Revista Cultura y Religión, Vol. V, Nº 2 (Diciembre del 2011) 200-202
Laura Graciela Rodríguez,
Católicos, nacionalistas y políticas educativas en la última dictadura (1976-1983)
Prohistoria Ediciones, Rosario, 2011 (128p.)
Zapata Mariángeles (Maestranda en Historia y Memoria, UNLP)
En los últimos tiempos, dentro de los estudios inscriptos en el campo de la Historia Reciente los trabajos concernientes a la última dictadura en Argentina (1976-1983) se han acrecentado tanto en términos cuantitativos como cualitativos. Gran parte de los mismos aborda el período desde una perspectiva analítica centrada en la relación Estado-sociedad civil lo cual permite percibir tanto las formas de represión, control y articulación de intereses como la existencia de espacios de oposición, tensión y resistencia que generaron y caracterizaron a diversos actores sociales, en el marco del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”.
En relación con estos enfoques, el libro Católicos, nacionalistas y políticas educativas en la última dictadura militar (1976-1983) privilegia el análisis sobre la participación de los civiles en el gobierno del Proceso en general, y en el Ministerio de Cultura y Educación, en particular.
Partiendo del supuesto de que la política educativa de la dictadura distó de ser un todo coherente y homogéneo, a excepción del plan represivo perpetuado contra los actores educativos, la autora logra dar cuenta, por un lado, de la multiplicidad de proyectos, políticas e ideas que albergaron los sucesivos funcionarios ministeriales, no exentas de tensiones y reclamos entre sí; por otro lado, del contenido y la implementación concreta de las políticas educativas más relevantes en tres ámbitos del Ministerio: el nivel primario, secundario y el área de cultura.
Si bien los sucesivos funcionarios de educación del Proceso se autodefinían como católicos y sus biografías públicas mostraban la pertenencia a distintos grupos preconciliares o de derecha, el análisis de las trayectorias personales y profesionales y de las redes de sociabilidad de los funcionarios de primeras y segundas líneas de la cartera ministerial, permiten a la autora identificar y distinguir la conformación de dos sectores a los que denomina conservadores y nacionalistas respectivamente. La mayoría de los ministros y sus colaboradores más cercanos pertenecía a la fila de los católicos conservadores y sostenía vínculos fluidos con los nacionalistas, aunque esta relación no estaba exenta de conflictos. Una diferencia cualitativa entre ambos grupos estaba dada por el marcado y explícito antisemitismo de los segundos.
A partir de una serie de publicaciones católicas, específicamente de las revistas Consudec, Cabildo, Verbo, Mikael y Estrada, mediante las cuales se expresaban estos actores sociales, la autora ha podido reconstruir tanto el pensamiento y los proyectos educativos impulsados por los miembros de uno y otro grupo, como sus reclamos y las tensiones existentes al interior de los mismos y entre ellos.
Los resultados del análisis de la composición de los elencos ministeriales, sus vinculaciones con los sectores conservadores y/o nacionalistas, su relación con el poder ejecutivo y las características de las políticas educativas implementadas, fundamentan la distinción de dos grandes etapas en materia educativa, a lo largo de los siete años de dictadura. Una primer etapa, entre 1976 -1981, que se corresponde con los dos mandatos de Videla, y donde se ubican las gestiones de los ministros Guzzetti, Bruera, Catalán, Harguindeguy y Llerena Amadeo. Una segunda etapa, entre 1981-1983, coincidente con el período de agotamiento y ocaso del régimen, correspondiente a las presidencias de Viola, Galtieri y Bignone y a los ministros Burundarena y Licciardo.
