Revista Cultura y Religión, Vol. V, Nº 2 (Diciembre del 2011) 193-196


Construyendo la vida a partir de la muerte

Felipe Vázquez Palacios (compilador),

Gobierno del Estado de Veracruz,

Editora del Gobierno del Estado, 2009




La preocupación por buscar respuestas respecto de la muerte y el morir es tan antigua como el hombre mismo, y sobre el particular hay múltiples ideas que pretenden explicar el Inframundo, de las prácticas funerarias que cada sociedad desarrolla, y muy en especial, del comportamiento observado en la vida terrena, de ahí el título de la obra, como advirtiendo: “dime cómo vives y te diré qué Inframundo te espera”.


La conseja popular dicen que es sabia, y ante un problema de grandes magnitudes suele decirse: “Si tu problema tiene solución para qué te preocupas y, si no la tiene, para qué te preocupas”. Esta máxima podría aplicarse a cuestiones de carácter doméstico, pero ante situaciones que involucren ámbitos espirituales, la perspectiva cambia, entonces, se aplica otra conseja que reza: “No le digas a Dios cuán grande es tu problema; dile a tu problema, cuán grande es tu Dios”, y bajo esta perspectiva se desarrolla el libro Construyendo la vida a partir de la muerte. Entonces toma sentido estudiar un problema que no tiene solución terrena, y el sujeto construye y reconfigura una serie de imaginarios de la vida después de la muerte. La preocupación, entonces, se centra en buscar respuestas que den cuenta de la etapa post mortem, es decir, de la suerte que correrá el difunto de acuerdo a una amplia evaluación celestial de su comportamiento en la vida terrena, según adscripción religiosa. O lo expresado por una de las co-autoras, Emma Leticia, quien dice respecto a la preocupación del trabajo, estudiar el imaginario: “Las ideas religiosas sobre la vida después de la muerte y la vida eterna” (p. 259).


El tema de la muerte, entonces, se inscribe en los ritos de paso, específicamente en los ritos funerarios, aquella que estudia las costumbres mortuorias, y la concepción de la vida eterna en el Inframundo. Otro tanto sucede en el ramo de la tanatología, que se encarga del estudio integral e interdisciplinario de la muerte. Celebro, en consecuencia, que los autores hayan estudiado la perspectiva de la muerte como una preocupación espiritual desde varias adscripciones religiosas que van desde la católica y agrupaciones no católicas denominadas evangélicas (pentecostal, neopentecostal, testigos de Jehová, Iglesia de México o israelita, Asamblea de Dios, presbiteriana, metodista, bautista y amistad cristiana). Todas ellas en el ámbito veracruzano. El trabajo, además, tiene otra particularidad, que trabajaron con población adulta mayor (60 y más años de edad), y esta perspectiva le da una característica muy particular, pues se aduce que las personas mayores son o muestran mayor práctica religiosa que otro grupo poblacional, justamente porque experimentan cercanía o probabilidad de morir. Veamos pues, a grandes rasgos el contenido de los trabajos, y los invito a leer la obra con la finalidad de que abunden en cada uno de ellos.


El libro está dividido en seis capítulos:





  1. La muerte edificante y la vida sagrada;

(Muerte hermosa, esperada y algunas veces deseada)


  1. La muerte del libertino y la vida pecadora;

(Muerte fea, triste y temida por el inminente destino del alma)


  1. La muerte del arrepentido y la vida restaurada, y

(Muerte común por vivir en pecado; es necesario rendir cuentas a Dios y pedir perdón)


  1. La muerte negada o anónima y la vida insegura.

(Convicción cristiana poco profunda; incertidumbre en principios, normas y preceptos bíblicos).










Hasta aquí los trabajos reseñados de manera muy general. Es preciso leer cada uno de ellos a profundidad para entender, bien a bien, la concepción particular según filiación religiosa. En general todos coinciden, se concibe un mundo donde aquellos que observaron una conducta ejemplar en la vida terrena, es decir los buenos, tengan premio a sus acciones en el Cielo; en cambio, los malos, aquellos de conducta perversa y cruel en la vida terrenal, tendrán su justo castigo en el fuego eterno.


