad investigativa y académica, sino que lo es más aún porque es un esfuerzo de levantar una visión desde la lejana provincia sobre sí misma, en medio de la excesiva centralización de la gestión del conocimiento. Es un llamado a recuperar, rescatar y preservar el patrimonio local desde la atenta mirada de las ciencias sociales, en especial desde quienes se ocupan del amplio campo de las transformaciones religiosas.
[1] Profesor de Historia y Geografía, Sociólogo y Psicólogo, Doctor © en Estudios Americanos. Investigador en el Centro de Investigaciones Socioculturales (CISOC) de la Universidad Alberto Hurtado. Profesor en el Departamento de Sociología de la Universidad Católica Silva Henríquez
Correos electrónicos: jaromero@uahurtado.cl jromeroo@ucsh.cl
[2] De Miguel, Jesús; Ponce de León, Omar: “Para una sociología de la fotografía”, en Revista Reis n° 84, oct-dic, 1994. Pág. 84.
[3] Durkheim, Emile. “Las formas elementales de la vida religiosa”. Colofón, S. A., México, págs. p 441-442.
[4] Ibídem, págs. 548-549.
[5] Eliade, Mircea: “Lo sagrado y lo profano”, Guadarrama/Punto omega, 4ta. Edición, 1981, pág. 43.
[6] Salles, Vania: “Ideas para estudiar las fiestas religiosas: una experiencia en Xochimilco”, En Revista Alteridades, Vol. 5, Núm. 9, 1995, pp. 25-40. Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, México. Pág. 31.