Esta distinción se percibe nítidamente a lo largo del libro, compuesto por un total de cinco capítulos ordenados cronológicamente. Asimismo, se vislumbra un tratamiento más profundo y pormenorizado de la primera etapa mencionada, a la cual le están dedicados los primeros cuatro capítulos. En el primero de ellos la autora se detiene en el análisis de las dos primeras gestiones ministeriales del período dictatorial, la de Augusto Guzzetti y su sucesor, Ricardo Pedro Bruera. Una exhaustiva indagación en la trayectoria personal y profesional de ambos le permite trazar las vinculaciones de estos funcionarios con la Iglesia, y específicamente con el grupo de católicos conservadores relacionados con el CONSUDEC. La explicitación de estas redes sociales es un mojón necesario para poder comprender el carácter y el alcance de las políticas educativas implementadas por Bruera.
El segundo capítulo se abre con el análisis y la historización de las tensiones existentes al interior de las Fuerzas Armadas en lo que respecta al campo educativo, tensiones que derivaron en la renuncia del ministro Bruera y su reemplazo por Juan José Catalán. El resto del capítulo da cuenta de las políticas implementadas por este nuevo ministro, las cuales ratificaron y consolidaron las bases ideológicas de la política educativa y legitimaron la represión tanto en el campo estudiantil y docente como en el gremialismo docente.
El tercer y cuarto capítulo se centran en el estudio de la gestión ministerial del sucesor de Catalán, Juan Rafael Llerena Amadeo otra figura proveniente, al igual que Bruera, del grupo de los católicos conservadores, y quien mejor encarnó las expectativas del sector privado y católico de la educación. Llerena Amadeo guardó a su vez importantes vínculos con el sector nacionalista, lo cual se tradujo en la implementación de reformas curriculares y políticas educativas tendientes a dotar al sistema educativo de un carácter elitista y nacionalista. La incidencia de los funcionarios nacionalistas en la cartera ministerial y su intento de imponer un programa católico, así como las intervenciones que realizaron en distintas publicaciones católicas, referidas a la enseñanza de determinadas asignaturas, son profundizados en el capítulo cuatro.
El quinto y último capítulo aborda la conformación de los elencos ministeriales durante el ocaso del “Proceso”, correspondiente al período 1981 – 1983. Vemos aquí el análisis de las gestiones de los dos últimos ministros: Carlos Burundarena y Cayetano Licciardo. Sus intentos de “descentralización” del sistema educativo – tendientes a transferir a las jurisdicciones el control y mantenimiento de las escuelas nacionales – y de arancelamiento de la educación pública, así como el proyecto de éste último ministro de reducir los ciclos educativos, creando un “ciclo intermedio” de enseñanza entre la escuela primaria y los dos primeros de la secundaria, son explorados a lo largo de este apartado. Otra de las cuestiones aquí presentes es la consideración de la guerra de Malvinas como un punto de inflexión en el campo de las políticas educativas; por un lado, durante la contienda, se puede observar una breve recomposición de la actividad ministerial, por el otro, el fracaso bélico generó el aumento de distintas voces que criticaban abiertamente los resultados de la política educativa del gobierno, entre ellas la de los católicos que habían apoyado a Videla y recriminaban a los ministros no haber concretado eficazmente un modelo educativo que diera mayor protagonismo a las demandas de la Iglesia.
Por lo expuesto hasta aquí podemos considerar a este libro como un aporte insoslayable que complejiza los estudios sobre la última dictadura militar y la participación de los civiles en ella. Contrariamente a la mirada monolítica y unívoca propia del imaginario común, que dota a la dictadura de un poder indiscutido y verticalista, ejercido de arriba hacia abajo de manera eficaz y sin atender a ningún reclamo, la autora muestra fehacientemente que la realidad fue mucho más compleja y que no siempre los discursos transformadores de las elites estatales pudieron ser llevados efectivamente a la práctica. Ejemplo de ello es que aún cuando ciertos ministros de educación sostuvieron una relación estratégica con los militares y con la Iglesia y vieron concretados algunos de sus objetivos, varias medidas claves, reiteradamente anunciadas y destinadas a generar un cambio estructural en la política educativa, nunca llegaron a concretarse.