Los autores responsables de esta obra elaboraron marcos teóricos que les permitieran entender el problema complejo que involucra el estudio de la muerte, pero olvidaron u obviaron muchas cosas que parecen triviales, y de los cuales quiero plantear a los autores a manera de pregunta o reflexión.


Me refiero al rito de paso, específicamente al rito funerario en la etapa de crisis, de duelo profundo: El llanto, como la máxima expresión del dolor por la pérdida irreparable del ser amado, por el síndrome que experimentan de separación física y el vacío emocional que este provoca, y de la suerte que le depara no sólo a los dolientes, sino en especial al difunto en el mundo de los muertos, en el más allá.


Está ausente la catarsis emocional que la muerte provoca, esa actitud que libera pasiones a través del lamento, del dolor, de la tragedia, de la aceptación, de la resignación, del arrepentimiento, del temor, de la angustia, de la soledad, de la separación, del castigo y muchos otras actitudes que involucra el luto, como la muestra extrema de sentimientos de pena y duelo ante el fallecimiento de un ser querido.


En varias sociedades, incluidas las nuestras, existe el oficio antiguo de plañidera, un trabajo, hasta donde sé, atribuido al sector femenino. Es decir, plañidera es la mujer que recibe un pago sea en metálico o en especie, por ir a llorar a un funeral. Generalmente lo hace con lamentos, buscando con esta actitud contagiar a los presentes y hacer saber que la partida del difunto causa dolor profundo. La palabra viene de plañir (sollozar), y ésta del latín plangere. Se cree que a mayor llanto, las puertas del cielo se abrirán con mayor premura para el fallecido. Si la muerte es de un infante, la madre debería mostrar alegría, pues el reino de los cielos está garantizado para los niños; el llanto es reprimido.


¿Qué relación e importancia de damos al llanto –o la ausencia de él- en los ritos funerarios?, ¿podríamos acaso establecer el vínculo de a mayor llanto, mayor pena, o tal vez, a menor manifestación de llanto menor dolor? Los ritos funerarios son muy heterogéneos, pues el ritual depende mucho del sujeto motivo de la ceremonia, de la edad y sexo del difunto, de la causa de muerte, del parentesco, de la religión, de la posición económica, del vínculo emocional y afectivo, de la cultura, y muchísimos otros elementos más a considerar. Cualquiera que sea el caso, el llanto esté presente o ausente, tiene muchas formas de explicitarse. Así, por ejemplo, existe el llanto contenido, el lamento, el sollozo, el llanto melancólico, el llanto de ira, el llanto de nervioso, el llanto falso, el llanto colectivo, el llanto catártico, el llanto en silencio, etc.


El llanto, pues, es parte fundamental para comprender la muerte, no sólo para el que parte, sino también para el doliente. El llanto está presente antes, durante y después de la muerte. Incluso el llanto contenido es una manifestación de dolor callado, de soledad, de tristeza, de resignación, o es también una represión social cuando al hombre se le enseña a no llorar, a no mostrar sus sentimientos de “debilidad”.


El llanto catártico, a decir de expertos, se compone de tres momentos esenciales en el rito fúnebre: el anuncio de muerte, el levantamiento del cuerpo durante el funeral y el entierro. Por otro lado, y para hacer más complejo el problema, el llanto no necesariamente acompaña a los ritos fúnebres. Existen actos fúnebres “alegres”, es decir, festividades donde priva la alegría, se cuentan chistes, se baila, se toma, se come, se escucha música. Un estudio a mayor profundidad podría dar cuenta de estas disparidades y comportamientos ante la muerte y el morir.


Laureano Reyes Gómez

Instituto de Estudios Indígenas

Universidad Autónoma de Chiapas

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